Vida y obras de Santa Margarita Mª de Alacoque(LV)

LVII

Las diferentes vidas de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento

Vida de gloria.—Vida oculta.—Vida sacrificada.—Vida de gracia.—Vida humillada.— Vida de acción.—Vida de consumación.—Vida de amor.—Cómo honrar e imitar estas diferentes vidas.

¡Viva Jesús!

El Señor os destina a honrar su vida de gloria en el Santísimo Sacramento. Por eso quiere que hagáis vuestro trono en la Cruz, para glorificarle, llevando amorosamente todas aquellas que os presente, sin cansaros ni quejaros jamás de su duración o peso, tomándolas indiferentemente, sin elección. Y como una víctima, entregaos para ser degollada por la gloria de vuestro Rey. Es decir, que tenéis que hacer morir todas vuestras vivezas, resentimientos y repugnancias, si queréis que os haga triunfar en su Sagrado Corazón durante la eternidad.

Le presentaréis cinco prácticas cuando le visitéis en el Santísimo Sacramento. Guardaréis media hora de silencio para honrar el de Jesucristo en la cruz.

Puesto que el Señor os ha escogido para honrar su vida oculta en el Santísimo Sacramento, debéis, como una muerta, enterraros tan adentro de su Sagrado Corazón, que no deseéis ya más ser vista, sino de Él solo. Y vuestro mayor cuidado debe consistir en ocultar en ese Sagrado Corazón todo el bien que hagáis, a fin de que no os lo hurten. Tratad de vivir desconocida.

Cuando vayáis delante del Santísimo Sacramento, tened cuidado de presentarle cada vez cinco prácticas de anonadamiento de todo lo que pueda atraeros la vana estima de las criaturas, diciendo: Quotidie morior: Muero todos los días (1Cor 15, 31). Guardaréis media hora de silencio para honrar el de Jesús ante Pilato.

El Señor os escoge para honrar su vida sacrificada en el Santísimo Sacramento. Por eso os debéis ofrecer a su Sagrado Corazón como hostia de inmolación a su divino sacrificador, que no tiene más deseo que sacrificarse a todos sus designios, por rigurosos que parezcan a la naturaleza. Y quiere que sacrifiquéis todo el placer que encontráis en amar y ser amada, aprobada y estimada de las criaturas, desterrándolas de vuestro corazón, si queréis hacer reinar el de Jesucristo. No podéis penetrar en Él sino por el completo despojo de todo aquello a que tenéis afición fuera de Él.

Le ofreceréis cinco prácticas cuantas veces vayáis delante del Santísimo Sacramento. Guardaréis media hora de silencio para honrar el de Jesucristo ante Herodes.

El Señor os llama para honrar su vida de gracia. Hay que huir de todo lo que os la pudiera hacer perder, ofreciéndoos a Él como una esclava ante su libertador,

no conservando más libertad que la de amarle, por el desprecio de todo lo demás. Y si queréis que Él os ame, mortificad vuestra lengua y tenedla bien sujeta a fin de que no se deslice contra la caridad o humildad, sea escuchándoos o alabándoos.

Tendréis cuidado de ofrecer cinco prácticas cada vez que vayáis delante del Santísimo Sacramento. Guardaréis media hora de silencio para honrar el de Jesucristo en el portal de Belén.

El Señor os ha escogido para honrar su vida humillada en el Santísimo Sacramento.

Por eso debéis ofreceros a Él como la nada ante su todo. Debéis poner toda vuestra atención en humillaros y tener gusto en que las demás os ayuden a hacerlo. No dejéis de hacer nada de lo que os haga parecer más vil y abyecta ante las criaturas; pues es lo que os debe unir al Corazón de Jesucristo.

Le presentaréis cinco prácticas de humildad siempre que vayáis delante del Santísimo Sacramento. Guardaréis media hora de silencio para honrar el de Jesucristo en medio de las injurias que le hicieron en su Pasión.

El Señor os ha escogido para honrar su vida de acción en el Santísimo Sacramento. Por eso debéis, en calidad de sierva fiel, haceros violencia para trabajar con fervor en el servicio de vuestro Maestro. Él recompensará vuestras acciones, a medida de vuestro amor, por el cual os unirá a su amable Corazón. Cuidaréis de hacer cada acción según el espíritu de la Regla, como si fuera la última de vuestra vida, para reparar las faltas que hayáis cometido en las demás acciones.

Trataréis de adquirir el silencio interior y exterior, cuanto os fuere posible, entre las ocupaciones de la vida, diciendo con frecuencia: Iesus autem tacebat: Pero Jesús callaba (Mt 26, 63). Guardaréis media hora de silencio para honrar el de Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos.

Puesto que el Señor desea que honréis su vida de consumación en el Santísimo Sacramento, debéis estar como un cirio encendido que no tiene otro deseo que consumirse en su honor, a fin de que su grandeza os eleve al abajaros. Os abandonaréis a merced de la Providencia, dejándole hacer de vos, según sus deseos. Este abandono os hará romper con toda vana curiosidad de las acciones del prójimo, no desaprobando más que a vos misma. Cuidará de vos este Divino Corazón, a medida de vuestra confianza y abandono en su amor.

Guardaréis media hora de silencio para honrar el de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento.

Seréis la Sulamitis, la esposa amada que honraréis la vida de amor de Jesucristo en el Santísimo Sacramento. Por eso debéis poner toda vuestra atención en ser muy pura e inocente para agradar a ese divino esposo, no teniendo otro fin ni blanco en todo lo que hagáis, dándoos a Él toda sin reserva. Si queréis que Él se dé a vos y si deseáis gustar la dulzura de sus amorosos coloquios, tenéis que desechar toda reflexión de amor propio y todo respeto humano.

Y cuantas veces visitáis el Santísimo Sacramento, le ofreceréis cinco prácticas. Guardaréis media hora de silencio para honrar el de Nuestro Señor en el desierto.

[Haréis treinta y tres comuniones espirituales y una sacramental para desagraviar al Sagrado Corazón de Jesucristo y pedirle perdón por todas las malas comuniones que se hacen y que hemos hecho nosotras y los malos cristianos. Y para pedirle perdón de lo superfluo que damos a la naturaleza y conseguir la perfecta mortificación, os privaréis cuanto os lo permita, la Regla, de todos los placeres de los sentidos. Guardaréis media hora de absoluto silencio después de Prima, para honrar el de Jesús en el Santísimo Sacramento. En penitencia, cinco Pater y Ave María, con los brazos en cruz, como el crucifijo, y sobre la punta de los pies.]

LVIII

Desafío del año 1686

Pureza de corazón para conformarse con el Sagrado Corazón de Jesús. Tres prácticas para escribir en Él nuestros nombres.

¡Viva Jesús!

He aquí, amadísimas Hermanas mías en el Sagrado Corazón de Jesús, unas palabritas que me obliga a deciros de su parte, porque os ama y quiere que empecéis de una vez a corresponderle.

Esto lo haréis por la pureza de corazón y de intención, que os convertirá en objeto de sus amorosas complacencias, y por la humildad, que le hará reinar en nuestros corazones y nos mantendrá en su amistad. Por la caridad, reinaréis vos en este Corazón adorable. Pues, hijas mías, no debemos hacernos ilusiones; nuestros nombres no están aún más que esbozados y los hemos emborronado con la impureza de nuestras intenciones. Quiere, pues, que trabajemos de firme este año en blanquearlos por medio de estas tres prácticas, que os da Él mismo, por su ruin esclava:

La primera es la pureza de intención.

La segunda, la humildad de corazón en todas las obras.

La tercera, la unidad, sin mezcla de propio interés, en vuestras pretensiones.

No quiere que os precise el número de prácticas. Lo deja a la vehemencia de vuestro amor, pues por ahí quiere conocer cuál será la que más le ame.

He aquí el desafío que Él os da para 1686.

Os confieso que es preciso que os ame tanto como lo hago, para resolverme a deciros lo que digo de Él.

LIX

Desafío para la octava de difuntos

Prácticas piadosas, punto por punto, para todo el día.—«Por la noche daréis una vueltecita por el Purgatorio».—Si lograrais poner en libertad algunas de esas pobres prisioneras…

¡Viva Jesús!

He aquí, amadísimas Hermanas, la manera que me parece más conforme al deseo del Sagrado Corazón de Jesús, para que cumpláis más fielmente la promesa que le habéis hecho, en favor de las benditas almas pacientes del Purgatorio.

Primeramente, os introduciréis en el Sagrado Corazón como de ordinario, consagrándoos del todo a Él, y cuanto digáis y penséis.

Desde prima hasta el Oficio, cinco prácticas de pureza de intención con cinco actos de adoración, unida ésta a la que Él rinde a su Padre en el Santísimo Sacramento del altar. Las ofreceréis a Dios para satisfacer a su justicia, pagándole con la pureza del Sagrado Corazón la falta de pureza de intención de esas pobres almas, causa de sus actuales penas.

Desde la Misa hasta la recreación, cinco prácticas de silencio interior, que os unirá al de Jesús en el Santísimo Sacramento, ofreciéndole todos los santos sacrificios que se celebran en la Santa Iglesia, rogando a vuestros ángeles custodios que los oigan y ofrezcan a Dios para aplacar su justicia. Le adoraréis cinco veces en los corazones que han tenido la dicha de recibirla.

Durante la comida, cinco prácticas de mortificación y cinco comuniones espirituales, que uniréis como las otras.

En la recreación, cinco prácticas de caridad y cinco actos de amor de Dios, que uniréis a la ardiente caridad del Sagrado Corazón, para pagar las faltas cometidas en este lugar por esas pobres almas pacientes.

Seréis exactas en guardar el silencio hasta Vísperas. Haréis cinco prácticas, que uniréis y ofreceréis como las precedentes, con nueve actos de amor.

Desde Vísperas hasta la recreación de la tarde, haréis cinco actos de modestia y de atención a la presencia de Dios, que ofreceréis como los anteriores.

En la recreación, cinco de dulzura y condescendencia por las mismas intenciones.

Pero como el orgullo es la mayor deuda, haréis tantos actos de humildad como podáis y los uniréis a los de este Divino Corazón, para satisfacer por esas pobres afligidas, que son muy aliviadas con las comuniones espirituales, para reparar el mal uso que han hecho de las sacramentales.

Por la noche daréis una vueltecita por el Purgatorio en compañía del Sagrado Corazón, consagrándole todo lo que hayáis hecho, y rogándole que aplique su mérito a esas santas almas pacientes. Y a éstas rogaréis al mismo tiempo que empleen su poder para conseguirnos la gracia de vivir y morir en el amor y fidelidad al Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, correspondiendo a sus deseos sobre nosotros, sin resistencia.

Os cargo quizás con demasiadas prácticas. Pero no os atormentéis: cuando no podáis hacerlas de un modo, hacedlas de otro. Y si lográis poner en libertad alguna de esas pobres prisioneras, sería gran dicha para vosotras tener una abogada en el cielo que patrocinará vuestra salvación.

Tenemos que ser muy fieles en rezar la coronilla de la Santísima Virgen todos los días, pues no podríamos hacer un acto más agradable a Dios, que honrar a su Santísima Madre.

LX

Desafío para la Cuaresma

Encerraos en el Sagrado Corazón y buscad en Él nueva vida.—Cómo haréis que muera vuestra lengua, vuestro gusto y vuestros oídos.—Prácticas para honrar los cuarenta días que pasó el Salvador en el desierto.

¡Viva Jesús!

He aquí, mis queridas Hermanas, un desafío que, a mi entender, os es necesario para vivir conforme a nuestras santas observancias y haceros dignas de recibir abundantes gracias del Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo.

Daréis a conocer el amor que le tenéis, si sois fieles, como se dice en la Constitución, en no serviros de vuestros oídos, de vuestra lengua, de vuestros ojos, ni de vuestro corazón más que para su amor y servicio. Para eso es preciso que os encerréis en el Sagrado Corazón, buscando allí nueva vida de espíritu y de amor, por medio de una completa mortificación de los sentidos, haciendo morir la curiosidad de los vuestros, llevando la vista recogida y mirando al Señor en vuestro corazón.

Haréis morir vuestra lengua, no diciendo nada inútil en tiempo de silencio; y en las conversaciones, nunca palabras de queja y murmuración o desestima del prójimo; no diciéndolas tampoco en alabanza vuestra, ni para excusaros de vuestros defectos.

Nada de réplicas a la obediencia; no demostréis vuestras repugnancias, inclinaciones o aversiones; no habléis de vosotras mismas, sino con desprecio y siempre con estima de las demás. Haréis quince prácticas sobre todo esto; y cuando hayáis faltado cinco veces deliberadamente [diréis un Miserere con los brazos extendidos] os pondréis la mordaza.

En el refectorio haréis morir vuestro gusto, comiendo con indiferencia lo que se os presente, sin escoger nada. Cinco prácticas.

Haréis morir la curiosidad de vuestros oídos, privándolos de oír lo que pudiera causaros distracciones; y haréis de esto cinco actos. Y cada vez que hagáis alguno de estos actos, diréis: ¡Oh Sagrado Corazón, muero a ese placer, para no vivir más que de vuestro amor!

He aquí lo que creo pide de vosotras; que muráis a vosotras mismas en este santo tiempo de cuaresma, para resucitar con Él.

Estas veinticinco prácticas, con las quince del otro desafío, serán para honrar los cuarenta días que permaneció en el desierto. Las que sean en esto más fieles, serán las más amadas y acariciadas de Él y obtendrán mayor don de oración. Éste no se puede adquirir más que por medio de la verdadera mortificación, la cual os deseo con todo mi corazón.

LXI

Modo de consagrar cada una de sus acciones, para rendir homenaje al Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento

Lo que debo hacer al levantarme, en la oración, en el oficio divino, en el refectorio, en la recreación, al ir a descansar.—Cómo he de recibirle sacramentalmente.—Cómo he de imitar las virtudes y sentimientos del Corazón de Jesús Sacramentado.

¡Viva Jesús!

¡Viva Jesús en el corazón de sus fieles amantes, que desean consagrar sus acciones y rendir homenaje a su S agrado Corazón en el Santísimo Sacramento!

Primero, por la mañana, después de habernos puesto bajo la protección de la Santísima Virgen, le pediremos que nos ofrezca a Jesucristo en el Santísimo Sacramento, para rendir homenaje a la ofrenda que hace de Sí mismo al Eterno Padre. Unamos nuestras almas a la suya, a fin de que las preserve de pecado; nuestros corazones a su Corazón, a fin de que consuma en ellos todo lo que le desagrada. Hay que unir así todo lo que somos a lo que Él es y rogarle que supla lo que nos falta.

Uniremos nuestra oración a la que Jesús hace en el Santísimo Sacramento por nosotros; y al final ofreceremos a Dios la de su divino Hijo, para reparar las faltas y pérdidas de tiempo de la que acabamos de hacer.

En el Oficio uniremos nuestras alabanzas a las de Jesús y trataremos de entrar en sus intenciones y su eficaz pureza, a fin de que sea en todas las cosas nuestro suplemento ante su divino Padre.

Viendo cómo se hace obediente a los sacerdotes, buenos o malos, y se pone en sus manos, para allí morir místicamente, tomando la condición de hostia, para dejarse inmolar y sacrificar según sus designios, sin que manifieste repugnancia, para conformarme con Él, seré pronta a la obediencia. Como una hostia inmolada me pondré en las manos de mis superiores, como quiera que sean; a fin de que muriendo a todas mis voluntades, inclinaciones, pasiones o aversiones, puedan disponer de mí a su antojo, sin que yo dé a conocer la repugnancia que pueda sentir.

Y la violencia que para ello me haga, será para honrar la que Jesús se hace para entrar en las almas manchadas con el pecado, que le causan tanto horror, que cada vez que en ellas entra, renueva aquella mortal agonía del Huerto de los Olivos.

Su vida toda está oculta a los ojos de las criaturas, que no ven más que las pobres y viles especies de pan y vino. Del mismo modo trataré de vivir tan oculta, que no tendré mayor alegría que ver que no aparece en mí más que lo más pobre y abyecto, para mantenerme siempre oculta bajo las cenizas de la humildad, y reparar los desdenes y desprecios, injurias, sacrilegios, profanaciones y demás cosas indignas que recibe en esta vida oculta, sin quejarse jamás.

En vista de esto, yo no me quejaré, ni excusaré, acordándome siempre de que todos tienen derecho de acusarme, humillarme y hacerme sufrir, puesto que el amor del Sagrado Corazón me obliga a sufrirlo todo sin quejarme ni decir basta. Jesús está siempre solitario en el Santísimo Sacramento, no conversando sino con Dios. Para conformarme con Él, trataré de estar en todas partes sola, no conversando interiormente más que con Jesús. Mi entendimiento no tendrá más curiosidad que conocerle, a fin de que mi espíritu esté siempre atento a adorarle y mi corazón sea todo fuego para amarle.

Allí está como en un estado de muerte, por lo que hace a la vida de los sentidos. Es preciso, pues, que yo tenga todo mi gusto en no tener ninguno, renunciando a todo lo que me lo pudiera proporcionar y tratando de mortificar todo aquello que pudiera darles algún contento.

Jesús se hace pobre en el Santísimo Sacramento, dándonos todo lo que tiene, sin reservarse nada, para poseer nuestros corazones y enriquecerlos de Sí mismo. Es preciso, pues, para imitarle y conquistar el suyo tan amable, que yo me deje y me desprecie a mí misma y esté muy satisfecha de que los demás lo hagan así conmigo.

Jesús guarda ahí un perpetuo silencio, el cual quiero yo imitar con el silencio interior y exterior, no hablando más que según me ordena mi Regla y la caridad.

Cuando vaya al refectorio, rogaré a mi Jesús que me guarde de mí misma y que ese alimento que voy a tomar por amor de Él, y por obediencia, sea para mí una comunión espiritual. Que por ella su pureza se incorpore en mis intenciones, su gracia en mi alma y su amor en mi corazón, a fin de que no pueda jamás dejar de amarle, distraerme ni separarme de Él.

Cuando vaya a la recreación, pondré especial cuidado en dársela al Sagrado Corazón de Nuestro Señor, hablando de Él y aceptando de buen grado las mortificaciones y humillaciones que se presenten, ofreciendo todas mis palabras a ese Verbo divino, a fin de que no permita que pronuncie ninguna que no sea para su gloria.

Cuando vaya a calentarme, le rogaré a Él, que es horno ardiente de puro amor en el Santísimo Sacramento, que inflame de tal manera nuestros corazones en su fuego divino, que, consumiéndolos, puedan hacerse todo amor, para amarle continuamente.

Cuando padezca sed, será para aliviar la que el adorable Corazón de Jesús tiene de ser conocido y amado en ese Sacramento de amor.

Para tomar mi descanso, lo uniré al que Jesús toma desde toda la eternidad en el seno de su Padre y al que tiene en el Santísimo Sacramento y en las almas puras. Le ofreceré todas mis aspiraciones, los latidos de mi corazón, los movimientos de mis pulmones, como otros tantos actos de amor, de adoración, de alabanza y de sacrificio de todo mi ser a Jesús en el Santísimo Sacramento, y le pediré que ese descanso sea para cobrar nuevas fuerzas para servirle.

Cuando tenga la dicha de recibirle sacramentalmente,, ofreceré a menudo al Eterno Padre las santas disposiciones del corazón de la Santísima Virgen en el momento de la Encarnación, las cuales uniré a las de su divino Hijo, para suplir por las que me faltan para recibirla dignamente.

Y cuando le haya recibido, se lo presentaré a su Eterno Padre como acción de gracias y para ofrecerle agradecimiento, alabanza, adoración y amor, rogándole que repare en aquel momento todas las faltas de mi vida pasada y lleve a cabo en mí todos sus designios y cumpla su voluntad en todo. Le pediré que, puesto que jamás ha quebrantado las leyes que su amor le ha prescrito en ese divino Sacramento, no permita que yo me descuide en la observancia de mis santas Reglas.

Por eso, ¡oh Sagrado Corazón de mi Jesús!, os escojo por mi morada, a fin de que seáis mi fuerza en las luchas, mi sostén en mis debilidades, mi luz y guía en mis tinieblas, y, en fin, el reparador de todas mis faltas, el santificador de todas mis intenciones y acciones. Todas las uno a las vuestras y os las ofrezco para que me sirvan de constante disposición para recibiros.

Cuando salgamos del Coro rogaremos a los santos Ángeles que reparen nuestras faltas y ocupen nuestro lugar, ofreciendo a Dios lo que vamos a hacer para su gloria y nuestra salvación.

LXII

Desafío sobre la mansedumbre y la humildad

Cómo deben practicar las novicias estas dos virtudes.—«Volved a empezar de nuevo a ser fieles».—Tres visitas interiores todos los días.

¡Viva Jesús!

El desafío de nuestras queridas Hermanas novicias será la mansedumbre y la humildad. Y para esto mirarán a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento del Altar, como a su Maestro que les dice: Aprended de Mí a ser dulces y humildes de corazón. De otro modo no podréis ser amadas ni reconocidas de mi Corazón Sagrado, que no os confesará por sus discípulas, mientras no os conforméis a Él por la práctica de estas santas máximas.

Dedicaos, pues, a una generosa humildad que no os desaliente a la vista de vuestros defectos e imperfecciones. Antes, al contrario, después de haberos humillado, sin reflexionar más, volved a empezar de nuevo a ser fieles; porque el Sagrado Corazón gusta de este modo de obrar, que mantiene el alma en paz.

Teneos por pequeñas y bajas a vuestros ojos y alegraos cuando os den pruebas de que tienen la misma idea de vosotras.

La virtud de la mansedumbre os hará condescendientes con el prójimo y hará que le excuséis, tolerando caritativamente y en silencio los disgustos que os pueda ocasionar. No discutiréis ni demostraréis repugnancias, disgustos y aversiones; pues la mansedumbre hace que se sufra todo sin quejarse.

No cometeréis ninguna falta deliberada y anotaréis todas las que cometáis de esta o de otra manera.

Haréis todos los días treinta y tres actos de estas dos virtudes, o de otras, si no encontrareis suficientes ocasiones de practicar las primeras.

Haréis todos los días tres visitas interiores:

La primera, al Sagrado Corazón de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, pidiéndole perdón de las injurias que recibe por las malas comuniones o por otros motivos; y para esto le ofreceréis los once primeros actos.

La segunda, a la Santísima Virgen, en el monte Calvario, para pedirle su protección, a fin de llevar bien la cruz y morir a nosotras mismas; y para esto le ofreceréis los doce actos que serán su corona.

La tercera, a nuestro Santo Fundador, con una breve revista de las faltas que hacéis en nuestras santas observancias, a fin de enmendaros. Y para obtener esta gracia, ofreceréis los actos restantes.

Si sois fieles en cumplir este desafío, yo rogaré al Sagrado Corazón que os dé muy grande recompensa con la abundancia de su amor; y, del mismo modo, que os haga sentir los efectos de vuestras infidelidades voluntarias.

LXIII

Diversos avisos a las novicias cuando entraban en Ejercicios (I)

Ejercitaos en la humildad, a imitación de Jesús Sacramentado.—Prácticas y divisa.

¡Viva Jesús!

Para prepararos a recibir la vida del puro amor, tenéis que morir a vos misma en el retiro interior y exteriormente. En lo interior, por la renuncia de todos los placeres sensuales y aun espirituales, haciendo morir los razonamientos de vuestro juicio y el apego de vuestra voluntad, que os hace sentir tanto lo que la contraría que en el acto se ve la repugnancia. Haréis morir el qué dirán, que comprende todos los respetos humanos y vanas complacencias. No demostraréis ni vuestra inclinación ni vuestra aversión tanto en la comida como en la bebida y en todo lo demás.

Tenéis que morir a todos esos prontos y movimientos demasiado apresurados, vaciando el corazón del amor de vos misma y de todo lo que no es de Dios, si queréis hacerlo capaz de recibir las gracias que le están destinadas. Haréis quince prácticas de esto; y cuando en eso faltéis, os impondréis una penitencia, llevando la cintura durante tres horas para pedir perdón a Nuestro Señor.

La divisa será: Dios es mi todo, y todo fuera de Él es nada para mí.

LXIV

Avisos para los Ejercicios (II)

Ejercitaos en la humildad, a imitación de Jesús Sacramentado.—Prácticas y divisa.

¡Viva Jesús!

Para preparar el retiro pondréis todo vuestro empeño en la humildad, para conformaros con Jesús solitario y anonadado en el Santísimo Sacramento, pensando en aquellas palabras: Dios se anonadó a Sí mismo. ¿No es cosa horrible que un gusano de la tierra quiera enorgullecerse dejando el verdadero carácter y la señal infalible de los hijos de Jesucristo para tomar la del demonio y hacer su oficio?

Os humillaréis, pues, de no haber sido humilde, aun cuando haya en vos tantos motivos para serlo. Os alegraréis de veros despreciada, abrazando todo lo que pueda haceros parecer vil y abyecta ante las criaturas, y anonadaros a vuestros propios ojos, a fin de que Dios establezca su reinado sobre vuestra nada.

Quince prácticas de humildad; y cuando hayáis faltado, besaréis quince veces el suelo, diciendo el versículo: Sacrificium Deo spiritus… Pensad a menudo que sólo el corazón humilde puede entrar en el Sagrado Corazón de Jesucristo, conversar con Él, amarle y ser amada de Él.

Vuestra divisa será: He aquí la hora de humillarme y de manifestar a Dios mi amor.

LXV

Avisos para los Ejercicios (III)

Ejercitaos en la obediencia interior y exterior para honrar la de Jesucristo en el Sagrario.—Prácticas y penitencias.

¡Viva Jesús!

Para prepararos al retiro pondréis todo vuestro empeño en la obediencia interior y exterior. En primer lugar, obedeceréis fielmente al movimiento de la gracia por medio de actos de virtudes, pensando en estas palabras: «Si oyereis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón», pues la gracia viene y no vuelve más.

Y en cuanto a la exterior, obedeceréis con prontitud y sencillez, sin replicar y amorosamente, a aquellos que tienen derecho a mandaros, pensando en estas palabras: «Yo no he venido a hacer mi voluntad, sino la de Aquél que me ha enviado».

Al primer toque de la campana, correréis a la voz del Esposo, diciendo: Jesús fue obediente hasta la muerte. Quiero, pues, obedecer hasta el último suspiro de mi vida. Y estas obediencias serán para honrar la de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

Quince prácticas. Y cuando hayáis faltado de propósito, tomaréis diecisiete golpes de disciplina, y cuando sea por negligencia, diréis seis De profundis.

Mas si sois fiel en hacer voluntad de Dios en el tiempo, la vuestra se cumplirá durante toda la eternidad.

LXVI

Avisos para los Ejercicios (IV)

Ejercitaos en el recogimiento interior y exterior, para honrar el de Jesús Sacramentado.—Prácticas y penitencias.

¡Viva Jesús!

Para prepararos al retiro tendréis por adelantado recogidos todos vuestros sentidos interiores y exteriores en el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, por medio del profundo silencio que les impondréis.

Silencio interior, cortando todos esos pensamientos inútiles y reflexiones del amor propio, para disponeros a oír la voz del Esposo.

Silencio exterior, acerca de todo aquello que puede ceder en alabanza o excusa vuestra, o servir para censurar y acusar a los demás. Silencio sobre esos pequeños arranques a que la naturaleza inmortificada os incita para manifestar vuestro contento en las ocasiones de alegría y vuestro descontento en las de tristeza. Omitid todas las palabras superfluas, fuera del tiempo permitido. Y este silencio será para honrar al de Jesús solitario en el Santísimo Sacramento.

Quince prácticas. Por este medio aprenderéis a amarle en silencio y a conversar con su Sagrado Corazón.

Y cuando hayáis faltado al silencio, diréis un Miserere con los brazos en cruz. Y por las faltas contra el silencio exterior llevaréis ajenjo en la boca durante medio cuarto de hora.

Vuestra divisa será: Jesus autem tacebat!

LXVII

Avisos para los Ejercicios (V)

Ejercitaos en un completo abandono al Divino Corazón.

¡Viva Jesús!

Id al retiro para dejaros y olvidaros de vos misma, por medio de un abandono completo, quedando a merced de la Providencia del Sagrado Corazón, como una estatua en manos del escultor, a fin de que corte y raje según le plazca.

Dejadle hacer y permaneced en paz, porque es preciso que os disponga para morar en el nicho de ese Sagrado Corazón que será vuestro director y vuestro todo.

LXVIII

Avisos para los Ejercicios (VI)

Aprended del buen empleo del tiempo.—¿Qué hacer para esto?

¡Viva Jesús!’

Id al retiro para reparar el tiempo perdido y para aprender a emplear cada uno de los momentos, según el fin para el cual os los ha dado. Para emplear bien el tiempo hay que amar con vehemencia y constancia. Hay que abandonarse toda al amor y dejarle obrar por nosotras. Contentaos con uniros a Él en todo con profundo anonadamiento de vos misma. ¡Todo por Dios, nada por mí!

¡Un solo corazón, un solo amor, para un solo Dios!

Nada hay que esté manchado en la inocencia. Nada puede perderse, si lo guarda el Señor.

En el Cielo no hay cambio ni hay ausencia.

¡Todo allí se consuma en el amor!

¡La cruz es mi gloria!

A ella el amor me guía y me conduce.

¡Mi Dios, mi Único y mi Todo; Vos sois todo mío y yo soy toda vuestra!

LXIX

Avisos para los Ejercicios (VII)

Aprended a vivir la vida de Jesucristo.—A conformar vuestra voluntad con la suya.—A habitar en su Sagrado Corazón.—Perdedlo todo antes que perder su amistad.

¡Viva Jesús!

Id al retiro para aprender, en primer lugar, a transformaros por completo y a vivir de la vida de Jesucristo.

Segundo, para conformar vuestra voluntad a la suya y a su vida pobre, os dejaréis a vos misma, por medio de la entera renuncia de todo lo que pudiera dar alguna satisfacción a la naturaleza.

En tercer lugar, tenéis que persuadiros de que, si queréis poseer a Jesucristo y habitar en su Sagrado Corazón, es necesario que no queráis poseer otra cosa sino contentaros con Él solo. No escuchéis ya los sentimientos de la naturaleza inmortificada, ni las sugestiones del amor propio; al cual le gusta tener, poseer, guardar y atesorar. Que grite cuanto quiera; nosotras somos del Corazón de Jesucristo y no hay que tener más que lo que Él quiere que tengamos y estar contentas cuando nos despojare de todo.

Amemos a este Corazón Sagrado con un amor de preferencia, que nos hastíe de todo lo demás. Cuando se trate de agradarle, no más excusas del amor propio, no más respetos humanos, no más pretextos. Vale más abandonarse y perderlo todo, que perder la buena amistad de ese Corazón adorable.

LXX

Desafío para el Adviento de 1695

Unámonos en espíritu a la Santísima Virgen.—Ofrecimiento al Eterno Padre de los sacrificios del Corazón de su Hijo.—Modo de honrar sus anonadamientos.—Cinco prácticas de silencio interior y exterior.

¡Viva Jesús!

Nuestro desafío de Adviento será unirnos en espíritu y de corazón a la Santísima Virgen, tantas veces como podamos, para rendir homenaje al Verbo encarnado, a ese Dios hecho niño en su seno, adorándole y amándole en silencio con Ella.

Primeramente, ofreceréis cinco veces al Eterno Padre los sacrificios que el Sagrado Corazón de su divino Hijo le ofrece por su ardiente caridad, en el altar del Corazón de su Madre, pidiéndole que todos los corazones se conviertan y se entreguen a su amor. Le ofreceréis cinco prácticas de renuncia: Sacrificium Deo spiritus contribulatus; cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies (Salmo 50, 19).

Y para honrar los anonadamientos de este adorable Corazón, haréis cinco prácticas de humildad, manteniéndoos en el profundo abismo de vuestra nada. Estaréis muy satisfecha de que se os desprecie y humille; y no diréis palabras vanas ni para excusaros, no buscando ser amada y estimada sino del Sagrado Corazón de Nuestro Señor. Con tal de que Él os ame, esto basta. Le adoraréis cinco veces, haciendo la genuflexión, y diréis: Venite adoremus. Et Verbum caro factum est.

Haréis cinco prácticas de silencio interior y exterior, desechando de vuestro corazón todo pensamiento inútil y cortando toda palabra superflua en tiempo de silencio, guardando vuestros sentidos muy recogidos. Formaréis esta aspiración todas las veces que podáis: Yo os adoro y os amo, oh divino Corazón de Jesús, que vivís en el Corazón de María, y os suplico que viváis y reinéis en todos los corazones, consumiéndolos en vuestro puro amor.

¡Dios sea bendito!