Por José CABA, SJ
Sobre la oración de petición
Introducción
El cuarto evangelio nos habla del grito que Jesús elevó el último día, el más solemne, de la fiesta de los Tabernáculos: «Si alguno tiene sed, venga a mí» (7,37). El texto en su integridad (7,37-39) es una mina fecundísima para la teología del Corazón de Cristo. Los estudios de este pasaje evangélico son abundantísimos en la diversidad de aspectos que implica’. Nuestra idea en este trabajo no es presentar una exposición directa del texto abarcando la variedad de problemas que encierra. Al aludir a este texto recogeremos en síntesis una interpretación concreta, ya garantizada por los autores que la patrocinan. Será la primera parte de nuestra exposición. Con ella queremos establecer una plataforma luminosa que permita conectar la teología del Corazón de Cristo y la teología sobre la oración de petición.
La segunda parte de nuestra reflexión consistirá igualmente en esbozar a grandes rasgos la orientación cristocéntrica que presenta el cuarto evangelio al tratar de la oración de petición’. El tema de la petición posee en los evangelios un desarrollo orgánico y creciente. Los sinópticos tratan la oración de petición con una orientación teológica centrada en la presentación de Dios como amigo (Lc 11,5-8),como especialmente cercano a los necesitados (Lc 18,1-8), como Padre (Mt 7,7-11; Lc 11,9-13). La cumbre de la teología sobre la petición se encuentra en el cuarto evangelio, en línea de continuidad con un enfoque ya esboza-do en los sinópticos (Mt 18,19-20), con una matización cristocéntrica Jesús mismo otorga la concesión de lo que se le pide «en su nombre»(14,13-14). Será este precisamente el aspecto que sintetizaremos en nuestra segunda parte.
La confrontación de esta doble teología, la que aparece en el grito de Jesús durante la fiesta de los Tabernáculos (Jn 7,37-39) y la que presenta el ápice en el desarrollo de la doctrina sobre la petición (Jn 14,13-14)nos ofrecerá ocasión propicia, en una tercera parte de nuestro trabajo, para ver cuál es el puesto que ocupa el Corazón de Cristo en la concepción del cuarto evangelio sobre la oración de petición.
- «De su seno brotarán ríos de agua viva»(Jn 7,38)
- Una nota de revelación
El marco en que el evangelista inserta el texto está sellado en un clima de revelación, de manifestación de Jesús. Su discurso en torno a la fiesta de los Tabernáculos (Jn 7-8) está sembrado de verbos que expresan en el cuarto evangelio esta autorrevelación de Jesús: «manifestarse» (φανερόω: 7,4), «enseñar»(διδάσκω:7,14,28;8,20),«hablar»(λaλéω:8,12.20.25.26.28.30.38.40.44). El objeto de esta revelación de Jesús está íntimamente conectado con los temas sugeridos por la misma fiesta de los Tabernáculos. El puesto clave que ocupa en esta fiesta el tema del agua da ocasión al grito de Jesús: «Quien tenga sed, venga a mí y beba» (7,37)3.En la fiesta de la luz toma especial relieve la proclamación que hace Jesús de sí: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en la tiniebla, sino que tendrá la luz de la vida» (8,12)4. El ambiente alegre que caracterizaba esta fiesta ocasiona el hablar del gozo que tuvo Abrahán al ver el día del Mesías (86)5.El sentido mesiánico que envolvía la celebración de la fiesta de los Tabernáculos explica la proclamación del carácter mesiánico de Jesús como profeta (7,40),como Cristo (7,41),con su origen singular (7,21), con su misión peculiar de liberación por la verdad(8,32).
El texto que consideramos (7,37-39) está introducido con un tono especial de revelación: «En el último día, el día grande de la fiesta, se levantó Jesús y gritó diciendo… » (v.37). En esta nota de tiempo, el día más grande de la fiesta, y en este lugar sagrado del templo (cf. v.14),Jesús levanta su voz (EκpαξEv). El término empleado subraya, junto con la proclamación solemne, un sentido de revelación’. La posición corporal de Jesús, de pie (είστήκει), aun no siendo la actitud propia de enseñanza8,acentúa la nota de solemnidad y universalidad al mostrarse dominando, con su voz potente y postura erguida, la multitud reunida con ocasión de la fiesta.
- Composición estructural del texto
En este contexto de revelación presenta el evangelista el pasaje que estudiamos (7,37-39). El texto está plasmado en una estructura clara con evidente paralelismo en las diversas partes que lo integran. Para facilitar la explicación y comprensión del texto lo exponemos a continuación en su disposición estructural.
37 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
En Ia presentación del texto hay que subrayar, en primer lugar, la estructura paralelística que lo caracteriza. Se abre con una nota de revelación: gritó (A) y se cierra recogiendo todo lo expuesto: esto lo dijo (A’),con una aclaración precisa de su contenido y significado. El interior de la estructura está constituido por el tema del agua presentado en un paralelismo creciente: la sed (B), beber (B’), ríos de agua (B»). Un ulterior paralelismo está formado por dos modos diversos de expresar el cuarto evangelio una misma realidad de fe: venga a mi(C),el que cree en mi(C’)10.
En segundo lugar se ha de advertir la lectura del texto que hemos seguido poniendo punto después de él que cree en mí y, por tanto, uniendo esa expresión con lo anterior como sujeto del verbo precedente: beba». De este modo el imperativo «beba» y el que le antecede: venga a mí, están unidos en el centro mediante la copulativa «y». Se forma así una nueva estructura quiástica muy característica del cuarto evangelio:
v.37b SI ALGUNO TIENE sed,
venga a mí,
y beba
v.38a EL QUE CREE en mí.
En el centro (b-b’) están los dos imperativos: venga-beba; en los extremos (a-a’), las dos proposiciones, que equivalen a una condicional, aunque en el original griego la segunda se expresa mediante un participio: Si alguno tiene sed (Eάv τιs διψa)- el que cree(δ πιστεύων)12.
La disposición estructural del pasaje de san Juan ayudará a mostrar ahora mejor el contenido de las palabras de Jesús a la luz de la cita de la Escritura que en ellas se alude y bajo la interpretación personal que propone el mismo evangelista. En todo ello procuraremos atenernos tan sólo a aquello que pueda interesar para establecer la confrontación con la teología de la oración de petición que buscamos.
- El conjunto de las palabras de Jesús (v.376-38)
El texto que consideramos presenta primeramente unas invitaciones en labios de Jesús al gritar en el templo ante la muchedumbre que asistía a la fiesta de los Tabernáculos (v.37b-38a). Estas palabras están vistas después a la luz de la Escritura (v.38b).
Las invitaciones de Jesús (v.37b-38a) están formuladas en la estructura quiástica antes expuesta (a-b-b’-a’). En su conjunto constan de dos imperativos: venga-beba, y de dos condicionales: si alguno tiene sed-el que cree en mí.
1) La primera condición alude a la situación de aquel que se siente acuciado por la sed: «Si alguno tiene sed». El verbo empleado aquí por san Juan se encuentra en este Evangelio más que en ningún otro, El sentido de este término, además del natural y obvio de la sed, puede indicar cualquier necesidad o indigencia de signo material o matiz espiritual. En el cuarto evangelio se habla de una sed de salvación que sólo la puede apagar Jesús. En la conversación con la samaritana, en contraste con la sed de agua material, expone el evangelista otra sed que sólo se sacia con el agua que da Jesús; es un agua que salta hasta la vida eterna (4,13-15)16. En el texto que consideramos, partiendo también d agua material, la llevada en procesión durante la fiesta de los Tabernáculo se pasa a otra clase de sed. No se dice aquí explícitamente cuál sea la naturaleza de esta sed, pero se deja entrever como el deseo o necesidad m intima que se pueda tener; se deduce precisamente por el remedio que sugiere a continuación para saciar esta sed.
2) La primera invitación de Jesús está ordenada a apagar la sed. medio es: «venga a mí». Esta expresión «venir a Jesús» es frecuente en el cuarto evangelio.
Cuando se usa en un relato narrativo significa acercarse a Jesús, veces en un sentido meramente material (11,29; 19,3), y otras, aún con más frecuencia, deja entrever una actitud interna de adhesión a Jesús: a en el caso de Nicodemo (3,2; 7,50; 19,39)18, cuando muchos van a él para ser bautizados (3,26)19, cuando los samaritanos se le acercan (4,40) 20 o multitud va detrás de él(6,5).
Cuando la expresión «venir a Jesús» se utiliza en un pasaje estricta mente doctrinal, entonces equivale a «tener fe»: este es el sentido de lo que vienen o no vienen a la luz (3,20.21)22, la realidad que se indica a los judíos que no quieren venir a él (5,40)23, la afirmación que se hace el discurso eucarístico (6,35)24, Por eso el «venir a Jesús» está expuesto como don del Padre (6,65), como algo que supone haber sido enseñado antes por él (6,45).
El sentido de fe de la expresión «venga a mí» en el texto que estudiamos está clara y explícitamente expuesto por el paralelismo que tiene con la que se expone a continuación: «el que cree en mí»(v.38b).Para apagar la sed hay que ir a Jesús; para saciar la necesidad intima hay que creer en Jesús.
3) La segunda invitación de Jesús es «beba》 (πινέτω). El verbo usa-do aquí es también frecuente en el cuarto evangelio 25. El término tiene un primer sentido obvio en referencia a calmar la sed mediante el agua (4,7.9.10.13).Pero puede encerrar otra significación en sentido figurado, teológico; implica así la acogida de los bienes salvíficos (Is 55,1)26.
En el cuarto evangelio se alude también a este beber como acogida de lo que Jesús ofrece; así, en la escena de la Samaritana, al contrastar el agua del pozo con otra agua que Jesús da, se afirma que, al beber de esta otra, no sólo desaparece la sed, sino que se forma en el que bebe una fuente que llega hasta la vida eterna(4,13-14).El interiorizar esta agua que Jesús da27,es decir, su palabra reveladora 28, produce el efecto de vida que atribuye a la fe(5,24;20,31).
La exhortación a «beber» en este texto que consideramos (7,37)encierra también la invitación a acoger cuanto Jesús ofrece. Por su paralelismo con la condición anterior, «si alguno tiene sed», implica una llamada a saciarla. El remedio de la sed ya estaba insinuado antes al invitar a «venir» a él, a creer; ahora, al hablar de «beber», se da un paso más, se exhorta a interiorizar cuanto se ha acogido ya por fe. Aquí radica la conexión de esta exhortación, «beba», con la expresión que le sigue como sujeto propio: «el que cree en mí».
4) La segunda condición, es decir, lo que se requiere para realizar la invitación anterior de «beber», es el creer: «el que cree en mí». Su forma de participio incluye el sentido condicional. El verbo «creer» es frecuentísimo en el cuarto evangelio, indicando sobre todo la adhesión personal a aquel en quien se cree 30. Esta faceta de fe ya estaba incluida en la exhortación precedente: «venga a mí». Sin embargo, mediante la nueva alusión a la fe, «el que cree en mí», se da un poco más. Antes se exhortaba a la fe, «venga a mí», para saciar la sed; ahora, una vez poseída esa fe, se exhorta a interiorizarla, «beba».
- El conjunto de las palabras de Jesús a la luz de la Escritura(v.38)
Todo el conjunto de las palabras de Jesús antes expuesto, la suma de las dos condiciones y las dos invitaciones forman como una unidad sobre la que se proyecta la luz de la Escritura. Aun mencionando la Escritura en singular, no se alude a un texto concreto, sino más bien a una serie de textos donde se trata de la abundancia de agua de vida que brotará para los fieles en el futuro mesiánico.
Se habla, en primer lugar, de algo que sucederá en el futuro. Todo ello gira en torno a los ríos de agua viva, que correrán en una época que está por llegar. Mediante la imagen del río se expresa la abundancia de agua (Ez 47,1-12; Mt 7,25.27; Lc 6,48.49; Ap 12,15). El agua misma es la expresión más clara de la fertilidad, riqueza, abundancia de bienes (Ez 47,8-12; Ap 22,1-2). Aquí en concreto se habla de un agua especial, agua viva. Esta clase de agua, en un sentido material, expresa el agua que corre de la fuente y continúa movible en el río (Gén 26,19; Lev 14,5.6), en contraposición al agua inmóvil de las cisternas. En un sentido metafórico el agua viva, el agua que corre, puede ser símbolo de los bienes mesiánicos (Ez 47,1; Zac 14,8; Jl 4,18). En el cuarto evangelio se menciona esta agua viva como don de Dios, ya presente al mismo tiempo en que Jesús habla con la Samaritana (4,10); esta agua viva puede tener su influjo no sólo en aquella mujer que hablaba con Jesús, sino también en todos aquellos que en el futuro beberán del agua que les dará Jesús (4,14). En el texto que consideramos (7,38) se trata igualmente de un agua viva que correrá en el futuro y estará puesta a disposición de aquellos a quienes se ha exhortado antes a venir a Jesús, a «beber》 (7,37).
Se indica también, al proyectar la Escritura sobre las palabras de Jesús, de dónde brotarán los ríos de agua viva; «de su seno». La interioridad, como punto de procedencia del agua, ya se deja entrever a través de la proposición empleada. El sentido de interioridad se acentúa mediante el sustantivo usado. El significado de este término es, de un .modo general, cavidad; en relación al cuerpo humano, es el vientre, el útero. La traducción griega de los LXX utiliza este sustantivo como versión de términos que indican el vientre 34. El Nuevo Testamento también presenta este sentido al utilizar el término κoιλiα.
Pero, en un sentido traslaticio, indica también ese término la parte interior del hombre como sede de sus pensamientos y sentimientos, y entonces se sinónimo de corazón (καρδία), En el Nuevo Testamento, y en el cuarto evangelio en concreto, el corazón es también la sede de los sentimientos de dolor y alegría (14,1.27), de las reflexiones (12,40),de las decisiones (13,2)37. Supuesta la variedad de significados del término koiλia, cuando se trata de concretarlo en el texto de la fiesta de los Tabernáculos, aparecen de nuevo sus variados matices38: vientre, en su sentido fuerte39,o como sinónimo de corazón 40. Ahora bien, dado que xoiλia y κapδia son intercambiables en ocasiones41, no hay por qué rechazar en este caso el término usado como sinónimo de corazón, en un sentido al menos traslaticio, como sede del interior del hombre de donde brotan sus sentimientos.
Pero aún queda por determinar en el texto de san Juan a quién se refiere el término estudiado, mediante el pronombre que le acompaña «su seno», «su corazón»(αύτού). Tiene una doble posibilidad: referirse al creyente, de cuyo seno brotará el agua viva, o referirse a Jesús, que se convierte en fuente de agua viva para el que cree en él. El sentido estrictamente cristológico del discurso en que se revela el origen y retorno de Jesús (7,28-36), la manifestación que seguirá de él como luz del mundo (8,12), abogan por una referencia directa a Jesús de cuyo seno brotarán las aguas de vida. Esta interpretación está en mejor consonancia no sólo con el texto siguiente de la lanzada en el costado (19,34), sino también con el precedente en que Jesús se presenta a la samaritana como el dador de agua viva (4,14)46. En conjunto, los textos aludidos al mencionar la Escritura tienen una garantía mejor, referidos al futuro mesiánico del que había de venir 47. Parece, pues, que el pronombre «su» (αύτoū) se refiere al interior de Jesús de donde brotarán los torrentes prometidos de agua .
- Las palabras de Jesús bajo la interpretación del evangelista (v.39)
Al final de este trabajo, el evangelista, iluminado por los acontecimientos gloriosos de la resurrección de Jesús y por la acción del Espíritu, da la interpretación personal de la revelación anterior contenida en Las palabras de Cristo. Al exponer el evangelista su interpretación deja entrever la existencia de un doble estadio. Un «antes» y un «después» de la efusión del Espíritu, un «antes» y un «después» de la glorificación de Jesús. Serían como dos tiempos de revelación, el tiempo de Jesús y el tiempo del Espíritu 50, La línea divisoria que establece la doble vertiente está marcada por la presencia especial del Espíritu y por la glorificación de Jesús. Este nuevo estadio está también caracterizado por la presencia de aquellos que creen en Jesús.
1) El Espíritu, según la interpretación del evangelista, es el torrente de agua viva que habría de brotar del seno de Jesús 51. El Espíritu es el don que dimana del Corazón de Cristo. En el evangelio de san Juan, Jesús es el dador del Espíritu, En la última Cena Jesús promete enviar el Espíritu de verdad que procede del Padre (15,26; 16,7). El evangelista, al interpretar las palabras de Jesús en la fiesta de los Tabernáculos referidas al Espíritu está haciendo referencia al Espíritu que fue prometido por Jesús.
2) La glorificación de Jesús es el segundo acontecimiento que traza la línea divisoria entre los dos estadios esbozados por el evangelista en el texto de la fiesta de los Tabernáculos. Si todavía no se había recibido el Espíritu es porque aún no había sido glorificado Jesús. Esta glorificación de Jesús, en la teología de san Juan, comienza ya en la cruz y muerte de Jesús; así aparece en los textos en que se habla de la puesta en alto de Jesús (3,14-15; 8,28; 12,32), y las veces que se Índica el comienzo de la pasión (12,27-28; 13,31-32; 17,1). Este momento de la pasión es la hora de Jesús, Ta hora de su glorificación (2,4; 7,6.8; 12,27-28;13,1;17,1), y comienza también la hora del Espíritu. «El último suspiro de Jesús es el preludio de la efusión del Espíritu» (cf. 19,30)55. A raíz de esta glorificación de Jesús se dará la manifestación, el don abundante del Espíritu; hasta entonces, dice el evangelista, «no había Espíritu» (7,39). El evangelista indicará esta abundancia del Espíritu ya presente al manifestarse Jesús a los discípulos en el cenáculo y decirles: «recibid el Espíritu Santo» (20,22)57.A partir de esta glorificación de Jesús se derramará de su Corazón, como agua abundante, el Espíritu que apagará la sed de Ios que se acerquen a la fuente de vida.
3) Los que creen en Jesús son los destinatarios del Espíritu, sólo ellos pueden recibir este don y beber de esta agua. El tema de la fe en Jesús aparece repetidas veces y de diversas formas en el texto de la fiesta de los Tabernáculos (7,37-39). A nivel de la primera etapa, el tiempo de Jesús, se alude a ella en la invitación que se hace de venir a Jesús (v.37); explícitamente se menciona la fe al exhortar que beba el que cree en Jesús (v.38). A nivel de la segunda etapa, tiempo del Espíritu, se pone una exigencia de fe58 en aquellos que han de recibir el Espíritu (v.39).Ese Espíritu que se da, al brotar del Corazón de Jesús, se recibe como puro don. El Espíritu recibido hará que la fe en Jesús cale y penetre en la persona; el Espíritu es la ayuda de que dispone el creyente para que se realice la invitación de Jesús: «y beba el que cree en mí» (v.37-38).La misión del Espíritu será introducir al creyente, ponerlo en camino hacia toda la verdad (16,13); al mismo tiempo, como Espíritu de verdad (14,17;1 Jn 5,6), hará que la verdad de Jesús se introduzca en el creyente, la beba el que cree en él.
