El Corazón de Cristo en los himnos litúrgicos II

Sagrado Corazón de Jesús
Manuel GARRIDO BONAÑO,OSB

El Corazón de Jesús en los himnos de su fiesta litúrgica

Son muchas las composiciones rítmicas en honor del Corazón de Je-sús desde el formulario redactado por san Juan Eudes (1668) hasta nues-tros días. Entre esas composiciones incluimos las diversas secuencias que se incluyeron en los primeros formularios litúrgicos para la Misa en honor del Corazón de Jesús. Primero tratamos de esas secuencias y luego,de los himnos del Oficio:

  1. Secuencia: Gaudeamus exultantes

Corresponde al formulario redactado por san Juan Eudes (1668)y ha estado en vigor hasta nuestros días. Su contenido se inserta dentro de la temática de ese formulario: Dios ha manifestado su inmenso amor para con los hombres al entregarles a su Hijo bienamado para que se encarnase y los redimiese; por eso pide una correspondencia de amor por nuestra parte.De ahí que se prorrumpa en canto de júbilo para exaltar las prerro-gativas del Corazón de Cristo. Todos los corazones han de amar al Cora-zón Salvador, fuente de amor; toda lengua ha de cantarle con entusiasmo:es digna sede de la Trinidad, plenitud de la divinidad, milagro de amor,incendio del puro corazón, la gran gloria de Dios, tesoro de santidad. Por eso se pide que Jesús atraiga a su corazón las mentes y los corazones de todos los hombres 34.

34 N. NILLES, De rationibus festorum SS. Cordis Iesu et purissimi Cordis Mariae, II (Innsbruck 51885) 12-15~lgunas estrofas de esra secuencia. «Gandeamus evnlrantes-Cordis lesn

El Oficio correspondiente trac tres himnos, para Vísperas, Nocturnos y Laudes, con las mismas características:

  1. b) Himno:«Iesu,paterni pectoris》35

Es el correspondiente a la hora de Visperas. En primer lugar se canta el Corazón de Cristo, como único Corazón, formado del Padre eterno y de la Virgen María. Es esta una idea muy querida de san Juan Eudes. Lue-go se presenta el Corazón de Cristo como víctima de amor y por lo mismo como Rey de los mártires. Se pide ser embriagado por ese amor. Como hostia de caridad se presenta el Corazón de Cristo, como salvación de los mortales,gracia abierta y redención de todos los hombres. Finalmente,se exhorta a todos a correr hacia el Corazón lleno de mansedumbre del Padre,a confiar en El, pues ama a todos y es incendio de amor. El autor se expresa en toda su inmensa devoción de que está lleno y desea que todos le sigan: ve al Corazón de Jesús como horno encendido de amor y quiere entregarse por completo a esas llamas para que lo devore: «flammis volo me tradere-me devoret mors ignea》.

  1. c) Himno:《Verbum caro rex cordium》36

Es el himno de los Nocturnos o Maitines, Se presenta el Verbo encar-nado como el supremo milagro del corazón del Padre eterno y se pide que la lengua de todos los hombres lo canten jubilosas.

En las estrofas siguientes se canta el Corazón de Cristo como arca regia de amor y sagrario de la Iglesia. La inmensa gracia que nos dio Je-sucristo fue que nos amó con todo su corazón, de tal modo que para que paguemos nuestras deudas se entregó a sí mismo. En la estrofa siguiente une en un solo amor el amor del Hijo y de la Madre,la Virgen María,que se entrega a todos los que lo quieran: O qualis baec dignado!- dat Cor Mariae Filius-dat Cor Maria Filio-utrumque dant volentibus. Pide

también, como en otras ocasiones, arder interiormente en el Corazón en-cendido de Cristo y que ese fuego, fuente de todos los carismas,se difun-da por todo el orbe.

  1. d) Himno:《Quid Corde regis cordium»3

Es el himno de Laudes. Contempla las maravillas del Corazón de Cristo y se ve impotente para celebrarlo como merece, pues es el Rey de todos los corazones. Continúan las estrofas celebrando las maravillas del amor de Cristo, que ha redimido con su sangre a las almas esclavas del demonio y pide, por eso, que le correspondan con gran amor,ale-jadas de toda ofensa a Dios por elpecado y que vivan ya para el amor:amore fac nos vivere.

  1. e) Himno:《Flammata Iesu pectora》 38

Es el himno para segundas Vísperas. Repite las mismas ideas con di-ferentes imágenes.Se canta a Cristo como sacerdote de los corazones,vic-tima singular para Dios, templo dignísimo y ara sacratísima.Le pide que inflame a todos los corazones de tal modo que sean mártires de amor:fac nos amoris martyres.

En el formulario compuesto por el P. José de Galliffet (1668) hay también himnos para el Oficio: «Cor, digna sedes numinis»39,«Iesu,voluptas cordium»40; «O Cor Deo par victima》 41. En todos ellos,como en todo ese formulario litúrgico para la Misa y el Oficio, se acentúa,aún más que en el formulario de san Juan Eudes, la ternura del amor de Cristo hacia los hombres, como ya tantas veces se ha expuesto. Se nota, además,un gran influjo de la devoción al Corazón de Jesús en Paray-le-Monial,con todo lo que esto lleva consigo de la antitesis entre el inmenso amor que Dios tiene a los hombres y la ingratitud de ellos para con Dios de no creer en ese amor, despreciarlo y ofenderlo. Como tantas otras veces en los formularios litúrgicos en honor del Corazón de Jesús, se centra en la Eucaristía, como síntesis de todas las maravillas que Dios ha obrado en favor de los hombres. Así comprende esta estrofa del himno de Laudes:

O Cor; Deo par victima,-altare sacratissimum-in quo perennis bostia-culpas piat mortalium.

Los tres himnos del Oficio aprobado por la S.C. de Ritos para las monjas benedictinas de la adoración perpetua subrayan la idea de la repa-ración de las ofensas al Corazón de Cristo. Es bien expresiva esta estrofa del himno de Visperas: Pange,lingua, Salvatoris…:

O Cordis ingrati scelus

O divina bonitas

Friget homo calet Deus

Abundat iniquitas

Ubi per te, Iesus meus,

Abundavit caritas 42.

El P. Nilles trae muchos himnos. Todos ellos interesantes por el fer-vor con que han sido redactados, y lo manifiesta de múltiples formas.Son en realidad pobres tanto en su forma poética cuanto en su contenido teológico. Pero todos ellos son expresiones muy sinceras de una realidad tremenda: el inmenso Amor de Dios para con los hombres y la ingrati-tud de estos para con Dios. Por lo cual se pide en todos ellos reparación,rectificación de vida y correspondencia de amor manifestada en diversas formas tanto en lo que se refiere de amor para con Dios como de amor para con los hombres por amor de Dios.

El Breviario Bracarense,publicado en Roma en 1922, trae para la fiesta del Corazón de Jesús dos himnos preciosos, que ya aparecian en el Breviario de los PP.Dominicos de 1757, en el de Chambéry de 1858 y en el Himnario de Solesmes del siglo pasado43.

  1. f) Himno:《Quicumque certum quaeritis》“

Es el himno para primeras ysegundas Visperas y Maitines. Se presen-ta a Cristo como cordero inocente que se entrega al sacrificio y se invita a todos a ese Corazón suave que ha sido revelado por la llaga del costado.Luego, inspirado en las palabras del Evangelio (Mt 11,25-30), el autor ex-horta a todos a escuchar las palabras del Salvador: «venid a mí todos los

que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré», que él extiende a todos los que están abatidos por los pecados. Canta la misericordia del Señor,sobre todo cuando desde la cruz ruega al Padre que perdone a los que le han crucificado (Lc 23,34). Canta al Corazón de Cristo como delicia de los que moran en la patria celestial y fundamento de la esperanza de los mortales. Finalmente, pide que limpie nuestros pecados con su propia sangre y que nos dé un corazón nuevo a todos los que le invocamos.

g)Himno:《Summi Parentis Filio》 f

Es el himno de Laudes de ese Oficio. Después de una aclamación a Cristo Hijo del Padre eterno, Padre del siglo futuro y Príncipe de la paz,canta el autor la herida de su costado que nos descubrió su inmenso amor.Son bien expresivas estas estrofas:

Qui vulncratus pectore

amoris ictum pertulit

ut nos amoris aurea

rursus feriret cúspide.

Jesus,doloris victima

quis te innocentem compulit

dura ut apertum lancea

latus pateret vulneri?

O fons amoris inclyte!

O vena aquarum límpida!

O flamma adurens crimina

O Cordis ardens caritas!

In Corde,Iesus,iugiter

reconde nos,ut uberi

dono fruamur gratiae

caelique tandem praemiis.

La última estrofa es como en el anterior. Se nota en este himno tam-bién la idea de la reparación, como consecuencia lógica de la contempla-ción verdaderamente comprometida del amor de Cristo que le llevó a entregarse por nosotros hasta morir en una cruz. Es esto muy valioso en todo lo que se refiere al Corazón de Jesucristo: a su teología y a su culto.

Sin duda alguna, los tres himnos mejores compuestos para la fiesta del Corazón de Jesús son los de F. Bruni (1771).Son los que mayor fun-cionalidad han tenido, pues se han cantado en toda la Iglesia que sigue el

rito romano, yaún quedan dos de ellos en la Liturgia de las Horas promul-gada por Pablo VI. Son los tres siguientes:

  1. h) Himno:«Auctor beate saeculi》 46

Es el himno de Maitines del Oficio anterior a la reforma de Pablo VI,y en la reforma actual ha pasado al himno de Visperas. En Ia primera estrofa se canta a Cristo como creador de todo el mundo y redentor de las almas, para hacer inmediatamente una profesión de fe en su divinidad:Luz de luz,Dios verdadero de Dios verdadero.En la segunda se manifies-ta que fue el amor divino el móvil de la Eucaristía, para restaurar, como nuevo Adán, lo que el otro había destrozado. Fue el amor de Cristo el ar-tífice del orbe, el que se compadeció del hombre y rompió las cadenas de nuestra esclavitud. Por eso se le pide en otra estrofa que no apague la llama encendida en su Corazón, sino que siga manando amor misericordioso esa fuente inexhausta. Es ya un canto de correspondencia a ese inmenso amor divino. Se aprecia su valor. Se insiste más en ello al recordar que para eso padeció Cristo sus heridas en su Pasión y muerte ysobre todo la herida del costado,a fin de que por el agua y la sangre que de ella brotaron sean lavadas nuestras culpas. La doxología se ha modificado en el Oficio actual,y con buen criterio, pues se subraya aún más el tema del Corazón de Cristo, se da gloría a Jesús,«que de su pecho mana gracia», juntamen-te con el Padre y el Espíritu Santo, según la impronta trinitaria que tiene casi siempre la doxología de los himnos litúrgicos.

  1. i) Himno:《En ut superba criminum》47

Se ha suprimido en el Oficio actual. En el Oficio anterior es el him-no de Vísperas. En la primera estrofa se hace una sentida confesión de culpabilidad en cuanto que considera el orgullo y la crueldad de nuestros pecados, formando una sola cosa para herir el Corazón de Dios, que me-

recía otro trato por nuestra parte. Se insiste en la misma idea en la estrofa siguiente: fueron nucstros pecados los que dirigieron la lanza del soldado que traspasó el costado de Cristo: el crimen mortal (el pecado) es el que agudizó el extremo del hierro cruel. Es una consideración útil en orden a la reparación que lo referente al Corazón de Jesús siempre ha llevado con-sigo, como vimos en los himnos del Medievo. Volverá de nuevo el autor sobre este tema tan importante. Pero antes inserta dos estrofas con te-mas que ya fueron tratados por los Santos Padres y escritores medievales,como una fuerte impronta tcológica. En la primera estrofa se alude a la Iglesia,que brota del costado abierto de Cristo, como su propia Esposa,a semejanza de Eva, formada del costado de Adán. Esa herida es como la puerta del arca, abierta para la salvación de los hombres. De allí, de esc corazón brota la gracia divina en siete chorros, y el autor exhorta a todos a purificarse en la Sangre del Cordero sin mancilla. El pensamiento,como se sabe, es antiquísimo en la tradición de la Iglesia. Oigamos un buen testimonio del mismo san Juan Crisóstomo, que lo recuerda en sus Catequesis y la Liturgia de las Horas lo ha recogido para la segunda lectura del Viernes Santo:

:Quieres saber el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recordemos los antiguos relatos de Egipto,Inmolad,dice Moisés, un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa… en esta sangre se con-tiene una profecía de la sangre del Señor… Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los sol-dados se acercó con la lanza, y le traspasó el costado, y al punto salióagua y sangre: agua como símbolo del Bautismo; sangre como figura de la Eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada… He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del Bautismo y de la Eucaristía. Pues bien:con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia… Del costado de Jesússe formó,pues,la Iglesia,como del costado de Adán fue formada Eva… De la misma forma que Dios hizo a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salida de su costado, para edificar la Iglesia…Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, con-siderad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos 48.

576    IV. Liturgia

Después de estas bellísimas imágenes, tan tradicionales en la Iglesia,el autor vuelve al tema de la reparación: es perverso volver a los pecados que han traspasado un corazón noble; por el contrario, lo que hemos de hacer es encender aún más nuestros corazones con la llama del amor que lo consume.

  1. i) Himno:《Cor arca legem continens》

Es el himno para el Oficio de lecturas en la liturgia actual y de Laudes en el Oficio anterior. Sigue el tema del Corazón de Cristo traspasado por la lanza del soldado, según imágenes bíblicas, para subrayar de nuevo el inefable amor de Cristo y la correspondencia que esto exige por nuestra parte como signo de reparación. En la primera estrofa canta al Corazón de Cristo como Arca de la Ley nueva, Ley de gracia, de perdón y dé mise-ricordia.No ley de vieja servidumbre.Presenta luego el Corazón de Cris-to como sagrario nuevo de alianza eterna, Templo mejor que el antiguo,velo que al otro supera. Herido de caridad, dejó su llaga abierta, para que honremos la fuente de amor y que pueda verse. Bajo este símbolo humano se esconde una pasión mística y cruenta,y fue el mismo Cristo sacerdo-te quien ofreció ese doble sacrificio. Quién dejará de volver amor por amor?&Quién de los redimidos por Cristo no se ofrecerá a sí mismo y se entregue a Cristo en caridad perpetua? Es esta la única respuesta lógica a quien ha contemplado el gran misterio de amor realizado por Jesucristo.Y esta es la quinta esencia de todo cuanto se refiere a la teología y al culto del Corazón de Jesucristo.

  1. k) Himno:《Iesu auctor clementiae》 50

Está tomnado del «Jubilus»: Iesu dulcis memoria. Se han escogido esas estrofas para el himno de Laudes de la solemnidad del Corazón de Jesús

en el libro de la Liturgia de las Horas, promulgado por Pablo VI. Todo ese «Jubilus» encaja perfectamente en el culto al Corazón de Jesús, aun sin nombrarlo expresamente. Se presenta a Cristo como autor de clemencia,de esperanza y de alegría, fuente de gracia y de dulzura, plena delicía del hom-bre. Es paz del quien lo invoca. En El confia quien se convierte de su mala vida. Es bueno para el quellama y llena de felicidad a quien lo encuentra.Su amor y su cariño es sabroso alimento del alma, que la llena y aumenta su apetito.Siguen estrofas en las que se manifiesta el deseo ardiente que siente el alma de estar junto a Jesucristo, suprema benignidad,gozo que a.alma extasía y bondad siempre inabarcada. Se le pide que se quede con nosotros,wpues clarea el nuevo día». (No responde al Evangelio de los discípulos de Emaús, pero es un tema común en la himnografía cristiana. Lo exige asi la hora de Laudes en que se ha colocado este himno). Todas estas ansias del alma verdaderamente apasionada por Jesucristo están impulsadas por su inmensa caridad. La doxologí es muy del gusto de san Juan Eudes: Se da alabanza sin límites a Jesús, que es amor y dulzura, flor de la Virgen María.

La relación de himnos referentes al Corazón de Jesucristo podría pro-longarse largamente.Pero creemos que la muestra presentada es suficiente para mostrar la parte importante que tales himnos han tenido y tienen en orden a la doctrina y culto al Corazón de Jesucristo, tal como la Iglesia lo ha manifestado en no pocos documentos, sobre todo de los Romanos Pontífices. Los himnos, que tienen una misión tan importante en la li-turgia, se prestan más que otros textos para expresar y difundir aspectos diversos de la doctrina y veneración al misterio celebrado.

De todo lo expuesto deducimos las conclusiones siguientes:

1.La transfixión del costado de Cristo tiene un relieve peculiar en la evolución y manifestación del culto y doctrina concerniente al Corazón de Jesucristo. Tiene, por lo mismo, su origen en el Evangelio.Sobre este hecho, en la Pasión y muerte de Cristo existe una copiosa literatura pa-trística,medieval y moderna. Sobre todo en diversos documentos del Ma-gisterio de la Iglesia,especialmente el pontificio. Desde el siglo vilt hasta nuestros días lo han manifestado los himnos litúrgicos como matices de alto valor eucológico,teológico y espiritual. La consideración de este he-cho evangélico,alentado por esos himnos, ha dado copiosos frutos de san-tidad. Es bueno recordar que Pío XI, Pío XII y Pablo VI, en documentos importantes sobre el Corazón de Jesús, han subrayado este hecho:

Pío XI, en la encíclica Miserentissimus Redemptor, del 8 de mayo de 1928, decía: «Como la consagración confiesa y afirma la unión con Cristo,así la expiación incoa esta misma unión, borrando las culpas, la

perfecciona participando de los padecimientos de Cristo y la consuma ofreciendo sacrificios por los hermanos. Y ciertamente fue este el designio de Cristo cuando quiso descubrirnos su Corazón, llevando los emblemas de su pasión y ostentando las llamasde caridad…Los pecadores,segura-mente, viendo al que traspasron y conmovidos por los gemidos y llantos de toda la Iglesia, doliéndose de las injurias inferidas al sumo rey,se arre-pentirán…》.

Es en Pto XII donde tiene un relieve especial la Transfixión de Cristo,sobre todo en su gran encíclica Haurietis aquas, del 15 de mayo de 1956,que comienza con el texto de Isafas (12,3),tan relacionadlo en los tex-tos litúrgicos que hemos mencionado con la Transfixión y con el pasaje de san Juan (7,37-39) que, poco más adelante, cita el mismo Pontífice y le evoca el «agua viva》 de los vaticinios de Isaías, Ezequiel y Zacarías,anunciadores del reino mesiánico,y con la piedra simbólica, golpeada por Moisés, temas que hemos visto en los himnos litúrgicos antes citados.Luego afirma que «el amor del Redentor, del que es índice y símbolo vi-viente su Corazón traspasado» (n.4); «Del costado de Cristo manó agua que lava y sangre que redime; por eso la sangre es propia del sacramento de la Eucaristía y el agua del sacramento del Bautismo…

Lo que aquí se afirma del costado de Cristo, eso mismo hay que decir de su Corazón herido… Por eso la herida del Corazón de Jesús ha sido a través de los siglos una imagenviva de aquella espontánea caridad con la que Cristo nos amó tan ardientemente que se inmoló a sí mismo por no-sotros en el Calvario» (n.59); «Aunque el Corazón traspasado del Salva-dor siempre ha arrastrado ardientemente a los hombres a dar culto a ese infinito amor con que se abraza a todos los hombres,sin embargo hay que reconocer que sólo gradualmente llegó el Corazón a ser objeto de culto especial como imagen del amor humano y divino del Verbo encarnado》(n.50). Fundado en la liturgia, antes había dicho que «del corazón abier-to nace la Iglesia unida a Cristo»(n.39).

Pablo VI, en la breve pero enjundiosa carta apostólica Investigabiles divitias, del 6 de febrero de 1965,decía que el culto al Sagrado Corazón se concrete en la participación de la Eucaristía, y añade: «aquel cuyo Co-razón fue abierto por la lanza del soldado y derramó sobre todos los hom-bres su sangre con el agua», El comienzo que esa carta es ya sumamente expresivo: «Las del divino Redentor…las ha iluminado el creciente culto al Corazón de Jesús, con tal claridad en los últimos tiempos que se han seguido gozosos frutos para la Iglesia».

Por eso, creo que hay que tener gran cautela al asentir a determina-dos pastorlistas que opinan que sería conveniente que el término «co-

razón» pase cada vez más a segundo plano y en cambio insistir más en el asunto mismo de que se trata. Piensan que la expresión «Corazón de Jesús» carga ya con un lastre que la gente lo asocia espontáneamente con un sentimentalismo de otros tiempos, y que la palabra «culto» y «devo-ción» lleva por sí mismo a pensar en ciertas formas de devoción que ya no atraen, tales como la devoción a las cinco llagas y otras 5′. Según el P.Heer,la supresión de esa expresión sería una gran pérdida. Pero, al mismo tiempo, ve la importancia de la Transfixión en la tradición de la Iglesia,que sugiere se diga:《Corazón traspasado》52.

  1. Los himnos litúrgicos subrayan mucho que se trata del Corazón de Jesucristo, Dios y Hombre. Por eso al comienzo de esos himnos y en otros lugares se hace expresa profesión de fe en la divinidad de Jesucris-to: Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Es la base del culto que propugnan. Es expresión también del amor infinito de Jesucristo.Como precisó Pío XII en la citada encíclica Haurietis aquas: «Para po-der comprender más exactamente la fuerza que los exegetas del Antiguo y Nuevo Testamento dan a los textos que se refieren a esta espiritualidad,convendrá saber bien el motivo que induce a la Iglesia a tributar culto de latría al Corazón del Redentor. Tal motivo, como bien sabéis, es doble:el primero, que se aplica también a los demás miembros del Cuerpo de Cristo, se funda en el hecho conocido de que su Corazón, por ser una parte de la naturaleza humana, está unido hipostáticamente a la Persona del Verbo,y, por lo tanto, se le ha de tributar el mismo culto de adoración con que la Iglesia honra a la Persona del mismo Hijo de Dios encarnado.Se trata de una verdad de fe católica ya definida solemnemente en el Con-cilio ecuménico de Éfeso y en el II de Constantinopla. El otro motivo,que se refiere de una manera especial al Corazón del Redentory que,por la misma razón, exige le tributemos un culto de latría, proviene de que su Corazón, más que ningún otro miembro de su Cuerpo, es el índice natural o símbolo de su inmenso amor a los hombres》53,El Papa citaba a continuación las palabras de León XIII en su encíclica Annum sacrum:«En el Sagrado Corazón se encierra el símbolo y expresión de la infinita caridad de Cristo que nos mueve a amarnos mutuamente»54. Pero el sím-bolo y lo simbolizado no puede separarse.
  2. En los himnos litúrgicos antes examinados se pide una correspon-dencia de amor. Es lo mismo que han enseñado reiteradas veces los pa-pas de los últimos tiempos. Pío XII decía en la citada encíclica Haurietis aquas: «El culto al Corazón de Jesús es un culto al amor con que Dios nos amó por medio de Jesús, y al mismo tiempo un ejercicio de amor nuestro con que amamos a Dios y a los demás hombres. O de otra manera,este culto se dirige al amor de Dios con nosotros, proponiéndolo como objeto de adoración, de acción de gracias y de imitación, y tiene por fin la perfección de nuestro amor a Dios y a los hombres» (n.60). En 1969decía Pablo VI:

… si uno, decimos, comprende que es objeto de un amor tan gran-de, no puede en modo alguno permanecer impasible.

Este es el origen del culto al Corazón de Jesús, ya que sabemos que la expresión Čorazón es símbolo, señal, síntesis de nuestra reden-ción, vista en la interioridad divina y humana de Cristo. Jesús nos ha amado, dice el Concilio, incluso con corazón de hombre.jǐ de quémanera! Hijos carísimos, esabéis estas cosas? ;Cómo tratáis de res-ponderlas?

4.Los himnos litúrgicos que hemos presentado nos hablan con fre-cuencia de reparación, aunque no empleen esa palabra. Contemplan el Corazón de Jesús herido por nuestros pecados y piden toda la satisfac-ción que podamos dar por nuestra parte,de modo especial abstenién-dose de nuevos pecados y ofreciendo la propia vida. Es lo mismo que los Sumos Pontífices han pedido a todos los fieles desde Pío IX hasta Juan Pablo II: Pío IX en la fórmula de Consagración del 22 de abril de 1875,decía:«Ojalá pudiera yo dar a vuestro Corazón alguna satisfacción y reparar tanta ingratitud y desinterés como recibís de la mayor parte de los hombres».

Pío XI tiene párrafos apremiantes en orden a esa satisfacción al Co-razón de Jesucristo;

Todos los cristianos, linaje escogido, real sacerdocio,deben por sí y por todos los hombres ofrecer sacrificios por los hermanos;y este fue el designio de Cristo cuando nos descubrió su Corazón con los emblemas de su pasión y llamas de caridad: que, viendo de una parte la malicia infinita del pecado y de otra la infinita caridad del Reden-tor, con más vehemencia detestásemos el pecado y con más ardor co-rrespondiésemos a su caridad… El espíritu de expiación y reparación siempre ha sido lo más importante del culto al Corazón de Jesús,ni hay nada más conforme con el origen, índole, virtudes y prácticas pro-pias de esta espiritualidad (Miiserentissimus Redemptor).

Las mismas palabras las emplea Pío XII en diversos lugares de su Car-ra encíclica Haurietis aquas.

Paulo VI, el 14 de junio de 1966, decía: «Estas dos características de amor y reparación son de todos los tiempos. Y hoy, no dudamos en decir-lo,más actuales que nunca».

Juan Pablo II, en la alocución que tuvo en la basílica de Montmartre en París, el 1 de junio de 1980, decía: «Aquí venimos al encuentro del Corazón traspasado por nosotros, del que brotaron el agua y la sangre.Es el amor redentor, el origen de la salvación, de nuestra salvación, el ori-gen de la Iglesia… Así somos llamados a responder plenamente a su amor,consagrarle nuestras actividades, nuestro apostolado, toda nuestra vida.No estamos llamados sólo a meditar y a contemplar este misterio de amor de Cristo; estamos llamados a participar en él… Vivid de este mensaje que,del evangelio de san Juan a Paray-le-Monial, nos llama a entrar en su misterio» 55. Pocos días después, el Papa, en la alocución dominical del 8de junio, en la plaza de San Pedro, de Roma, decía: «…la visita a la basílica del Sagrado Corazón en Montmartre, donde desde hace casi un siglo per-dura la adoración incesante al Santísimo Sacramento,sin intervalo,dia y noche. Y sin intervalo hay allí hombres que oran, que adoran, que, en el espíritu de santa Margarita María, ofrecen reparación a ese Corazón que tanto ha amado al mundo y al hombre de este mundoy que tantos ultrajes y olvidos recibe de él》56.

También aluden los himnos litúrgicos a otros muchos temas que los Romanos Pontífices han tratado en orden a la doctrina y culto al Corazón de Jesucristo, como la Eucaristía, la acción social, el amor al prójimo, la consagración,etc.

Esto nos muestra el sano criterio de los compositoresde tales himnos usados en la Liturgia de la Iglesia, que desde tiempos muy antiguos han descubierto, vivido y expresado las insondables riquezas del Corazón de Jesucristo y han actuado en consecuencia, alimentando así una robusta espiritualidad que ha dado copiosos frutos de vida integramente cristiana y ejemplos sublimes de santidad.