SACARÉIS AGUAS CON GOZO DE LAS FUENTES DE LA SALVACIÓN

Salvador MUNOZ IGLESIAS, PBRO

El tema que me propongo desarrollar forma parte de un trabajo en colaboración que hemos realizado el Dr. Domingo Muñoz León y el que suscribe.

Convencidos de que el simbolismo habitual del cuarto evangelista le lleva a ver en la lanzada con que el soldado romano abrió el costado de Cristo recién muerto en la cruz (Jn 19,14) la fuente de los bienes mesiánicos, en paralelismo de antitipo con las aguas que brotaron de la roca golpeada por Moisés en el desierto, hemos querido seguir, a lo largo de la reflexión judía, tal como se refleja en los libros de ambos Testamentos y en la literatura rabínica intertestamentaria, el itinerario de este motivo salvífico que culmina en las riquezas insondables del Corazón de Jesús.

El Dr. Muñoz León lo buscará en el resto de los escritos de Juan a la luz del trasfondo rabínico targúmico que en ellos se descubre.

Yo me ocuparé de presentar los antecedentes de esta teología salvífico-mesiánica preferentemente en el Antiguo Testamento y en las tradiciones judías, históricas y litúrgicas, que se relacionan con el agua sacada de la roca por obra de Moisés.

He elegido como tema el texto de Isaías 12,3 porque representa uno de los anillos más claros que enlazan el tipo con el antitipo, como lo demostrará su presencia obligada en todos los capítulos de este estudio.

 

  1. El agua que brotó de la roca

Se trata de un acontecimiento, referido como histórico, que desencadena a lo largo de la literatura judía-bíblica y extrabíblica una variadísima gama de reflexiones: conmemorativas, legendarias, teológicas y proféticas mesiánico-escatológicas.

El acontecimiento clave-milagrosa extracción de agua de una roca, golpeada por la vara de Moisés, para evitar que los israelitas murieran de sed en el desierto ha llegado a nosotros a través de un doble relato, localizado el primero en Refidín (Éx 17,1-7) y ubicado el otro en Cades (Núm20,1-13).

Las diferencias son de escasa importancia.

Aparte de la diversa localización geográfica del episodio -que extrañamente uno y otro relato identifican con Meribá-, la diferencia fundamental consiste en que el protagonista de Éx 17 es sólo Moisés, mientras que en Núm20 (proveniente de la tradición sacerdotal) intervienen Moisés y Aarón, mereciendo ambos por su falta de confianza el castigo dé no entrar en la Tierra de Promisión (Núm20,12). Menos importancia tiene -aunque, como luego veremos, la tradición rabínica posterior se la atribuya-el hecho de que en Éx 17,6 mande Dios a Moisés golpear la roca, mientras que en Núm20,8 se ordena a los dos hermanos hablar simplemente a la peña en presencia del pueblo, y que sólo en el último caso aparezca la desconfianza al decir Moisés al pueblo; «Escuchadme, rebeldes: ¿Haremos brotar de esta peña agua para vosotros?» (Núm20,10).

 

  1. El recuerdo agradecido del prodigio

Ambos relatos (Éx 17 y Núm20) tratan de perpetuar la memoria de la murmuración con que los israelitas sedientos se querellaron contra Yahvé. Por ello coinciden en designar el lugar con el nombre de Meribá, cuya etimología relacionan con la raíz rib, querella o litigio del Señor contra su pueblo. Pero junto al recuerdo de su mal comportamiento, los israelitas supieron frecuentemente expresar su gratitud a Yahvé por haberlos librado en aquella ocasión de la muerte por sed en el desierto.

Ya en el segundo discurso de Moisés en el Deuteronomio el tema del agua que brotó de la roca es motivo parenético: «Guárdate de olvidar a Yahvé…que hizo brotar para ti agua de la roca durísima» (Dt 8,11.13).

En la celebración de la fiesta de las Tiendas por parte de los repatria-dos bajo la guía de Esdras, el cántico de alabanza a Yahvé recuerda:

Para su sed hiciste brotar el agua de la roca (Neh 9,15).

Y en el salmo 78, Asaf cuenta entre las lecciones de la historia de Israel que cada generación debe referir a la siguiente:

 

En el desierto hendió las rocas,

los abrevó a raudales sin medida;

hizo brotar arroyos de la peña

y descender las aguas como ríos.

fluyeron los torrentes»

(Sal 78,15.16.20).

El autor del salmo aleluyático 105 canta:

 

Abrió la roca y brotaron las aguas;

como ríos corrieron por los sequedales (Sal 105,41).

Y el himno pascual que constituye el salmo 114, en un claro contexto de recuerdos del Éxodo (doble paso del mar Rojo y del Jordán), termina invitando a la tierra a temblar ante la faz del Dios de Jacob,

Que convierte la peña en un estanque

y el pedernal en una fuente (Sal 114,8).

De forma sapiencial dice lo mismo, con alusión velada a la Roca-Fuente del Pentateuco, el autor del salmo 107:

Él convierte el desierto en un estanque

y la árida tierra en manantial (Sal 107,35).

En la misma línea recuerda Sab 11,4 el episodio del agua que brotó de la roca en el desierto:

Tuvieron sed y te invocaron;

de una roca abrupta se les dio agua.

Acto seguido, como contrapunto al beneficio de la sed saciada milagrosamente que Dios concedió a su pueblo, la reflexión sapiencial recuerda el castigo infligido a los egipcios al contaminar las aguas de su río con una mezcla de sangre y barro:

Lo mismo que fue para sus enemigos un castigo, fue para ellos en su apuro un beneficio. En vez de la fuente perenne de un río enturbiado por una mezcla de sangre y barro en pena, de su decreto infanticida, diste a los tuyos inesperadamente un agua abundante, mostrándoles por la sed que entonces sufrieron de qué modo habías castigado a sus adversarios (Sab 11,5-8).

Por último, el Deuteroisaías cierra su anuncio de la próxima liberación de la cautividad babilónica con el recuerdo histórico de la sed mita grosamente saciada en el desierto, como prenda y garantía del poder salvador de Yahvé:

No padecieron sed en los sequedales adonde los llevó; hizo brotar para ellos agua de la roca. Rompió la roca y corrieron las aguas (Is 48,21).

Todavía san Pablo en 1 Cor 10,4-como advertencia a los que se consideraban «los fuertes» en las primitivas comunidades cristianas-recuerda el castigo de Dios a los israelitas en el desierto, a pesar de que «todos comieron el mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo”. Más adelanté volveremos sobre este curioso pasaje del Apóstol.

 

  1. Leyendas judías en torno, a la Roca-Fuente

Junto al recuerdo histórico del beneficio concedido por Dios en el desierto al saciar la sed del pueblo con el agua que Moisés hizo brotar de la roca, el talante midriático de la reflexión judía posterior le atribuyó con-tornos legendarios, como hizo con otros portentos del éxodo’.

El Pozo de Mirjam. Curioso, aunque no más que curioso, es el papel atribuido a Mirjam, la hermana de Moisés, en el surgimiento de la Roca-Fuente. Es creencia generalizada que la Roca-Fuente del desierto fue con-cedida por Dios a los israelitas en atención a Mirjam.

Así, en Ta´an 9a se lee:

Rabí José ben Jehuda [hacia el año 180] dijo: Tres grandes proveedores ha tenido Israel: Moisés, Aarón y Mirjam. Y tres grandes regalos han sido otorgados por medio de ellos. Estos son: el Pozo, la Nube y el Maná. El Pozo en atención a Mirjam, la Nube en atención a Aarón y el Maná en atención a Moisés.

Cuando Mirjam murió se secó el Pozo, según está escrito: Allí murió Mirjam (Núm20,1). Y a continuación está escrito: Y no babia agua para la comunidad (Núm20,2). Pero en atención a los otros dos volvió a haberla.

Murió Aarón y desaparecieron las Nubes dé la Sekiñáh, según está escrito: Lo oyó el cananeo, el Rey de Arad (Núm21,1). ¿Qué oyó él como noticia? El oyó que Aarón había muerto, y que las nubes de la sbekináh habían desaparecido. Entonces pensó que se le daba autorización pata pelear contra Israel… Pero volvieron ambas nuevamente en atención a Moisés.

Murió Moisés y desaparecieron los tres, como está escrito: Eliminó a los tres pastores (Mirjam, Aarón, Moisés) en un mes (Zac 11,8). ¿Cómo es que murieron los tres en un mes? ¿No murió Mirjam en el mes de Nisán, y Aarón en el de Ab y Moisés en el de Adar? Más que nada enseña que los tres buenos Dones, que por ellos habían sido dados, acabaron y juntamente en un mes desaparecieron».

Más brevemente repite este mismo pensamiento sobre el origen y desaparición de los tres Dones la Mekbilta Ex 16,35 (60a):

Murió Mirjam y desapareció el pozo; murió Aarón y desaparecieron las nubes de la Sekinah, murió Moisés y desapareció el maná.

  1. Jehosua [hacia el 90] dijo: Cuando Mirjam murió desapareció el pozo; pero por obra de Moisés y Aarón volvió de nuevo. Cuando Aarón murió, desapareció la columna de nube; pero por obra de Moisés volvieron ambas nuevamente. Cuando Moisés murió, desaparecieron todas las tres cosas, y ya no volvieron a aparecer.

La relación entre el agua que brotó de la roca y la figura de la hermana de Moisés tiene su fundamento, como se ve por el primer texto mencionado, en el hecho de que Números refiera el prodigio (Núm20,2-11) a renglón seguido de haber mencionado la muerte y sepultura de Mirjam (Núm20,1).

La tradición posterior propone identificaciones sorprendentes del Pozo de Mirjam. Zohar I, 132 a lo hace coincidir con el pozo en que Rebeca abrevó los camellos de Eliezer (Gén 24), y para el Midrash Tannaim 73, sería uno de los que, excavados por Abrahán y cegados por los filisteos, fueron abiertos de nuevo por Isaac (Gén 26,15-25). En Sabbat 35a se dice que el agua del Pozo de Mirjam se encuentra en Tiberíades o en el Mediterráneo, en un lugar visible desde el Monte Carmelo. Dichas aguas tendrían virtud curativa, y así se cuenta de un leproso, que se curó lavándose en el lago de Tiberíades (Lev R. 17,3; Qoh R. 5,9)2.

La Roca Fuente seguía los movimientos del Pueblo. Esta curiosa noticia que recoge san Pablo en 1 Cor 10,4 se encuentra muy documentada en la tradición rabínica.

En Tosefta Sukka 3,11s se dice:

Lo mismo ocurría con la Fuente que estaba con Israel en el desierto, que parecía una roca llena de agujeros como un colador, y el agua manaba y subía como de la boca de una botella. Esta (Roca-Fuente) subía con ellos a la montaña y bajaba con ellos a los valles. En cualquier lugar donde Israel se establecía, se paraba ante ellos frente a la entrada del Tabernáculo.

Los príncipes de Israel daban vueltas alrededor de ella con sus bastones, y cantaban a propósito de ella la canción, según se dice: Brota, ¡Pozo!;Cantadle! El agua brotaba y se alzaba como una columna, y cada uno con su bastón la hacía ir hacia su tribu y su familia, según lo que está escrito: El Pozo que cavaron príncipes y que alumbra-ron los nobles del pueblo con el cetro, con sus cayados… de Mattanab a Najaliel y de Najaliel a Bamotb y de Bamotb hasta el valle.

Y corría (el agua de la Fuente) alrededor del campamento de Yahvé, y bebían las llanuras del desierto (Núm21,20),y se convertían en grandes torrentes, según está escrito: Torrentes se desbordaron(Sal 78,20);y ellos (los israelitas) montaban en barcos e iban cada uno a casa de otros, según está escrito 4: El agua que se elevaba al lado derecho salía del lado derecho; la que se elevaba del lado izquierdo brotaba del lado izquierdo; pero la que quedaba se convertía en un gran río y desembocaba en el Gran Mar, y de ella provenían todas las delicias del mundo, según está escrito: Los cuarenta años que Yahvé, tu Dios, está contigo, no te ha faltado nada (Dt 2,7).

Lo mismo viene a decirse en Núm21,16-20:

Y entonces les fue dado el Pozo vivo, el Pozo del cual dijo Yahvé a Moisés: Congrega el pueblo y les daré aguas. Y he aquí que entonces cantaba Israel la alabanza de este cántico al tiempo en que desapareció y de nuevo les fue dado el pozo en atención a los méritos de Mirjam: ¡Sube, Pozo; sube, ¡Pozo! -le cantaban-, y él subía. El Pozo que habían cavado los padres del siglo, Abrahán, Isaac y Jacob, el mismo lo cavaron los príncipes antiguos, el mismo lo extrajeron con su vara los jefes del pueblo, Moisés y Aarón, escribas de los israelitas, y desde el desierto les fue dado como Don. Y desde que les fue dado en Mattanah, de nuevo subió con ellos a los montes elevados, y de los montes elevados descendió con ellos a los collados; rodeaba todos los campamentos de Israel y saciaba su sed, a cada uno a la puerta de su tienda. Y de los montes elevados descendió con ellos, a los valles profundos, y se escondió de ellos en la frontera de los moabitas, en lo alto del collado que mira desde la región de Bethjéschimón, porque habían olvidado las palabras de la Ley.

Piensa R. Le Déaut que el origen del Pozo o Roca-Fuente que seguía a Israel en el desierto (1 Cor 10,4) no se debe buscar en los relatos bíblicos del agua que brotó de la Roca en Éx 17 o Núm20, sino en Núm21,26,donde, al enumerar las etapas de peregrinación hacia la Transjordania, se menciona Beer (Pozo) y el cántico del Pozo a propósito del cual Dios había dicho a Moisés: «Reúne al pueblo y les daré agua». El hecho de que los nombres de las estaciones siguientes (Núm21,28s) signifiquen: Mattanah=Don; Najadiel = Ríos de Dios; y Bamoth =Alturas, fue lo que debió de dar lugar a la leyenda de que el Don se convirtió en Rio que subía y bajaba.

Tal pudo ser el origen de la leyenda que pone en movimiento al Pozo siguiendo la ruta de los israelitas; pero el origen del Pozo y de su atribución a Mirjam debe buscarse en Núm20,1-12.

Creación original de la Fuente del desierto. Es tan importante en la tradición judía esta Fuente del desierto, que Aboth 5,6 la incluye en segundo lugar entre las diez cosas creadas por Dios la Víspera del Primer Sábado: «La apertura de las fuentes preparadas para Israel en el desierto». Mekhiltab sobre Éx 16,32 no la incluye entre esas privilegiadas obras de la creación original, y en cambio añade en décimo lugar: «Las cuevas en que estuvieron Moisés y Elías».

El agua del desierto, y el agua del Paraíso. La tradición intenta conectar el agua salvadora del desierto con el agua que regaba el Paraíso.

Tanjuma Qadusim 168b dice:

Cuando los israelitas habían salido de Egipto y peregrinaban por el desierto, hizo Dios que descendiera sobre ellos el maná y les trajo (del Mar) las codornices, e hizo que les brotaran fuentes.

 

 

Cada tribu se hizo un canal de agua y condujo el agua a su lugar, v se plantaron allí higueras y granados: y estos daban frutos cada día como al principio de la creación del mundo; los árboles frutales daban fruto según su especie (Gén 1,11). Pero cuando Adán pecó, se sembraba trigo y salían espinas y abrojos.

Y cuando las fuentes se secaron, ¿qué está allí escrito? Que no era aquel sitio para sementera, ni para higueras, ni viñas, ni granados (Núm20,5). Todo esto, ¿por qué? Porque no babia agua para beber (Núm20,5).

De la roca manó sangre y agua. Extraordinaria importancia tiene para nuestro objeto la leyenda de la sangre que brotó de la Roca golpeada antes de salir el agua salvadora.

El Targum del Pseudo-Jonatán dice en Núm20,11 a propósito del doble golpe de bastón con que Moisés hirió la roca:

[..] la primera vez destiló sangre; pero a la segunda salieron aguas abundantes.

  1. Ginzberg recoge una leyenda, relacionada sin duda con Núm20,1-12, según la cual, cuando muere Mirjam y se seca su Pozo, los israelitas piden agua a Moisés, amenazándole, si no se la proporciona, con apedrearle. Recurre Moisés a Dios, y Dios le manda que bable a una roca, esta le dará agua. Moisés, que no sabea qué roca debe hablar, emprende un largo camino con el pueblo, sin decidirse a hacer la prueba con ninguna roca por miedo a que no sea la elegida por Dios y no dé agua y serian todos de su menguada sabiduría. El pueblo, cansado, se detiene en una determinada roca y se niega a seguir adelante. Le preguntan a Moisés por qué no se decide. Él contesta lo que piensa y ellos le preguntan qué clase de profeta es que ignora eso.

Por fin Moisés golpea suavemente la roca, sin atreverse a hablarle, sino diciendo al pueblo: ¿podré yo sacaros agua de esta roca?

La roca, de propia iniciativa, comenzó a dar agua, después de lo cual Moisés golpeó sobre ella con su bastón. Pero entonces ya no brotó agua, sino sangre.

 

-Esta roca no da agua.

Y Dios, al instante, se volvió con esta pregunta:

– ¿Por qué no das agua, sino sangre?

La roca contestó:

– ¡Oh Señor del mundo!; ¿Por qué me ha golpeado Moisés? Cuando Dios preguntó a Moisés por qué había golpeado a la roca, él replicó:

-Para que diera agua.

Pero Dios dijo a Moisés:

– ¿Te he mandado yo golpear la roca? Yo te he dicho solamente: ¡Háblale!

Moisés trató de defenderse a sí mismo diciendo:

-Yo le hablé, pero de ella no brotó nada.

-Tú-le replicó Dios-has dado a Israel la instrucción: En justicia juzgarás a tu prójimo:  por qué, pues, no has juzgado tú con justicia a la roca, la roca que te sustentó en Egipto ¿cuándo de ella sacaste miel? ¿Es esta tu manera de pagarla? No sólo has sido injusto con la roca, sino que has hecho el tonto con todos mis hijos. Si, pues, tú eres un hombre sabio, no debes tener en adelante nada que ver-como tal hombre sabio-con tontos; y, en consecuencia, no debes aprender con ellos a conocer el país de Israel.

Tras esta peregrina justificación del hecho de que Moisés no entrara en la Tierra Prometida,

Dios se volvió a la roca diciendo:

-Convierte la sangre en agua.

Y así acabó todo.

Shemoth Rabbá 3,13 recoge la misma leyenda en la que ve una antítesis de la primera plaga que para mal de los egipcios convirtió el agua en sangre:

Él (Moisés) golpeó la roca, y brotó sangre, según está escrito: He aquí que el golpeó la roca y fluyeron-wayazubu-aguas (Sal 78,20). La palabra wayazubu es una expresión que se usa a propósito de la sangre, como está escrito: Si una mujer tiene un flujo-yazub-de su sangre (Lev 15,25).

Por esta razón golpeó la roca dos veces, porque al principio brotó sangre y después agua.

La peregrina interpretación del salmo 78,20 quiere ser, sin duda, una justificación bíblica, de cuño rabínico, al origen de la leyenda.

 

  1. Proyección teológica y mesiánica de la Roca-Fuente

La reflexión teológica de Israel, por medio de sus profetas, no se limita en el caso de la Roca-Fuente a conservar con su memoria el recuerdo de la amorosa providencia de Dios en el desierto a favor de su pueblo, sino que convierte aquel episodio en una constante providencial que lo hace repetible en sucesivas etapas de la obra mesiánica y escatológica.

 

  1. Yahvé es la Roca salvadora,

la única salvadora del pueblo y del alma fiel.

El contexto más antiguo de esta equivalencia (Yahvé= Roca) es la bendición de Jacob a José, donde se llama a Yahvé «Fuerte de Jacob… Pastor y Peña de Israel》 (Gén 49,24). La designación de Yahvé como Peña de Israel vuelve a aparecer en Is 30,29.

Expresamente se llama a Dios Roca por tres veces en el cántico atribuido a Moisés en Dt 32:

Él es la Roca, su obra es consumada,

pues todos sus caminos son justicia (v.4).

Rechazad a Dios, su Hacedor;

esprecia a la Roca, su salvación (v.15).

Desdeñas a la Roca que te dio el ser,

olvidas al Dios que te engendró (v.18).

Compárese con estos últimos pasajes el de Is 17,10:

…Olvidaste a Dios, tu Salvador,

y de la Roca de tu fortaleza no te acordaste.

El tema era grato al que en Is 26,4 dice:

Confiad en Yahvé por siempre jamás,

Porque en Yahvé tendréis una roca eterna.

 

Yal Deuteroisaías:

Vosotros sois testigos: ¿Hay otro Dios fuera de mí?

¡No hay otra roca, yo no la conozco!

Hasta 15 veces recurre en los saImos la denominación de Roca atribuida a Yahvé:

«Yahvé, mi Roca y mi baluarte,

mi liberador, mi Dios;

la peña en que me amparo,

mi ciudadela y mi refugio» (Sal 18,3).

«iViva Yahvé, bendita sea mi Roca!

El Dios de mi salvación sea ensalzado(Sal 18,47)

«Sacan gratas las palabras de mi boca

y el susurro de mi corazón

sin tregua ante Ti, Yahvé,

Roca mía, mi Redentor (Sal 19,15).

«Hacia Ti clamo, Yahvé;

Roca mía, no estés mudo ante mí» (Sal 28,1).

«Diré a Dios, mi Roca:

¿Por qué me olvidas?(Sal 42,10).

«En Dios sólo el descanso de mi alma,

de él viene mi salvación;

sólo él mí Roca, mi salvación,

mi ciudadela, no he de vacilar» (Sal 62,2-3=62,6-7)

«En Dios mi salvación y mí gloria

la Roca de mi fuerza (Sal 62,8).

«Sé para mí una roca de refugio,

alcázar fuerte que me salve,

pues mi Roca eres tú y mi fortaleza» (Sal 71,3).

Recordaban que Dios era su Roca;

su Redentor, el Dios Altísimo (Sal 78,35).

«El me invocará: ¡Tú eres mi Padre,

mi Dios y Roca de mi salvación! (Sal 89,27).

«…para anunciar lo recto que es Yahvé:

mi Roca, no hay falsedad en El» (Sal 92,16).

«¡Venid, cantemos gozosos a Yahvé,

«Bendito sea Yahvé, mi Roca,

que adiestra mis manos para el combate,

mis dedos para la batalla;

El, mi amor y mi baluarte,

mi ciudadela y mi libertador,

mi escudo en el que me cobijo,

el que los pueblos somete a mi poder (Sal 144,1-2).

En muchos de estos pasajes se podría pensar que nos hallamos ante la imagen natural e intuitiva de la roca como símbolo espontáneo de solidez, firmeza y seguridad. Y así es en muchos casos. Pero en otros resulta

clara la alusión a la Roca-Fuente del Éxodo: en el salmo 78,35, que va precedido de varias referencias al agua que brotó de la roca (v.15.16.20); en el 95, 1, que luego, en el v.8, menciona expresamente lo ocurrido en Masa y Meribá. Es muy posible, y hasta probable, que el motivo para atribuir a Yahvé el nombre de Roca fuera su actuación salvadora en aquel episodio del desierto (recuérdese la frecuencia con que se asocia a ese nombre divino la idea de salvación: Dt 32,16; Is 17,10;Sal 18,47;62,3.7.8,etcétera).Una vez generalizada la designación, y olvidado el origen de la misma, es natural que se destaque preferentemente la idea de solidez, apoyo y fuerza que el fiel y el pueblo encuentran en su Dios. De hecho, identifican a Yahvé con la Roca-Fuente del desierto Mekbiltá Ex 17,6 y el Pseudo-Jonatán en Éx 17,6°.