Por Manuel GARRIDO BONAÑO,OSB
EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA LITURGIA
Por Manuel GARRIDO BONAÑO,OSB
La santificación de la Iglesia en la liturgia no es otra cosa que la cristificación y pascualización (valga la palabra) del mundo realizada por Cristo, Mediador y Sacerdote, en la semejanza progresiva con El mismo.
Por consiguiente, el culto que la Iglesia rinde a Dios no puede ser más que el acto en que Cristo Señor, Sumo Sacerdote, une así a la Iglesia asumiéndola en el culto que El rinde a Dios, y la Iglesia Desde hace algunas decenas de años ha sido este tema enjuiciado desde diversos puntos de vista. No es intención nuestra hacer la historia de toda la producción literaria a que ha dado lugar esta cuestión, ya que sobrepasaría mucho la extensión que me han señalado y no entra ese tema en los dos que se me han indicado. Estos dos temas son los siguientes:
1.El Corazón de Jesús a través de la liturgia.
2.La liturgia y los ejercidos piadosos en honor del Corazón de Jesús.
Antes de entrar en el desarrollo de estas dos cuestiones, me ha parecido conveniente transcribir algunos párrafos de los últimos documentos pontificios en los cuales se expone con toda claridad la doctrina de la Iglesia constantemente mantenida a través de varios siglos.
En la encíclica Investigabiles divitias, con ocasión del II Centenario de la institución de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, dice Pablo VI:
Ved, por tanto, nuestros deseos y nuestra voluntad: que, aprovechando esta ocasión, se celebre de manera especial esta fiesta, haciendo sobre ella luz; y que a ello concurráis vosotros, Venerables Herma-nos, Obispos de la Iglesia de Dios, y todo vuestro pueblo. Lo cual lo podréis hacer declarando de un modo acomodado a los diversos auditorios la profunda e íntima doctrina de esta devoción, descubriendo así los infinitos tesoros de amor del Sagrado Corazón y también promoviendo actos litúrgicos con los cuales se fomente más y más la estima y la piedad de los fieles.
Y ante todo deseamos que se rinda este culto al Sagrado Corazón por medio de una participación más intensa en el culto al Santísimo Sacramento, ya que el principal don de su amor fue la Eucaristía. Porque en el Sacrificio Eucarístico se inmola y es recibido el que está siempre vivo para interceder por nosotros (Heb 7,25). Aquel cuyo Corazón fue abierto por la lanza del soldado, derramando así sobre todo el género humano el flujo de su Sangre preciosa mezclada con Agua. Además, en este excelso Sacramento, culmen y centro de todos los demás, «se saborea, como en su fuente, la dulzura espiritual y se recuerda la excelsa caridad que Cristo nos mostró en su pasión»(SANTO TOMÁS, Opusculum,57).
Este plan nos parece más apto para que el culto al Sagrado Corazón, que (con tristeza lo decimos) en algunos ha decaído, ya en adelante florezca más cada día y se estime por todos como una excelente y segura forma de verdadera piedad, tal como la que insistentemente pide nuestro tiempo, conforme a las normas del Concilio Vaticano II, para con Cristo Jesús, «Rey y centro de todos los corazones», «cabeza del Cuerpo místico de la Iglesia… el Príncipe, el Primogénito de los resucitados, pata que en todo tenga Él la primacía» (Col 1,18)
Y puesto que el Concilio Universal recomienda en gran manera «los ejercicios piadosos del pueblo cristiano.. especialmente cuando son realizados por voluntad de la Sede Apostólica» (Const. de la S. Liturgia art. 13), parece que este ante todos hay que inculcar, puesto que (como dijimos antes) todo este culto se dedica a adorar a Jesucristo y a aplacarle, y está fundado sobre todo en el augusto misterio de la Eucaristía, de la cual, como de otras acciones litúrgicas, “se sigue la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios, a la que tienden todas las demás obras de la Iglesia, como a su fin» (ibíd., art. 10).
Y en la carta pontificia a los Superiores Mayores de Institutos Religiosos bajo la advocación del Corazón de Jesús o que se han distinguido de un modo especial en la propagación de su culto, dice el mismo Sumo Pontífice:
Por tanto es enteramente necesario que los fieles cristianos en lo íntimo de su oración y en públicos actos de piedad veneren y den culto a aquel Corazón «de cuya plenitud todo lo recibimos “y de Él aprendan cómo han de ordenar sus vidas para responder como deben a las exigencias de nuestros tiempos. Pues ahí, en el Corazón de Jesús, decimos, está el origen y principio de la Sagrada Liturgia, ya que Eles el templo santo de Dios, de donde sube al Padre eterno el sacrificio de expiación, «por donde puede también salvar hasta el extremo a los que con Él se acercan a Dios» (Heb 7,25). De ahí además, del Sagrado Corazón, toma la Iglesia fuerzas para buscar instrumentos y medios de acción con los cuales nuestros hermanos separados lleguen a una unidad plena con la Cátedra de Pedro. Más aún: para que aquellos que aún no tienen el nombre de cristianos juntamente con nosotros conozcan al solo verdadero Dios y al que envió, Jesucristo..
No hay nadie, pues, que no vea que este es el ardentísimo deseo que el Concilio, con sus consejos y no sin instinto del Espíritu Santo, quiere fomentar en las almas.
En realidad, nuestro trabajo sólo ha de consistir en comentar e ilustrar con datos históricos y dogmáticos estas palabras maravillosas del Papa. Él, en pocas palabras, nos ha dado la doctrina exacta y el método a seguir en lo referente a propagar el culto litúrgico y extralitúrgico del Corazón de Jesús.
No podemos contentarnos únicamente con los textos litúrgicos relativos a la fiesta del Sagrado Corazón, sino que hemos de tener presente la misma celebración de la liturgia, la naturaleza propia de la liturgia.
Así lo vimos nosotros cuando escribíamos nuestro Manual de Liturgia antes de 1960, donde hicimos notar cómo la mediación de Cristo en la acción litúrgica, en las místicas del Monasterio de Helfta, sobre todo en santa Gertrudis, es expresada continuamente por el símbolo de su Corazón, el cual venía a ser para ellas un sustituto de la fórmula litúrgica «Per Christum Dominum nostrum». Y terminábamos con el párrafo siguiente: «Toda la acción litúrgica, como hemos dicho, es obra del Corazón de Jesús considerado como símbolo de su amor, pues sólo a su amor se debió la reactualización de su sacrificio bajo los signos sensibles de un rito litúrgico: in finem dilexit eos».
- El Corazón de Jesús a través de la liturgia
Antes de examinar esta cuestión en los textos litúrgicos de los diferentes oficios y misas en honor del Corazón de Jesús, hemos de verla a la luz de la naturaleza propia de la liturgia, como ha enseñado Pablo VI, según ha podido verse en los textos antes presentados.
Hay un acontecimiento en la vida de la Iglesia que no puede olvidarse, cuando se trata de la devoción al Corazón de Jesús en general y de un modo especial en su relación con la celebración de la sagrada liturgia. Es el hecho de las místicas benedictinas del Monasterio de Helfta, en la segunda mitad del siglo XIII, para las cuales el Corazón de Jesús es algo más que una simple devoción, por muy recomendable y recomendada que ella sea. Ellas ven en el Corazón de Jesús la idea central que la liturgia se hace de Cristo, es decir, el Pontífice supremo de nuestra fe que «siempre vive para interceder por nosotros», y que nunca está ausente en la acción litúrgica, ya que esta no es otra cosa, en cierto sentido, que el ejercicio del sacerdocio de Cristo.
Cómo llegaron a esa unión e identificación de la mediación de Cristo y su Corazón es fácil mostrarlo. No se trata aquí de un sentimiento más o menos aceptable, sino de una enseñanza bíblica, teológica y litúrgica
sumamente trascendental en la doctrina y vida cristianas: la obra de la redención del género humano es una obra de amor y el amor es generalmente simbolizado por el corazón, prescindiendo de su aspecto fisiológico, psíquico y filosófico. La influencia espiritual de san Bernardo en el monasterio de Helfta fue muy fuerte. Pero no podemos olvidar que, juntamente con san Bernardo, san Agustín y san Gregorio, dos grandes maestros de la espiritualidad del Medievo, eran los autores más leídos en el monasterio. Y la doctrina de estos Santos Padres arroja una luz esplendorosa sobre todo lo referente al Corazón de Cristo.
Esa enseñanza y la experiencia diaria vivida en la celebración litúrgica fue simplificando la vida espiritual de aquellas almas, fijándolas única-mente en el Amor de Dios para con los hombres que exige la correspondencia del amor de estos para con Dios. Esto no era una cosa nueva en aquella época, como tampoco ha de serlo en la nuestra, para quien lea la Sagrada Escritura y viva el mensaje salvador que ella nos anuncia y la liturgia realiza. Recuérdense tan sólo los textos siguientes: «Tanto amó Dios al mundo, que le dio su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna» (Jn 3,16). «La caridad de Dios hacia nosotros se manifestó en que Dios envió al mundo a su Hijo unigénito para que nosotros vivamos por Él» (1 Jn 4,9). Y podemos resumirla obra de Cristo en dos palabras, según el pensamiento de san Pablo: «amó y se entregó» (Gál 2,20; Ef 5,1-2).
En esta síntesis de la obra redentora de Cristo no es difícil que las almas que viven plenamente la vida litúrgica de la Iglesia encuentren una identificación entre la mediación de Cristo y su Amor o lo que lo simboliza entre los hombres, por ejemplo, su Corazón, Esto es lo que ocurrió con las místicas de Helfta, como lo muestran los textos siguientes, y no son todos los que podían presentarse:
La gracia más maravillosa de todas es la que recibí especialmente el santo día de Navidad, el domingo «Esto mihi» y otro domingo después de Pentecostés. En estos me elevasteis a una tal unión con Vos, que me parece un milagro el haber podido volver a vivir luego aquí abajo… Por estas palabras, oh Dios mío, y por otras que se presen-tan al mismo tiempo en mi memoria, os devuelvo lo que es vuestro. Ayudada por la virtud del Espíritu Santo, las hago resonar en el melodioso instrumento de vuestro Corazón.
En otra ocasión se esforzaba la Santa por prestar la mayor atención posible a cada palabra y a cada nota del oficio, pero su buena voluntad quedaba contrariada por la fragilidad de la naturaleza. En esta situación se preguntó a sí misma con tristeza: ¿qué fruto sacaré de un trabajo en que me encuentro tan inconstante? Entonces el Señor, para que ella no se desolase, le presentó con sus propias manos su divino Corazón semejante a una ardiente lámpara y le dijo:
Mira, ofrezco a los ojos de tu alma mi sagrado Corazón, órgano de la adorable Trinidad, para que le ruegues que repare la imperfección de tu vida y te haga perfectamente agradable a mis ojos. Porque, lo mismo que un servidor fiel está siempre dispuesto a ejecutar la voluntad de su Señor, así también mi Corazón estará dispuesto de aquí en adelante a reparar en todo momento tus negligencias…Mi sagrado Corazón, que conoce la fragilidad y la inestabilidad humanas, espera y desea que le invites tú, sea con palabras, sea con una seña, a realizar y completar contigo los actos de tu vida; y, como está dotado de un poder infinito y conoce además todas las cosas con su insondable sabiduría, desea hacerte este servicio con una alegría llena de amor, pues le son naturales la dulzura y la bondad sin límites.
Sumamente extraordinaria es la comparación del Corazón de Jesús a una lira sobre la que resuenan ante Dios las palabras del oficio. El pasaje textual es el siguiente:
Al cantar las Vísperas, presentó el hijo de Dios a la gloriosa Trini-dad su sagrado Corazón, que El mismo tenía en sus dos manos, como una melodiosa lira. Sobre esta lira iban a resonar dulcemente ante Dios el fervor de las almas y todas las palabras de los cánticos sagrados. Los que cantaban sin devoción especial, por rutina o buscando una satisfacción puramente humana, no producían más que un sordo murmullo sobre las cuerdas bajas; en cambio, los que se dedicaban a cantar devotamente las alabanzas de la adorable Trinidad, hacían resonar, por medio del Corazón de Jesús, una suave y melodiosa vibración en las cuerdas más sonoras.
En la Vigilia de Navidad, después de Vísperas, mientras se llevaban en procesión, conforme a la costumbre, las reliquias y la imagen de la Santísima Virgen, se acordó con pena cómo le había impedido la enfermedad, durante el Adviento, multiplicar sus homenajes y sus oraciones, a fin de ofrecérselas a la Virgen Madre en una fiesta que le es tan grata. Pero, instruida de pronto por la unción del Espíritu Santo, supo lo que debía hacer, y ofreció a la Virgen sin mancilla el nobilísimo y dulcísimo Corazón de Jesucristo, para suplir así todas sus negligencias. La bienaventurada Virgen aceptó esta ofrenda con gran alegría y reconocimiento, y halló en ella delicias más sabrosas que todos los honores y que todos los homenajes, pues este nobilísimo Corazón, que contiene en sí solo todos los bienes, le proporciona más gozo que el que jamás podrá proporcionarle cuanto hagan la devoción y la oración de los fieles para honrar su divina Maternidad.
No queremos alargar más la lista de los textos, pero no podemos pasar por alto las ideas principales referentes a la consideración del Corazón de Jesús como símbolo de la Mediación de Cristo. El P. Vagaggini, en su artículo sobre la devoción al Corazón de Jesús en santa Matilde y en santa Gertrudis, expone este aspecto entre otros muchos, y creo de gran importancia indicar las expresiones generales siguientes, entresacadas de las obras de las dos santas benedictinas: el Corazón de Jesús es la fuente de todas las gracias, de todos los bienes para la Iglesia y las almas. El Corazón de Jesús es una fuente de luz que guía hacia Dios…, fuente de fortaleza para cumplir todos los deberes penosos, fuente de satisfacción por las ofensas hechas al Padre, es el intermediario por el cual suben las alabanzas de la Iglesia, de suerte que la cosa más agradable que se puede hacer a Dios es la de ofrecer el Corazón de Jesús y alabarle y rogar por medio de este divino Corazón. Es como un altar de oro donde se ofrecen al Padre todas las oraciones, las buenas obras y los méritos de los hombres.
Muy expresivo es para nuestro fin el hecho que señala Santa Gertrudis en un Viernes Santo en el momento de las oraciones solemnes: «Mientras el sacerdote cantaba: Oremus, dilectissimi.., veía la Santa mezclarse, por decirlo así, estas Oraciones con el incienso de agradable olor, que se escapaba del Corazón divino, y elevarse con él al cielo».
En esas frases y en otras muchas que podrían traerse se percibe una vida espiritual rica en la cual el Corazón de Jesús, como símbolo de su Amor, aparece constantemente correspondido, vivido, sobre el fondo del Cristo-Señor, del Misterio Pascual, tan íntimamente ligado a la celebración de la liturgia.
libremente, dejándose asumir en este proceso, rinde el culto a su Cabeza y Esposo y se une al culto que El rinde a Dios 15.
Todo esto no es más que una simple consecuencia de la realidad encerrada en las palabras: Por Cristo nuestro Señor, con que la Iglesia concluye sus oraciones. Realidad del único Sacerdote, del único Mediador, del único Liturgo y de la única Liturgia que, en los planes queridos y realizados efectivamente por Dios, domina todo el mundo de la santificación y del culto, en el cual se concretizan las relaciones entre el hombre y Dios.
Es cierto que la devoción al Corazón de Jesús propagada en los tiempos modernos, a partir del siglo XVII, y su culto litúrgico, en diversas ocasiones, no han sido presentados en esa luz que brota de la naturaleza propia de la liturgia. Pero esto nada quita a su autenticidad ni a su legitimidad, puesto que si las revelaciones de santa Margarita María de Alaco-que han sido la ocasión por la que se ha difundido la devoción al Corazón de Jesús, su fundamento es bíblico y dogmático y entra plenamente en el campo de lo litúrgico. Es esto, entiendo yo, lo que se ha de revalorizar en el culto y devoción al Sagrado Corazón, sin querer por eso decir que hayamos de excluir como erróneo lo concerniente a las visiones de Santa Margarita. Mas hemos de distinguir lo que es instrumental y su verdadero motivo y fundamento. La Iglesia no se ha apoyado, propiamente hablando, en la verdad de las visiones acaecidas en Paray-le-Monial para aprobar el culto e instituir la fiesta litúrgica del Corazón de Jesús. Aunque tales visiones hubiesen sido falsas, la fiesta y el culto al Corazón de Jesús en general podían seguir subsistiendo. Por eso, ni siquiera la circunstancia histórica de esta cuestión tiene una especial importancia, aunque no quiero decir con esto que deba desecharse.
El contenido de las revelaciones de santa Margarita María de Alaco-que está conforme con la doctrina de la Iglesia; pero no se ha subrayado esto lo suficiente, sino más bien ciertos aspectos circunstanciales que se han creído más aptos para mover el sentimiento y cierta piedad de los fieles, dejando lo más esencial un poco al margen, con lo cual en muchos casos el culto y la devoción al Corazón de Jesús ha ido por caminos un poco discutibles e incluso han afectado peyorativamente al mismo culto, sobre todo en esta época en que se ha revalorizado más el fundamento bíblico, tradicional y litúrgico de la teología y de la piedad de los fieles, al leer los escritos de santa Margarita María de Alacoque, parece que uno está leyendo el Evangelio con otras palabras, prescindiendo, repito, de lo puramente circunstancial que aparece en ellos, como en cualquier otro escrito, lo cual no es tan importante que deba presentarse en el primer plano, pues esto ya sería contra lo fundamental de las revelaciones y su objetivo principal; incluso algunos de esos aspectos circunstanciales, ya superados, están en pugna con la enseñanza y práctica dela Iglesia, como diremos más adelante. Sin embargo, no era eso lo que quería santa Margarita, como se desprende de sus escritos. Tal vez en algunos casos pueda hablarse de desviación en la verdadera devoción y culto al Sagrado Corazón.
Creo que tanto mal hacen los que desechan y censuran todo lo referente al culto del Sagrado Corazón, como los que se obstinan en presentarlo sólo en unos aspectos circunstanciales, muchos de los cuales están superados y otros han tenido siempre un aspecto secundario y sólo son valederos unidos a lo principal. A esto, parece, alude el Papa en su encíclica Investigarles divitias, al señalar el camino más apto para que en adelante el culto al Sagrado Corazón «florezca cada día más y se estime por todos como una excelente y segura forma de verdadera piedad, tal como la que insistentemente pide nuestro tiempo, conforme a las normas del Concilio Vaticano II».
Las ideas del Amor correspondido, de la Reparación al Amor ultraja-do y de la unión con el Amor-Víctima son plenamente bíblicas y litúrgicas. Sólo que en la Biblia, en la Liturgia y también en la tradición apostólica y patrística se centra todo esto en la figura de Cristo Señor (el Kyrios),de Cristo en su Misterio Pascual.
No puede olvidarse que desde el siglo XI se inicia un cambio de acento bastante sensible, en la espiritualidad occidental, en orden a una tendencia a considerar más los episodios de la vida de Cristo, especialmente su nacimiento y su pasión, así como los sentimientos de su vida terrena. Y los Misterios Pascuales del Señor, sin ser nunca realidades enteramente olvidadas, se relegan fácilmente al fondo de la psicología de la vida cristiana. Con esto no intentamos, en modo alguno, discutir la legitimidad de esa sensibilidad ni de los frutos muy saludables que se han seguido de ella, sino que no es el único camino posible, ni es, de hecho, el que predomina en el Nuevo Testamento, ni en la era patrística, ni tampoco en la liturgia.
El misterio de vida-muerte, en Jesús, en nosotros mismos, en el mundo entero, es, como mucho, el objeto primario de la catequesis apostólica, como punto de vista sintético y concreto que mejor compendia los diversos aspectos del Evangelio 16. La figura total, íntegra, de Jesús en el Nuevo Testamento es la de Jesús del Misterio Pascual. Pararse en el Jesús muerto, o en el Jesús maestro dulcísimo y amabilísimo que recorría Judea y Galilea, que enseñó una doctrina maravillosa como la del sermón de la montaña, o en el Jesús niño, sin tener una conciencia clara de que ahora es el Kyrios, el Señor, Cristo muerto y resucitado, que nos transmite su vida divina, principalmente en los sacramentos, significaría correr el peligro de ver en Jesucristo al maestro humanísimo y profundo, cuyo valor sólo está en el ejemplo y en la ética que enseñó, y por lo mismo tendríamos una imagen de Cristo desfigurada, que no revela en todo su contenido la misión redentora que vino a realizar.
Mas, si detenidamente reflexionamos sobre el mensaje que anunció y defendió santa Margarita María de Alacoque, veremos que todo esto se encuentra allí, pero no se ha revalorizado. Consideremos sólo la parte importantísima que tiene la Eucaristía, como sacrificio y comunión, en todo lo referente a la devoción y culto del Sagrado Corazón de Jesús y en la misma vida de Santa Margarita, aspecto que no puede atenuarse diciendo que se concebía en un sentido subjetivo, ya que en toda acción litúrgica ha de estar presente el aspecto subjetivo con el objetivo y subordinado a este. Negar esto de un modo absoluto en Paray-le-Monial es enteramente gratuito. Otro aspecto interesante en orden al Misterio Pascual del Se-ñor es el del reinado de Cristo tan vigorosamente sentido, proclamado y realizado, en la medida de sus fuerzas, por todos los propagadores de la devoción y culto al Corazón de Jesús. Tampoco podemos olvidar la mediación de Cristo y la suppletio que aparecen constantemente en los escritos de Santa Margarita y en las obras de los más fervorosos apóstoles del Corazón de Jesús , y con ello nos encontramos con una conciencia muy viva de la perpetua actuación del Sacerdocio de Cristo, tan fundamental en toda acción litúrgica.
No podemos desechar los ricos elementos que se encuentran en la devoción y culto al Sagrado Corazón, en orden a la vida litúrgica, incluso en aquellos que la propagaron en una época en que la liturgia no era considerada, por muchas causas, como «la fuente primera e indispensable del espíritu cristiano».
Se ha de tener presente también que en toda época la Iglesia está delante de Dios y a Dios se dirige; por lo mismo, la expresión de la fe cristiana y de la piedad que le corresponde es legítima, tiene todo su derecho; más aún, bajo formas a veces deficientes y siempre relativas, puede tenerse una realización auténtica de la vida cristiana. Se ha de evitar todo egoísmo de «grupo»: «in omni loco uni Domino servitur, uni Regi militatur». La vida litúrgica clásica de la Iglesia es siempre posible y en todas partes, aunque sus formas sean diversas, según las condiciones circunstanciales de época, lugar y sujetos.
No puede olvidarse tampoco lo que dice la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II: «La liturgia consta de una parte que es inmutable, por ser de institución divina, y de otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden tan bien a la naturaleza íntima de la misma liturgia o han llegado a ser menos apropiados» (art. 21).
Ya hemos visto que en el culto litúrgico al Corazón de Jesús podrán encontrarse elementos circunstanciales y, por lo mismo, susceptibles de ser cambiados, pero lo sustancial del mismo responde perfectamente, como ha indicado Pablo VI, con la naturaleza de la liturgia. En definitiva, “la reglamentación de la sagrada liturgia es de la competencia exclusiva de la autoridad eclesiástica; esta reside en la Sede Apostólica y, en la medida que determine la ley, en el obispo… también, dentro de los límites establecidos en las competentes asambleas territoriales de obispos de distintas clases, legítimamente constituidas».
Si se tiene presente toda la historia del culto litúrgico al Corazón de Jesús desde la segunda mitad del siglo XVII hasta nuestros días, se notará hasta qué punto se trabajó con tenacidad y paciencia para establecer con exactitud el objeto de la fiesta, teniendo por base el concepto teológico que la inspira; «trabajo de lima, dice el padre Bugnini, que se mueve desde lo incierto y vago, en la segunda mitad del siglo XVII, hasta llegar al reconocimiento oficial del culto litúrgico en la forma más solemne, querida por Pío XI, en 1928».
No se ha procedido en este asunto con precipitación y llevados sólo de un entusiasmo ciego. La competente jerarquía de la Iglesia reflexionó, estudió y después de maduro examen aprobó el culto al Corazón de Jesús. No se comprende, por lo mismo, que se haya intentado poner en duda su legitimidad, su conveniencia y sus elementos plenamente acordes con la naturaleza de la liturgia.
Más adelante tendremos ocasión de exponer cómo grandes figuras del movimiento litúrgico actual, desde Dom Guéranger hasta Pío Parsch, no sólo no han visto ninguna oposición entre la naturaleza de la liturgia y la fiesta del Corazón de Jesús y su devoción, sino que la han fomentado vivamente y han escrito párrafos bellísimos sobre esta cuestión.
En el estudio sobre los textos litúrgicos, sólo examinamos los que pertenecen a la liturgia romana. Sobre la devoción oriental al Sagrado Corazón de Jesús, publicó un estudio el P. Gordillo en Cor Jesu, II,265-290.
- El Corazón de Jesús en los textos litúrgicos del Misal
De los quince formularios litúrgicos que se conocen para Misas en honor del Sagrado Corazón de Jesús, sólo nueve han tenido la aprobación de la jerarquía competente, y a estos sólo nos referimos en este estudio. El Padre Nilles, SJ, recogió en dos volúmenes todos los textos litúrgicos referentes al Corazón de Jesús, que se conocían hasta su época 23. No incluye, por lo mismo, la Misa y Oficio del Corazón de Jesús aprobados por Pío XI ni la del Misal de Pablo VI, ni otras preces de origen más reciente; sin embargo, se hace necesario acudir a esa obra, y así lo hacemos también nosotros. En el volumen I de Cor Jesu, el padre A. Bugnini publicó un artículo interesante sobre las Misas del Corazón de Jesús y también lo tenemos presente en nuestro trabajo.
- La Misa «Gaudeamus» de san Juan Eudes (1668)
La idea principal de los textos litúrgicos de esta Misa es la del Amor de Dios para con los hombres, que se ha manifestado en el don de su propio Hijo el Verbo encarnado, que se ha entregado por nosotros hasta la muerte de cruz y pide nuestra correspondencia de amor.
En general, falta a todos estos textos el estilo propio de la liturgia, aunque no puede negarse que se encuentran en ellos ideas muy adecua-das que han sido incorporadas en el formulario actual. No está ausente tampoco la imagen del Kyrios en su misterio pascual, pero como acertadamente dice el padre Bugnini, se trata de un centón de textos usados con una gran libertad. En las oraciones esa libertad es excesiva, pues, en la prótasin y apódosin, se mezclan sin orden ni concierto los fines, los motivos y las peticiones. Lo mismo puede decirse del uso de la Biblia: sólo en los cantos interleccionales se cuentan unos catorce textos tomados de ocho libros diversos de la Escritura.
Sin negar una notable exuberancia, me parece que el texto mejor redactado es la oración de la ofrenda: «Cordibus nostris, omnipotens Deus, Spiritum et Cor dilectissimi Filii tui Iesu benignus infunde, ut nos,uno spiritu, et uno corde cum ipso, unam eandemque hostiam offerentes,tibí etiam nosmetipsos, atque omnnia nostra immolare mereamur».
- Misa «Venite, exsultemus》(1688)
No se diferencia gran cosa esta Misa de la anterior, pero en ella se acentúa más la ternura del amor de Cristo hacia los hombres y es más sensible el influjo de las revelaciones de Paray-le-Monial. Es fácil ver en al-gunas piezas de esta Misa un eco del lamento de Cristo a Santa Margarita:
«He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres y en cambio no ha recibido más que ingratitud y desprecio».
Algunos textos están escogidos con acierto, como el Introito: «Venite, exsultemus Domino, diem festum celebrantes in honorem sanctissimi Cordis lesu Christi Domini nostri, in quo sunt ornnes thesauri sapientiae et misericordiae Dei. Ipsi laus, ipsi gloria, ipsi gratiarum actio, ipsi imperium cordium in aeternum».
Tal vez sin las últimas aclamaciones hubiera quedado más conforme con el estilo propio de las antífonas del canto de entrada, pero, por otra parte, esas mismas aclamaciones exaltan la imagen de Cristo Señor, tan característica del Misterio Pascual.
Otros textos bien escogidos son los del Gradual y dela Comunión, que se encuentran, aunque en lugares diferentes, en la Misa de la fiesta del Corazón de Jesús, promulgada por Pío XI: Unus militum lancea latus eius aperuit…(siguen unas frases del Cantar de los Cantares, menos apropia-das), pero se comprende bien la idea del compositor: la llaga del costado, símbolo de la herida del corazón producida por el amor; tampoco sería un despropósito ver en esas frases una alusión a Santa Margarita María de Alacoque.
La Comunión dice así: «Improperium exspectavit Cor meum…et non inveni», que en la Misa de Pío XI se encuentra como antífona del ofertorio.
Singularmente bellas son las oraciones, sobre todo la colecta, redactada en un estilo netamente clásico: «Domine Iesu Christe, qui ineffabiles tui Cordis divitias Ecclesiae, sponsae tuae, singulari dilectionis beneficio, aperire dignatus est; concede propitius, ut gratiis caelestibus ex hoc dulcissimo fonte manantibus, corda nostra ditari ac recreari mereantur».
El Padre Galliffet, reflejando bien el pensamiento de Paray-le-Monial, incorpora en las fórmulas litúrgicas por él compuestas la idea de la reparación. Baste tan sólo, por no alargar las citas, la poscomunión: «Respice, quaesumus, aeterne Pater, in Cor dilectissimi Filii tui, improperium et miseriam in ipso amoris sui Sacramento ab in gratis hominibus exspectans: et fac ut simul contristan ac debitis obsequiis idem Cor aflictissi-mum consolari valeamus».
La primera lectura es la de la Misa anterior (Ez 36,23-27) y hay que reconocer que no está mal escogida, ya que el pasaje es mesiánico y evoca con caracteres vivos los frutos que el culto y devoción al Corazón de Jesús quiere producir en las almas. La purificación de que habla en ese pasaje el Profeta no es sólo negativa, haciendo desaparecer los pecados tradicionales del pueblo elegido, sino que transformará interiormente a los nuevos
ciudadanos de Israel. Los israelitas anteriores al exilio habían tenido un corazón de «piedra», insensible a los mandatos de Yahvé. En adelante, tendrán un espíritu nuevo, proveniente de su Dios, de modo que sientan instintiva atracción hacia los caminos rectos.
El evangelio coincide, en parte, con el de la Misa de Pío XI y la de Pablo VI, y sobre todo por el motivo por el que han sido escogidas las dos perícopas: la abertura del Costado de Cristo por la lanza del soldado.
- Misa《Gaudeamus》(1694)
Se insiste también en esta Misa sobre la idea del amor de Dios para con los hombres y en la correspondencia de estos para con Dios del mismo modo. El Corazón de Cristo es considerado como un templo en el que han de entrar las almas para gustar las delicias del amor de Dios. En ese sentido, los textos bíblicos del introito, ofertorio y comunión están bien escogidos.
La mediación de Cristo, como Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, queda bien expresada en la colecta que, además, está redactada en el estilo clásicamente litúrgico de estas oraciones.
Un texto bíblico interesante en orden a ilustrar el culto y la devoción al Corazón de Jesús, es el escogido en esta Misa para la Epístola (Is 54,17;55,5).En esa perícopa habla el Profeta de la Nueva Jerusalén, e invita a todos los necesitados a dirigirse a Yahvé, que les colmará de todo. Sólo se exige como condición para incorporarse a esta nueva comunidad mesiánica la obediencia y la fidelidad a Dios. Todos están llamados a formar parte de la nueva comunidad mesiánica, aun los desprovistos de todo bien, pues Dios los saciará con generosidad infinita y hará con todos un pacto eterno y universal.
Es lástima que no se haya expuesto todo lo que se refiere al Corazón de Jesús sirviéndose de los textos litúrgicos y bíblicos con los que se han redactado los distintos Oficios y Misas del Corazón de Jesús, pues sólo al amor de Dios hacia los hombres se debe todo lo que el Profeta ve en la constitución de la Nueva Jerusalén, la del Mesías. Creo yo que, vistos con esa luz, la devoción y el culto al Corazón de Jesús se enriquecen de una manera maravillosa y no admiten prejuicios de ninguna clase. Eso muestra también la ligereza en muchas críticas a esta devoción.
También se ha tenido acierto en el formulario litúrgico de esta misa con la elección del texto escriturístico para el Evangelio (Mt 11,25-30),en el cual se encuentra la suavísima invitación que hace Cristo a todos los oprimidos y agobiados por toda clase de penalidades, invitación que únicamente, aparece en san Mateo. Dos títulos presenta Cristo para proclamarse maestro al que todos los hombres han de acudir:
- a) no es duro ni severo en sus exigencias doctrinales, sino más bien lleno de dulzura y de suavidad que brotan de lo más íntimo de su corazón;
- b) su doctrina es la única que puede traer a los hombres la felicidad.
De gran sentido y belleza es también la poscomunión: «Concede nobis, misericors Deus, ut pasti deliciis sacramenti Cordis amantissimi Filii tui D.N.I.C. iis ita inebriemur, ut mortui saeculo tibi soli vivamus cum Unigenito Filio», donde, entre otras cosas, es fácil ver una clara alusión al Misterio Pascual de Cristo y a nuestra inserción en él por el Bautismo y La Eucaristía.
- La Misa «Humiliavit» (1696)
Salvos el Gradual y el Evangelio, no aparece en esta Misa otro texto qué pueda referirse al Corazón de Jesús. Se trata de un formulario litúrgico para: una Misa votiva de la Pasión, que aún aparece en el Misal Romano, al que se cambiaron las oraciones para que sirviese también para la Misa votiva de las Llagas del Señor.
El Gradual es el conocido texto que aparece en varias Misas en honor del Corazón de Jesús: «Improperium exspectavit cor meum et miseriam: et sustinui qui simul mecum contristaretur, et non fuit: consolantem me quaesivi, et non inveni. Vederunt in escam meam fel, et in siti mea potaverunt me aceto» (Ps 68,21-22).
El texto escriturístico para el Evangelio es también conocido en otras Misas del Corazón de Jesús, pues, aunque no siempre tenga la misma extensión, sin embargo en todas se ve la razón por la que ha sido escogido ese pasaje del evangelio de san Juan: la herida del costado producida por la lanza del soldado (Jn 19,28-35).
- La Misa «Miserebitur» (1765)
Esta Misa tuvo el honor de entrar en el Misal Romano y en él ha permanecido hasta nuestros días, como todavía puede verse en no pocas ediciones del mismo.
Tiene partes muy bien escogidas, pero en general no sigue la línea clásica del formulario litúrgico de la Misa. Su tema principal es el del amor misericordioso del Corazón de Jesús para con los hombres y, en general, queda bien expresado en los textos bíblicos y litúrgicos que se han elegido, aunque podría haberse presentado algo mejor. En la colecta, que se aparta enormemente del «cursus» tradicional, se han insertado ideas muy lo-gradas, como la de presentar toda la historia de las intervenciones de Dios en su pueblo, como una historia de amor, es decir, la síntesis de la historia sagrada es siempre el Amor de Dios para con los hombres.
Es también sumamente bella la oración sobre las ofrendas que casi tiene el valor de una epíclesis. Dice así: «Tuere nos, Domine tua tibi holocausta offerentes: ad quae ut ferventius corda nostra praeparentur, Hlam-mis adure tuae divinae caritatis».
En la cruz y en el altar las disposiciones del Corazón dé Cristo son las mismas. No podemos olvidar que se trata del mismo sacrificio. San Pablo nos dice que «por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios» (Heb 9,14). En las anáforas antiguas se da gran importancia a la invocación del Espíritu Santo sobre la ofrenda.
El Evangelio está bien escogido (Jn 19,31-35) por razón de la herida del costado. Sin embargo, la Epístola encaja mal, aunque se adivina el motivo que se ha tenido para elegir esa perícopa de la profecía de Isaías según la Vulgata (Is 12,1-6): «Sacaréis con alegría el agua de las fuentes del Salvador»; pero no se trata de una lectura, sino de un cántico.
Los cánticos interleccionales tampoco son muy afortunados, según el estilo clásico de la liturgia romana; no así de otras liturgias, como la moza rábica, en la que es muy común ese estilo de centón de diversos libros de la Sagrada Escritura, muy estimado por celebrados liturgistas modernos, porque es una muestra maravillosa de la unidad de los dos Testamentos, de la vida de la Iglesia y de la Escatología tan bien expresada en muchos formularios litúrgicos.
En esta Misa, como en la anterior, el prefacio es el de la Santa Cruz, a diferencia de las anteriores que indican el de Navidad.
- La Misa «Venite ad me» de la segunda mitad del siglo XVIII
Esta Misa fue aprobada para varias diócesis e institutos religiosos con alguna variante, como la de Lyon de 1771,la de París de 1776,la de los Trapenses de 1796. Nosotros tenemos presente en primer lugar la que se encuentra en la obra antes citada de Nilles,p.594.
El introito (Mt 11,28-29; Sal 17,8) está magníficamente bien escogido para expresar la idea principal de este formulario litúrgico: el alivio y dulzura que siente el alma que se acoge en el puerto seguro del Corazón de Cristo.
No parecen mal elegidos los cánticos interleccionales. El tracto está tomado deI salterio; el gradual, del profeta Isaías, pero de un texto que es un cántico (Is 12,3-5); el texto del aleluya, tomado del Apocalipsis, tiene un estilo lírico por el aspecto doxológico de todo el párrafo; el aleluya del
tiempo pascual está tomado del profeta Habacuc (3,18); es bien conocido de todos que ese capítulo es un cántico triunfal del profeta y la Iglesia lo emplea en su liturgia como cántico ferial en los Laudes de la feria sexta.
También es bello el texto de la Comunión (Lev 6,13) por el simbolismo del fuego en orden al Corazón de Jesús tan característico en santa Gertrudis y en santa Margarita María Alacoque, y sobre todo por estar relacionado con el altar, con la liturgia: «Ignis est iste perpetuas, qui numquam deficiet in altari».
Como puede observarse, son muchos los textos bíblicos que los propagadores del culto al Corazón de Cristo utilizan para vincular ese culto y devoción con la misma celebración de la liturgia, y eso en una época que no se distinguía por una vida litúrgica tal como hoy la conocemos gracias al movimiento litúrgico, más aún, que, con frecuencia, se la censura por no estar en conformidad con el valor y grandeza de la vida litúrgica de la Iglesia; lo cual nos demuestra lo que decíamos antes: que cada época tiene su modo peculiar de vivir la liturgia de la Iglesia y no ha de precipitarse en los juicios malévolos hacia una época determinada,
Tampoco queremos dejar de mencionar la Oración sobre las ofrendas, que expresa tan vivamente la participación activa de los fieles en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, al mismo tiempo que evoca lo que tantas veces se ha repetido, sobre todo a partir de la «Mediator Dei》,de que los fieles deben ofrecerse también ellos mismos en la Misa como hostias agradables a Dios, juntamente con Cristo. Dice así:
Cordibus nostris, omnipotens Deus, spiritum et unctionem dilectissimi Filii tui Iesu benignus infunde; ut nos uno spiritu et uno corde cum ipso unam eandemque hostiam immolantes, tibi etiam nosmetipsos munus aeternum offerre mereamur.
El Prefacio de esta Misa es propio del Corazón de Jesús y en él se encuentran algunas ideas que han entrado luego en el Prefacio de la Misa de Pío X y otras no menos bellas y de profundo sentido pastoral y ecuménico: «Qui sacram Cor suum divini amoris fornacem,per latus trans-fixum lancea mundo patere voluit, ut eandem flammam in hominum corda transfunderet; Cor mundum animas mundans; Cor summe sanctum sanctitatem conferens; Cor benignum volens omnes homines salvos fieri,et in caelesti regno feliciter coronari. Et ideo divinum illud Cor omnium fontem, pie venerantes cum angelis et archangelis… »
- Misa《Egredimini》(1778)
Sin querer decir que todas sus partes hayan sido mal escogidas, tenemos que confesar que es de los formularios de Misas en honor del Corazón de Jesús menos afortunados. Por eso, cuando Pío IX extendió la fiesta a toda la Iglesia, no se adoptó esta Misa, sino la que comienza con la palabra «Miserebitur»; no obstante esto, continuó en el Misal Romano anterior en los formularios de Misas «pro aliquibus locis»y se indica especialmente para la diócesis de Venecia.
La idea dominante de los textos litúrgicos de esta Misa sigue siendo el Amor de Dios para con los hombres, aunque no pocas veces se violentan los textos con la pretensión de que sirvan a la idea principal. No resultaría clara una teología del Corazón de Jesús utilizando únicamente estos textos, lo cual muestra también que los que la compusieron, o mejor, el que la compuso, no tenía una idea bien definida sobre la propia naturaleza del culto y devoción del Corazón de Jesús. No es extraño esto, si se tiene presente la historia de esta cuestión, aunque también podría afirmarse esto mismo de los redactores de otras Misas antes reseñadas y sin embargo supieron evadir, con acierto muchas veces, esa dificultad.
El introito, tomado del Cantar de los Cantares (3,11), no encaja bien, a nuestro juicio, en la fiesta del Corazón de Jesús en toda su integridad. Se refiere ese texto bíblico a la entrada solemne del rey en Jerusalén, inspira-da en la ceremonia de la entronización de Salomón que se narra en 1 Re 1,11ss. Si la elección fue motivada por las últimas palabras de ese verso: «el día de la alegría de su corazón», tenemos que confesar que aún es más desafortunado este texto. Lo mismo hay que decir del salmo 44,2:«Eructavit cor meum… ».
No se armonizan bien esas palabras alusivas a la entrada triunfal de un rey en su ciudad y las que se han elegido para el tracto: «Ego autem sum vermis, et non homo opprobrium hominum et abiectio plebis. Omnes videntes me deriserunt me»… (Sal 21,7-8.15).
La colecta, si se tiene presente la época en que fue redactada, no parece enteramente mal en cuanto a las ideas encerradas en ella, si bien no pueda decirse lo mismo respecto del «cursus». El Corazón de Jesús es presentado en ella como «símbolo» de la bondad. Dice así: «Fac nos,Domine Iesu,sanc-tissimi Cordis tui virtutibus indui, et affectibus inflammari: ut et ima gini bonitatiis tuae conformes, et tuae redemptionis mereamur esse participes».
Más logradas, sin duda alguna, son la oración sobre las ofrendas y la poscomunión, pero se trata de oraciones que no fueron compuestas en la época de la Misa «Egredimini», sino tomadas de otras Misas antiguas del Misal Romano. La oración sobre las ofrendas es la misma que la segunda oración del sábado de las cuatro témporas de Pentecostés, a la que se han añadido las palabras «e penetralibus Cordis sui», antes de «misit in terram» que trae la redacción primera de esa oración. No puede negarse que se trata de una adaptación bien lograda, aunque se la haya cambiado de lugar y, al parecer, no haga alusión al momento de la Misa para el que se ha elegido en este formulario. Los símbolos «fuego» y «corazón» quedan muy bien armonizados con Cristo y el Espíritu Santo, de tal forma que presenta un material rico para una buena exposición doctrinal del culto al Corazón de Jesús.
La poscomunión es una composición de las poscomuniones del Lunes Santo y del domingo segundo de Adviento, unidas por las palabras: «quo dulcissimi Cordis tui suavitate percepta». Se ha conservado esta oración en la Misa actual de la fiesta del Corazón de Jesús.
La Antífona de la comunión, tal como está redactada, no resulta muy afortunada; sin embargo, con ese verso del salmo 33, tan característico en todas las liturgias desde la más remota antigüedad en ese momento de la Misa, puede ser utilizado maravillosamente en esta fiesta, pero en la Misa «Egredimini» queda violentado su sentido.
Una nota del criterio «conciliador» de esta Misa se encuentra en el prefacio que para cierto tiempo del año litúrgico se señala el de Navidad y desde Septuagésima a Pentecostés el de la Santa Cruz, Lo cual muestra también la indecisión deI compositor sobre el objetivo y fin del culto y devoción al Corazón de Jesús, como antes se ha indicado.
La primera lectura está tomada del apóstol san Pablo (Ef 3,8-9.1419) y por lo mismo coincide con algunas partes de la Epístola de la Misa de Pío XI y el Leccionario de Pablo VI. El Evangelio está tomado de san Juan (15,9-16) y, creo, está bien escogida esa perícopa para una Misa en honor del Corazón de Jesús, pues toda ella trata del amor de Cristo a sus discípulos y de la entrega que deben tener los discípulos a la voluntad del Maestro. Modelo de ese amor mutuo entre Cristo y sus discípulos es el Amor que el Padre tiene a Cristo y la correspondencia de este al amor del Padre. Se encuentra también entre las perícopas evangélicas en honor del Corazón de Jesús del Leccionario de Pablo VI.
El ofertorio coincide con el de la Dedicación de una iglesia, pero aquí no encaja bien, pues las palabras alusivas al «corazón» tienen en el texto bíblico de los Paralipómenos otro sentido.
- Misa «Cogitationes»(1929)
«La idea dominante de toda la composición -nos dice uno de los que actuaron en ella- es la que el mismo Jesús expresó al inculcar a la familia católica, por medio de Santa Margarita María de Alacoque, la institución de la fiesta: He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y de los cuales es tan poco amado. Se trata, pues, de una fiesta de reparación al Amor que no es amado, reparación honrosa que glorifica los triunfos pacíficos de ese Amor Eterno».
Sin negar eso, creemos que la fiesta del Corazón de Jesús tiene un sentido más universal o, por lo menos, no se debe vincular enteramente a las apariciones de Paray-le-Monial. Sus fundamentos se yenden en lo más profundo de la predicación del Evangelio. Por eso, el piadoso cardenal Pie decía: “El culto del Sagrado Corazón es la quintaesencia del cristianismo, el compendio y sumario de toda la religión. El cristianismo, obra de amor en su principio, en su progreso y en su consumación, con ninguna otra devoción se identifica tan absolutamente como con la del Corazón de Jesús».
De un modo semejante se expresa también Dom Marmion: «Existe una fiesta cuyo objeto nos recuerda de modo general el amor que demostró el Verbo Encarnado: es la fiesta del Sagrado Corazón. Inspirándose la Iglesia en las revelaciones de Nuestro Señor a Santa Margarita María, cierra, por decirlo así, con esta solemnidad el ciclo anual de las fiestas del Salvador, cual si al llegar al término de la contemplación de los misterios de su Esposo, sólo le quedara por celebrar el amor mismo que los inspiró a todos».
Pío Parch, fijándose más en la fuente inagotable que es Cristo para nosotros, nos dice bellamente que la expresión litúrgica de esta fiesta sería: «El misterio de la plenitud que nosotros tenemos en Cristo», por eso la herida del costado de Cristo en la Cruz producida por la lanza del soldado es la imagen dominante de la fiesta, como símbolo de la abertura «de las fuentes del Salvador», como repetidas veces aparece en los textos litúrgicos de la Misa y del Oficio.
Creo que esto es importante, para no circunscribir demasiado el culto y devoción al Corazón de Jesús a una circunstancia especial, que en realidad fue una ocasión, un medio, un instrumento para propagar y enriquecer en la Iglesia ese culto, pero no su verdadero fundamento. Por lo mismo, la exposición que se hace de este tema a la luz esplendorosa del Nuevo Testamento, de los textos litúrgicos y de los escritos de los San-tos Padres, ayudará enormemente a conocer con mayor exactitud y amar con mayor intensidad todo lo que se encierra en ese culto y devoción, tal como la Iglesia nos lo propone. De esta forma, se alejan muchos prejuicios y actitudes negativas, al mismo tiempo que se corrigen los posibles defectos de una piedad demasiado subjetiva y alitúrgica.
No es de extrañar el estilo clásicamente «litúrgico» de la Misa «Cogitationes», ni tampoco su unidad, ni el uso que en ella se hace del salte-rio para los cánticos. El movimiento litúrgico dejaba sentir su influencia en esa época y el nuevo oficio y Misa del Corazón de Jesús es una muestra de ello.
La magnífica preparación del plan de la redención, dice el cardenal Schuster, a través de los largos siglos que la precedieron y su actuación, que viene realizándose durante veinte siglos, haciéndose extensiva a todas las edades y a todos los pueblos, es como un himno de gloria entonado al Corazón de Dios, que fue el gran artífice de esta espléndida y gratuita reparación.
En esa visión, los compositores de la Misa eligieron los versos 11 y 19del salmo 32 para el Introito. No puede dudarse de su acierto, según la idea hoy, bastante divulgada en los documentos del Magisterio de la Iglesia, de que el Corazón de Cristo fue el motor de su obra redentora. Las palabras: 《Los proyectos de su1 Corazón, de edad en edad», nos hacen ver que el plan de Dios frente a los planes humanos es un plan de salvación, que se realiza en la elección de un pueblo, y no tiene término. Por esa misma razón, el contenido de todo este salmo queda abierto hacia el desarrollo futuro y pleno de dicha salvación y por lo mismo queda disponible para expresar la confianza de cuantos esperan en la misericordia del Señor.
En una transposición cristiana, con un sentido más concreto y mesiánico, podemos ver que el salmista, entre los muchos aspectos que ofrece la redención, pone en evidencia principalmente dos, en los cuales resplandece de un modo especial el exceso del Amor divino: haber librado al hombre de la muerte eterna por la muerte de Cristo y alimentarlo con su propio cuerpo.
Se indica, pues, la obra redentora de Cristo realizada históricamente un día en Palestina y su prolongación maravillosa en la Iglesia a través principalmente de la acción litúrgica cuyo centro es la Eucaristía, sacrificio y sacramento al mismo tiempo, o mejor, sacrificio sacramental.
El cántico de entrada de esta Misa nos abre unos caminos insospechados con amplios horizontes en los que la devoción y el culto al Corazón de Cristo se iluminan con una luz espléndida y se insertan vertical y horizontalmente en el Misterio Pascual del Señor.
El Introito, dice acertadamente Pío Parsch, nos presenta una imagen del Corazón de Cristo conforme a la concepción cristiana antigua. Es decir, diríamos nosotros, conforme al Pantocrátor, al Kyrios, al Señor, al Misterio Pascual de Cristo. Quisiéramos explayarnos en estas consideraciones, pero tenemos un límite en nuestro estudio.
Es fácil ver en esa luz la unión intima entre el Corazón de Cristo, su Misterio Pascual y su realización en la Iglesia a través de la acción litúrgica.
La colecta, al querer sintetizar en sí misma el objeto completo de la fiesta, resulta recargada de expresiones, y por lo mismo se aparta un poco de la línea clásica de las colectas de la Misa. Sin embargo, nos da una síntesis maravillosa de toda la doctrina referente al culto y devoción al Corazón de Jesús: Al mismo tiempo qué ofrecemos a aquel Corazón, que por su excelencia y por la unión hipostática es el centro y el rey de todos los corazones humanos, expiamos el delito que hemos cometido al abrir, por nuestros pecados, una herida en él. Es preciso que todos los corazones se vuelvan hacia el Corazón del Verbo encarnado, en el cual ha depositado Dios tesoros infinitos de amor. Nuestro culto al Corazón divino de Cris-to no ha de consistir únicamente en un culto de reconocimiento por el beneficio infinito de su Amor que lo ha impulsado hasta dar su vida por nosotros, sino también un culto de expiación, de satisfacción por nuestras ofensas y por los pecados de todo el mundo: fines propios de la Liturgia, especialmente del sacrificio de la Misa.
La primera lectura está tomada de la epístola del apóstol san Pablo a los Efesios (3,8-19). Uno de los pasajes del Nuevo Testamento en que se nos manifiesta el amor infinito de Dios hacia los hombres y al mismo tiempo nos describe las proporciones ecuménicas del Misterio de Cristo, sacramento de ese Amor, Bastaría esta perícopa para alejar del culto al Corazón de Jesús todo aspecto exclusivamente subjetivo, particular y sentimentalista; con ella se expresan de un modo elocuente las proporciones ecuménicas, pastorales y misioneras de todo lo referente al Corazón de Cristo. El Misterio de que nos habla aquí el Apóstol es el Misterio de Cristo, comunicado a los hombres en Cristo Jesús por medio del evangelio. De un modo particular es su extensión a todos los hombres (a los gen-riles). En la economía del Misterio se distinguen las tres fases de su desenvolvimiento: el designio eterno, concebido en Cristo Jesús por Dios, que creó todas las cosas; su realización histórica por medio de la Iglesia a través de su liturgia; su manifestación y realización (especialmente por la sagrada liturgia) en todos los hombres. Todo esto lo compendia el Apóstol en la «caridad de Cristo», en su Corazón.
El Gradual está compuesto de los versos 8 y 9 del salmo 24. Tomando el tema del camino y del pecado de que se habla en ese salmo y concreta-mente en los versos 8 y 9, es posible saltar de los enunciados del salmo al gran tema de Cristo «camino» y «cordero que quita los pecados». Con esto, nos encontramos una vez más con una visión bíblica enteramente centrada en la obra redentora de Cristo Jesús.
El verso aleluyático (Mt 11,29) lo estaba reclamando en cierto modo el segundo versículo del gradual, en el cual describe el salmista los caracteres de los futuros discípulos del Divino Maestro. Ahora es el mismo Cristo el que da esa lección de su magisterio de amor con sus propias palabras.
También son evocadores los versos del salmo 102 que se ha escogido para el Tracto en las Misas después de Septuagésima hasta la Pascua: El motivo intrínseco de este exceso de misericordia que usa con los hombres y reservarse en cambio para sí la justicia, satisfaciendo rigurosamente a la Majestad Divina, mediante su terrible Pasión, no es otro que el infinito amor de Cristo.
Durante el Tiempo Pascual, el gradual se sustituye por otro verso aleluyático tomado del mismo pasaje evangélico que el anterior. Es una invitación a las almas a que encuentren descanso en el Corazón de Cristo.
La lectura evangélica está tomada del conocido pasaje de san Juan (19,31-37) que se repite en varias Misas en honor del Corazón de Jesús. Pasaje que fue comentado elegantemente por Paulino de Aquileya, muerto el año 802, en los versos siguientes:
Quando se pro nobis sanctum
Vectt sacrificium,
Tunc de lateris fixura
Fons vivus elicuit;
De quo mystice fluxerunt
Duo simul flumina:
Sanguinem nam redemptionis
Et unda baptismatis.
Es común entre los expositores antiguos y modernos ver en la herida del costado de Cristo, que manó sangre y agua, un símbolo de los sacramentos en los cuales nace y se alimenta la Iglesia, y por lo mismo eI nacimiento de la Iglesia. Aquí tenemos el Nuevo Testamento sellado con la propia sangre de Cristo37, Juan, que desempeña al mismo tiempo la misión de escritor y de testigo, pone interés en demostrar a los hombres la continuidad del plan divino entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, para lo cual cita las diferentes profecías que tuvieron su cumplimiento en el Gólgota con la muerte de Jesús.
Es notable que los compositores de Misas en honor del Corazón de Jesús se hayan fijado en este pasaje evangélico y lo hayan insertado en el formulario litúrgico, a veces en distintos lugares de la misma Misa. Esto nos muestra que veían una relación estrecha entre el contenido de esa perícopa del Nuevo Testamento y el contenido doctrinal del culto y de la devoción al Corazón de Jesús. Es bueno no perder de vista los textos bíblicos en los que ellos se fijaron para expresar el mensaje que proclama ese culto: así se tiene un conocimiento más exacto de lo que ese cuIto y esa devoción significan en la vida de la Iglesia.
La Antífona del Ofertorio es la misma que la del Domingo de Ramos (Sal 68,21).Es, ciertamente, un tema muy difundido en los propagadores de la devoción y culto al Corazón de Jesús. Pero, aun en ello, hemos de tener una visión eclesial y crística, tal como es común en el ambiente propio de la liturgia, sin querer por eso decir que hayamos de excluir lo que se requiere de nuestra parte, como individuos. Como indica Pío Parsch, la Iglesia quiere entrar en el sacrificio de Cristo; por eso ella hace suyas estas lamentaciones. El corazón de la Iglesia se funde íntimamente con el Corazón del Señor. La participación en la Pasión de Cristo es la glorificación de su Cuerpo místico.
El prefacio propio recoge algunas ideas repetidas en otros prefacios anteriores, como ya hemos indicado. Hay que notar que los liturgistas vieron con alegría que los formularios de la Misa se enriquecieran con un nuevo prefacio.
La antífona de la Comunión sigue la regla introducida por el papa san Gregorio Magno, de inspirarse en el Evangelio. El sentido propio que tienen esa sangre y esa agua está explicado en la antífona siguiente, que se dice en las misas votivas durante el tiempo pascual: «El que tenga sed, que venga a mí y beba. Aleluya» (Jn 7, 37). Pero advirtamos que estas aguas de redención eterna no se prometen más que a los sedientos, pues la gracia de Dios se ofrece como un don de amor y no se impone violentamente, a manera de un reclutamiento militar. Las revelaciones de Paray-le-Monial han procurado crear esa sed en las almas, despertarlas del letargo en que se hallaban sumidas, para beber una vida espiritual auténticamente cristiana en su propia fuente.
En la oración sobre las ofrendas se ha incorporado también el significado propio de esta fiesta en una magnífica síntesis. Es una fiesta de expiación, encaminada hacia el Amor no amado y despreciado; por lo mismo, unimos nuestra honrosa reparación a ese mismo Amor que satisface por nosotros en el sacrificio eucarístico.
Es además, como decía el cardenal Schuster, una celebración de acción de gracias y de triunfo del Corazón de Cristo; por lo cual ofrecemos ese mismo Corazón, para que, perpetuando en nuestros altares aquel himno de acción de gracias que Jesús entonó, sea el mismo Amor encarnado e inmolado la acción de gracias que la humanidad debe presentar al Amor eterno.
Como hemos dicho en la Misa «Egredimini», la poscomunión está compuesta de las poscomuniones del lunes de la Semana Santa y del domingo segundo de Adviento engarzadas con las palabras alusivas a esta fiesta, «quo dulcissimi Cordis tui suavitate percepta».
Una vez que se ha gustado de Dios, como dice el cardenal Schuster, todos los bienes creados resultan insípidos y molestos. Mas, para gustar de Dios, es necesario ese especial don de piedad que es una gracia del Espíritu Santo.
Como puede verse, en estos textos litúrgicos que hemos revisado hay elementos de una calidad excelente que caben con un sentido propio en una vida litúrgica eximia; más aún, como más adelante hemos de afirmar, con palabras de un buen escritor de cuestiones litúrgicas, esta fiesta litúrgica del Corazón de Jesús y su devoción es de gran necesidad en la vida litúrgica, y siempre se ha tenido de una forma o de otra, para guardar un exacto equilibrio entre el aspecto interno y externo de la Liturgia, cosa tan importante para no andar por caminos que alejan de la verdadera vida litúrgica, tal como los documentos pontificios y el mismo Concilio Vaticano II nos lo enseñan.
- Misal de Pablo VI
Se ha enriquecido notablemente el formulario litúrgico para la solemnidad del Corazón de Jesús y para sus Misas votivas, sin dejar otros textos litúrgicos del Misal anterior, como el cántico de entrada, la colecta, la oración sobre las ofrendas y la antífona para la comunión. Pero, además, se ha insertado uná nueva colecta en la que se recuerdan de modo especial los beneficios del amor de Dios para con los hombres y se pide que conceda «recibir de esa fuente divina una inagotable abundancia de gracia». Se insiste también en el amor en la nueva oración para después de la comunión en la que se considera a la Eucaristía como «sacramento del amor de Dios» y se pide que encienda en los hombres «el fuego de la caridad y que los mueva a unirse más a Cristo y a reconocerle presente en los hermanos». Una pieza magistral de esta celebración es el nuevo prefacio elaborado con textos bíblicos y patrísticos muy apreciados en la teología actual sobre los sacramentos y sobre la Iglesia. En ese prefacio se dice que Cristo se entregó con amor sincero por nosotros, y, elevado sobre la cruz, hizo que de su Corazón traspasado brotaran, con eI agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia, para que, de este modo, acercándose al corazón abierto del Salvador, todos puedan beber con gozo de la fuente de la salvación. San Agustín, en el n. 120 de su comentario al evangelio de san Juan, dice al tratar de la herida del costado de Cristo que «allí se abrió la puerta de la vida, de donde manaron los sacramentos de la Iglesia, sin los cuales no se entra en la vida que es la verdadera vida». Y san Buenaventura, en el opúsculo de El árbol de la vida, que ha sido tomado para lectura en el Oficio de esta solemnidad, dice que fue permisión divina que se abriese el costado de Cristo con una lanza y brotase de esa herida sangre y agua, para que «se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la grada, y fuese para los que viven en Cristo como una copa llenada en la fuente viva, que brota para comunicar la vida eterna».
Pero donde se ha notado más la riqueza de los nuevos textos litúrgicos es en el leccionario para la Misa al cual remite el Misal, en donde las lecturas bíblicas y los cantos interleccionales escogidos ofrecen un mate-rial de altísimo valor para elaborar una auténtica teología bíblica sobre el Corazón de Jesús con gran repercusión en la pastoral y en la espiritualidad de la Iglesia. Vale la pena recordar la síntesis de esas lecturas bíblicas:
Para el Ciclo A:
1.aDt 7,6-11: «El Señor nos amó y nos eligió».
2.a 1 Jn 4,7-16:«Dios nos amó primero».
3.a.Mt 11,25-30: «Cristo, manso y humilde de Corazón».
Para el Ciclo B:
1.» Os 11,1.3-4.8-9: «Vínculo de caridad».
2.a Ef 3,8-12.14-19:«Conocer la caridad de Cristo».
3.°Jn 19,31-37: «La lanzada».
Para el Ciclo C:
1.°Ez 34,11-16:«Dios mismo apacienta las ovejas y las hace sestear».
2.a Rom 5,5-11:«Dios nos da la prueba de su amor».
3.a Lc 15,3-7: «Alegría por la oveja perdida».
Para las Misas votivas:
Primera lectura:
-Éx 34,4-7.8-9:«Dios misericordioso y clemente».
-Dt 7,6-11: «El Señor nos amó y nos eligió».
– Is 9,13-15: «Una madre podrá abandonar a su hijo, Dios no».
-Jer 31,1-4:«Perpetuamente nos amó».
-Ez 34,11-16;«Dios mismo apacienta sus ovejas y las hace sestear».
-Os 11,1.3-4.8-9:«Vinculo de caridad».
-Ap 3,14.20-22:«Cenaré con él: íntima amistad».
-Ap 5,6-12:«Redención por la sangre del Cordero».
Segunda lectura:
– Rom 5,5-11:«Dios nos da prueba de su amor».
-Ef 1,3-10:«Riqueza de la gracia de Dios en nosotros».
-Ef 3,8-12:«Incalculable riqueza de Dios».
-Ef 3,14-19;«Conocer la caridad de Cristo».
-Flp 1,8-11;«En las entrañas de Cristo».
-1 Jn 4,7-16; «Dios nos amó primero»,
Tercera lectura:
-Mt 11,25-30: «Cristo, manso y humilde de corazón».
-Lc 15,1-10:«Gozo por el pecador arrepentido».
-Lc,15,1-3.11-12:«Hijo pródigo».
-Jn 15,11-18:«Buen Pastor».
– Jn 10,1-8: «Permaneced en Mí y yo en vosotros».
-Jn 15,9-17:«Precepto del amor».
– Jn 17,20-36: «Como amó a Xto., también Dios nos ama a nosotros
-Jn 19,31-37: «La lanzada: costado abierto de Cristo».
También ilustran el contenido dogmático, pastoral y espiritual de la solemnidad del Corazón de Jesús los textos escogidos para el Salmo responsorial:
– Para el ciclo A: Sal 102,1-2. 3-4.6-7.8.10:«La misericordia de Señor sobre los que lo temen». Allel.: Mt 11,29ab.
(Para el ciclo A).Allel.: Mt 11,29ab.
–Para el ciclo B: Is 12,2-3.4bcd. 5-6: «Sacaréis agua con gozo de la fuente del Salvador». Allel.: como el anterior o 1 Jn 4,10b.
–Para el ciclo C: Sal 22,1-3a.3b-4.5-6:«El Señor es mi pastor, nada me falta»>. Allel.: como los anteriores o Jn 10,14.
Para las Misas votivas:
-como en el ciclo B.
– como en el ciclo C.
-Sal 24,4bc-5ab.6-7bc. 8-9.10 y 14: «Acuérdate de tus misericordias».
-Sal 32,1-2.4-5.11-12.18-19.20.21:«La tierra está llena de la misericordia».
– Sal 33,2-3.4-5.6-7.8-9.17-18,19 y 23:«Gustad y ved qué suave es el Señor».
-como en el ciclo A.
Alleluya:
-Mt 11,25: «Bendito eres, Padre, Señor del cielo y tierra, porque has revelado a los pequeños los misterios del reino».
-Mt 11,28: «Venid a mí los que estáis agobiados y yo os aliviaré, dice el Señor».
– Mt 11,29ab, como en el ciclo A.
-Jn 10,14,como en el ciclo C.
– Jn 15,9: «Como el Padre me ha amado, así también os amé yo: permaneced en mí amor, dice el Señor».
– 1 Jn 3,10b: como en el ciclo C.
