El Corazón de Jesús en la liturgia de la Iglesia

Sagrado Corazón de Jesús
Por Aurelio GARCÍA MACÍAS

Una de las celebraciones litúrgicas y devociones espirituales más populares en el pueblo cristiano, al menos en el occidente latino, es la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Aunque la idea que subyace a esta esta se remonta a la espiritualidad cristiana de los orígenes del Cristianismo, sin embargo, como fiesta litúrgica es relativamente reciente. Podríamos decir que se trata de la última fiesta solemne insertada en el ano litúrgico, y vinculada al tiempo que conmemora el misterio pascual de Jesucristo.

Aunque inicialmente el año litúrgico conmemora los acontecimientos históricos de la vida de Jesús como aspectos particulares del único misterio de Jesucristo, sin embargo, con el correr del tiempo y debido a la influencia de la reflexión teológica, se desarrollan fiestas litúrgicas que celebran aspectos teológicos del misterio de Cristo. De tal forma que el año litúrgico se conforma a modo de un prisma poliédrico de diferentes caras, en el que se conmemoran acontecimientos históricos de la vida de Jesús y aspectos teológicos de ese misterio. La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús no conmemora ningún factum bistoricum. Se trata más bien de la conmemoración litúrgica y devocional de una idea teológica: el amor de Dios revelado en Cristo y manifestado sobre todo en su pasión. El corazón herido de Cristo se presenta como símbolo del amor de Dios a los hombres.

Los avatares históricos por los que ha pasado esta devoción reflejan ciertas dificultades en la comprensión clara de su contenido. Hasta el punto de que el devocionalismo medieval tergiversará el contenido primigenio de esta fiesta litúrgica, Gracias a los esfuerzos del movimiento litúrgico, especialmente desde principios del siglo XX, comenzó a resituarse el contenido dogmático de esta fiesta y vincularlo a la celebración del misterio pascual de Jesucristo, Los papas del siglo pasado, especialmente Pío XII, estimularon a los teólogos para reflexionar sobre la importancia teológica de esta fiesta. Sus trabajos contribuyeron a combatir la imagen reductiva de una devoción sentimental y dieron pasos para considerarla como una celebración litúrgica del misterio pascual de Cristo

Los teólogos del movimiento litúrgico apoyados por los papas precedentes al Concilio Vaticano II se esforzaron en redescubrir la liturgia como la fuente fundamental de espiritualidad cristiana. Los estudios referentes al Sagrado Corazón de Jesús descubrieron también que las raíces históricas de esta fiesta proceden de un substrato litúrgico, basado en los textos bíblicos neotestamentarios, gracias al cual esta devoción se ha mantenido hasta hoy.

  1. Aspectos históricos: de la devoción a la liturgia

Los teólogos que promovieron el retorno a las fuentes bíblicas, patrísticas y litúrgicas descubrieron las raíces profundas de la devoción al Sagrado Corazón en la doctrina de la Iglesia antigua. No cabe duda que esta devoción se fundamenta en varios textos de la Sagrada Escritura, especialmente neotestamentarios. Destacamos especialmente dos perícopas del evangelio de Juan:

-Juan 7,37-38:

El que tenga sed, que venga a mí y beba: el que cree en mí, como dice la Escritura, de sus entrañas manarán ríos de agua viva.

Jesús alude a la profecía de Ezequiel que anuncia el agua viva que brota del templo (Ez 47,2). Los cristianos ven cumplida también la profecía de Isaías 55,1.3 en el costado abierto de Jesús en la cruz. El agua que mana de su costado es metafóricamente interpretado como el río de agua viva que ofrece el agua de la salvación a los hombres.

-Juan 19,33-34:

Al llegar a Jesús y verlo muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y seguidamente salió sangre y agua.

Es el texto que relata la «transfixión» de Jesús muerto en la cruz La contemplación del costado traspasado por la lanza del soldado y, por tanto, del Corazón traspasado y herido, del que brota sangre y agua, será un tema recurrente en la contemplación patrística del misterio de Jesucristo.

Hemos de hacer referencia también a otros textos que la tradición cristiana vinculará al misterio del corazón amoroso de Jesús. Tanto el apóstol Pablo en la carta a los Romanos (Rom 3,25;8,28-39) como Juan en la primera carta y en el evangelio (1 Jn 4,9; Jn 7,37; 18, 34-37) tienen expresiones que ayudan en la contemplación de este misterio de amor manifestado en el corazón herido de Jesús.

 

  1. Los fundamentos litúrgicos antiguos

Algunos Padres de la Iglesia relacionaron diferentes textos bíblicos en torno al misterio del Corazón traspasado. Se fijan sobre todo en el texto de la transfixión, Conciben el Corazón de Cristo como la «fuente de la vida» (fons vitae) de la que manan la Iglesia y los diversos sacramentos. Para san Agustín y todo el agustinismo teológico posterior, la Iglesia nace del costado herido de Cristo en la cruz. La sangre y el agua simbolizan la Eucaristía y el Bautismo, es decir, los sacramentos fundamentales para comunicar la gracia de Dios y la vida eterna.

Los textos bíblicos que se refieren al misterio del Corazón traspasado de Jesús se proclamaban particularmente en las celebraciones litúrgicas del triduo pascual, en especial el Viernes Santo. La pervivencia de estos textos en la liturgia mantuvo la meditación eclesial de este aspecto particular del misterio de Cristo y alimentó la devoción del pueblo cristiano. Muchos de los textos bíblicos propios del triduo serán los textos seleccionados para las lecturas bíblicas de la misa del Sagrado Corazón de Jesús e inspiraron la eucología de esta fiesta.

 

  1. Desarrollo histórico hacia la devoción privada

La mística medieval alemana y francesa desarrolló la devoción al Corazón de Cristo traspasado por la lanza y ejerció una notable influencia en la piedad de los siglos XII y XIII. A finales del siglo XIII, la devoción al Corazón de Jesús se distingue de la meditación de la pasión, e incluso, el símbolo del Crucificado va siendo sustituido por la iconografía del corazón visible en el pecho de Cristo. Varios factores pudieron contribuir en este cambio: la exégesis mística del Cantar de los Cantares, la doctrina de la Iglesia como Esposa de Cristo y la piedad eucarística, sobre todo a partir de la introducción de la fiesta del Corpus Christi en 1264.

Los grandes representantes de la teología monástica medieval al contemplar los textos litúrgicos desarrollan en sus escritos los temas bíblicos a propósito de la herida sagrada de Cristo. Por tanto, todavía en la Edad Medía la devoción al Sagrado Corazón permanece vinculada a la Biblia y a la liturgia. Sin embargo, a partir de este momento comienza un proceso en el que el sentimiento va a suplantar el protagonismo de los textos bíblicos y litúrgicos. Se desarrolla una actitud de compasión personal hacia el misterio de la muerte y la transfixión de Cristo. Se trata de una piedad colectiva y común a toda la Iglesia, particularmente en el monacato, en continuidad con la herencia patrística, y en el marco de la liturgia. Pero espontáneamente se transformará con el paso del tiempo en una contemplación personal y privada del costado herido y en una focalización exclusiva en su corazón. A partir del siglo XII la alusión al «corazón» de Jesús va a ser cada vez más frecuente.

San Bernardo manifiesta en sus numerosos escritos su gran devoción por la pasión de Cristo, concretada en los distintos miembros de su cuerpo y, especialmente, en el Corazón traspasado. San Buenaventura y toda la espiritualidad franciscana contribuyeron a difundir esta devoción al amor ardiente expresado en el Corazón de Cristo traspasado por la lanza, y posteriormente se centrarán en las «cinco llagas» del cuerpo del Crucificado, destacando la llaga de su Sagrado Corazón. La escuela dominicana prosigue esta mística medieval en miembros tan eminentes como san Alberto Magno y santa Catalina de Siena.

Conviene subrayar la importancia de las revelaciones privadas femeninas para el impuso de esta devoción privada medieval. Algunas santas monjas alemanas e italianas, en sus diálogos íntimos con el Señor se dejan impresionar por el amor del Corazón de Cristo. Destacamos en Italia a santa Margarita de Cortona y a la beata Ángela de Foligno, que escribe y describe todas sus visiones, de gran importancia para conocer la sensibilidad espiritual de esta época, En Alemania se significan la joven oblata benedictina, santa Lutgarda; y las monjas de Helfta, santa Matilde y santa Gertrudis la Grande, que extienden a través de su visiones y revelaciones el amor al Corazón de Cristo, ya presente en los Bolandos y en otras dos monjas: María de Oignies y Lutgarda d’Aywières.

Pero tras este momento de esplendor de las revelaciones privadas del monacato femenino alemán e italiano, que alentaron la contemplación del amor de Cristo expresado en las llagas de su costado y corazón, esta devoción decae progresivamente. Al llegar la espiritualidad de la devotio moderna, propiciada por los jesuitas en el siglo XVI y los oratorianos franceses del siglo XVII, recuperan el dinamismo de esta devoción y extienden su culto por toda Europa. Los grandes iniciadores de la devoción pública al Corazón de Jesús en la edad moderna son: san Juan Eudes, santa Margarita María de Alacoque y san Claudio de la Colombière. En el ámbito del clero destaca la iniciativa de Claret de la Touche.

En la segunda mitad del siglo XVII, el oratoriano Juan Eudes (1601- 1680)fundamenta esta devoción en la teología de san Juan y consigue que su Congregación pueda celebrar en su comunidad y con el permiso del obispo de Rennes, una fiesta en honor del Corazón de Jesus el 20 de octubre de 1672 con textos para la misa y el Oficio divino compuestos por él La fiesta está limitada a su Congregación, pero en poco tiempo san Juan Eudes logrará que se permita su culto en la diócesis de Rennes y otros lugares, estableciendo como día propio el 30 de agosto.

Las apariciones de santa Margarita María de Alacoque (+1690) dan un nuevo impulso a esta devoción y culto. Esta monja francesa de la orden de la Visitación fue quien impulsó la idea que cristalizaría en una nueva fiesta del calendario litúrgico universal. Entre 1673 y 1675 tuvo en su convento de Paray-le-Monial una serie de visiones en las que Cristo le habló pidiéndole que trabajase por la institución de una fiesta del Sagrado Corazón, que debería celebrarse el viernes después de la octava del Corpus Christi.

Es una época en la que las revelaciones privadas concernientes al Corazón de Jesús influyen y condicionan la liturgia.

 

  1. La recuperación del contexto litúrgico

La enorme difusión de esta devoción despertó un creciente entusiasmo en el pueblo cristiano por celebrar esta fiesta en el calendario litúrgico anual. De tal forma que la Santa Sede recibió numerosas y constantes peticiones para dar un carácter universal a esta fiesta (en 1687, 1697 y 1729), Pero los dicasterios romanos adoptaron una actitud reservada en cuanto al carácter litúrgico de esta devoción. Tuvieron que pasar casi cíen años hasta que fue admitida en el Calendario de la Iglesia universal. El primer reconocimiento oficial de Roma se debe al papa Clemente XIII, que en 1765 concede esta fiesta a los obispos polacos y a la archicofradía romana del Sagrado Corazón.

Pío IX en 1856,bajo la protección del abad benedictino Dom Guéranguer, la introduce en el Calendario de la Iglesia latina como festividad universal, fijando como día propio el tercer viernes después de Pentecostés. Unos años más tarde, el papa León XIII anunció el 25 de marzo de 1899 en la encíclica Annum sacrum, la consagración del mundo al Corazón de Jesús y cumplió su deseo el 11 de junio de 1899. Este significativo gesto propició la importancia litúrgica y popularidad de esta devoción.

Pío XI, en su encíclica Miserentissimus Redemptor, publicada el 8 de mayo de 1928, asoció a la devoción del Corazón de Jesús, la idea de la reparación, la imploración del perdón y de la expiación. El mismo Papa, junto a Dom Henri Quentin, se esforzó en componer una misa y un oficio propios para esta fiesta, preocupándose para que la doctrina suplantara el protagonismo del sentimiento. Fruto de esta colaboración conjunta es la misa Cogitationes, promulgada en 1929. Además este papa elevó el rango litúrgico de esta fiesta («doble de primera clase») e igualó su Octava a las de Navidad y la Ascensión.

Es en esta época cuando se difunde esta fiesta hasta entrar en la entraña de la piedad popular. El cardenal Pie llega a afirmar que «el culto del Sagrado Corazón es la quintaesencia del cristianismo, el compendio y sumario de toda la religión. El cristianismo, obra de amor en su principio, en su progreso y consumación, con ninguna otra devoción se identificará tan absolutamente como con la del Sagrado Corazón».

El 15 de mayo de 1956, con motivo de la celebración del centena-rio de la institución universal de esta festividad, Pío XII publicó la encíclica Haurietis aquas en la que describe la devoción al Corazón de Jesús como la «quintaesencia de todo el misterio de nuestra redención». Esta comprensión teológica de la espiritualidad cristiana de este tiempo inspira la misión de numerosas cofradías e instituciones eclesiales que llevan el nombre del Corazón de Jesús, y se fomenta la veneración del Sagrado Corazón en imágenes, oraciones, estampas…hasta el extendido rito de la entronización de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en los hogares cristianos.

A finales del siglo XX se experimentó una nueva decadencia de esta devoción tradicional de la Iglesia. El esfuerzo de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II trató de privilegiar la celebración del misterio pascual de Jesucristo en la liturgia, y reorientó las devociones del pueblo cristiano en conexión y unidad con las celebraciones del año litúrgico.

Este somero recorrido histórico descubre la relación existente entre la devoción del misterio del Corazón traspasado de Jesús y la celebración de su misterio pascual, de donde toma todo su sentido. No se puede establecer por tanto, una oposición entre la liturgia y esta devoción: son dos manifestaciones no discordantes de una misma tradición de la Iglesia. A lo largo de los siglos, la Iglesia siempre ha mirado y venerado el Corazón traspasado de Jesús; pero ha sido la liturgia la que ha alimentado esta devoción a través del tiempo.

 

  1. Aspectos litúrgicos: la fiesta litúrgica actual

En la breve historia de esta festividad se han sucedido diversos formularios eucológicos para la misa y la liturgia de las horas. Es un dato que demuestra la dificultad histórica en fijar con exactitud el objetivo de esta celebración4.

 

  1. Eucaristía

Es significativo que se hayan compuesto nueve misas aprobadas por la autoridad de la Iglesia para esta fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

– La primera misa compuesta por san Juan Eudes data de 1668.El tema central de los textos eucológicos se centra en la transfixión (Jn 19,34)relacionándolo con un versículo del Cantar de los Cantares(2,14).

-La segunda misa de 1688 retoma los dos textos anteriores y propone para eI aleluya el versículo del Cantar de los Cantares: Vulnerasti cor meum(4,9).

-La tercera misa de 1694 no hace ninguna alusión al costado herido, se va perdiendo la referencia bíblica central de la fiesta; y comienza a privilegiarse el sentido devocional sobre el litúrgico.

-La cuarta misa data de 1696: se centra en la contemplación de las cinco llagas de Jesús Crucificado y se proclama el texto evangélico de la transfixión.

-La quinta misa de 1765 no recuerda ya el texto referencial del costado traspasado de Jesús.

-La sexta misa de 1771 vuelve a recoger el tema de la transfixión en el versículo del gradual y en el prefacio.

– En la séptima misa de 1778 denominada Egredimini, desaparecen finalmente los temas constantes de la tradición vinculados a esta celebración. Ya no es la liturgia la que alimenta la devoción, sino que los textos litúrgicos están impregnados del sentimiento devocional. Esta misa permanecerá vigente más de siglo y medio en el Misal romano y difunde el sentido devocional de esta fiesta litúrgica.

-La octava misa promulgada por Pío XI en 1929,denominada Cogitationes por la Antífona de entrada tomada de Sal 32,11.19 (Cogitationes condis.. «Los pensamientos de su corazón duran de una generación a otra para arrancar sus almas a la muerte y sustentarlos en tiempo de hambre»),recupera el tema de la transfixión y el versículo del salmo 26: Improperium cxpectavit cor meum5. La revisión que hizo Pío XI quedó en vigor desde 1928 hasta la reforma del Concilio Vaticano II en 1968.

-La misa propuesta en el Misal de 1970 retoma en gran parte los tex-tos del formulario Cogitationes promulgado por Pío XI en 1929 y lo enriquece con nuevas lecturas bíblicas distribuidas en el ciclo trienal ¿Cuáles son las ideas subyacentes en los textos litúrgicos de la misa actual?

 

  1. Lecturas bíblicas

El Misal de 1570 ofrecía dos lecturas para esta fiesta: Ef 3,8-19 y Jn 19,31-37.La reforma litúrgica actual ha seleccionado varias lecturas bíblicas para esta solemnidad distribuidas en los tres ciclos del leccionario. El tema predominante de todas las lecturas es el amor revelado y donado en Cristo Jesús.

En el ciclo A se ha seleccionado como primera lectura: Dt 7,6-11;la segunda lectura: 1 Jn 4,7-16;y el evangelio: Mt 11,25-30.La experiencia de la elección divina vivida por el pueblo de Israel tiene su origen en la iniciativa gratuita de Dios, Este amor divino se revela en toda su evidencia cuando envió a su Hijo al mundo para liberarnos del pecado.

Las lecturas elegidas para el ciclo B son: Os 11,1-9; Ef 3,8-19 y Jn 19,31-37.La insistencia de esta tríada de lecturas subraya el amor de Dios a la humanidad manifestado en Cristo Jesús. El apóstol Pablo se siente heraldo del amor de Dios. Este amor se va desplegando a lo largo de la historia en un plan llevado a cabo cuidadosamente y que alcanza su punto culminante en Cristo. Su tarea como apóstol es proclamar el infinito

tesoro de Cristo. Es un amor dirigido a todos los hombres, universal. La lectura evangélica centra nuestra atención en la transfixión, es decir, la contemplación del costado traspasado de Cristo, que podría considerarse el texto fundamental de esta fiesta.

En el ciclo C se proclaman los textos de Ez 34,11-16; Rom 5,5-11y Lc 15,3-7. Este ciclo desarrolla el tema de la misericordia de Dios que alcanza la plenitud de su realización en Jesús, Buen Pastor en busca de la oveja perdida.

 

  1. c) Formularlo eucológico

La eucología del misal actual retoma en gran parte los formularios compuestos por el abad benedictino Henri Quentin con la colaboración personal de Pío XI en 1928. Se ha provisto de una nueva oración Colecta alternativa y la Oración después de la comunión ha sufrido importantes retoques.

Las dos oraciones Colecta actuales:

Dios todopoderoso, al celebrar la solemnidad del Corazón de tu Hijo unigénito recordamos los beneficios de tu amor para con nosotros; concédenos recibir de esta fuente divina una inagotable abundancia de gracia. Por nuestro Señor.

¡Oh Dios!, que en el corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad: te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por nuestro Señor.

La primera oración, de nueva composición, se refiere al Corazón de Cristo como fuente de toda gracia y bendición, recuerda y se alegra de los beneficios recibidos de su amor, La segunda oración es la colecta antigua y contempla el Corazón de Cristo, herido por nuestros pecados, como el receptáculo de los infinitos tesoros del amor de Cristo. Aparecen conceptos teológicos, como reparación y expiación de los pecados, familiares al ámbito devocional en el que nació esta solemnidad.

El Prefacio es el texto eucológico más valioso:

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación,

darte gracias siempre y en todo lugar.

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo, Señor nuestro.

 

El cual, con amor admirable se entregó por nosotros.

y elevado sobre la cruz

hizo que de la herida de su costado

brotaran, con el agua y la sangre,

los sacramentos de la Iglesia;

para que así, acercándose al corazón abierto del Salvador,

todos puedan beber con gozo de la fuente de la salvación.

Es un texto de nueva composición de clara inspiración bíblica y patrística. Proclama el misterio de la salvación visto en su dimensión cristológica, eclesiológica y sacramental. Quiere ser una síntesis de varías dimensiones vinculadas al misterio del Corazón Sagrado de Jesús: la pasión sufrida en el Calvario, el simbolismo teológico del costado y el corazón abierto de Jesús traspasado; y la interpretación simbólica del corazón para expresar el amor de Cristo. Ciertamente no puede olvidar la conexión de esta fiesta con el misterio pascual de Jesucristo. Es el objetivo principal de la revisión actual del formulario eucológico anterior. Tras la reflexión teológica del Concilio Vaticano II y el redescubrimiento del misterio pascual de Cristo como el misterio central actualizado en toda celebración litúrgica, se necesitaba subrayar este aspecto en la fiesta que conmemora el misterio total de Jesucristo contemplando su Sagrado Corazón. Su corazón es el símbolo de donde brota la salvación acontecida en su misterio pascual: «Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación».

La Oración después de la comunión ha sufrido una sustancial modificación.

Este sacramento de tu amor, Dios nuestro, encienda en nosotros el fuego de la caridad que nos mueva a unimos más a Cristo y a reconocerle presente en los hermanos. Por Jesucristo.

En estas breves frases se condensa una magistral síntesis teológica. Pide que la eucaristía recibida, sacramento del amor de Cristo, nos aliente y mueva a unirnos más a Cristo y a todos los hombres. Podemos destacar dos ideas: lo que nos une a Cristo es el amor, y hemos de aprender a descubrir la presencia de Cristo en los demás.

No podemos olvidar las antífonas propuestas en el Misal. La Antífona de entrada está tomada del salmo 32: «Los proyectos del corazón del Señor subsisten de edad en edad, para librar las vidas de sus fieles de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre» (Sal 32,11.19). El amor de Dios quiere colmar las necesidades de los hombres.

Se ofrecen dos propuestas como Antífona de comunión. Ambas están tomadas del evangelio de Juan y corresponden a los dos textos referenciales de esta fiesta a lo largo de la historia:

Dice el Señor: El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. De sus entrañas manarán torrentes de agua viva (Jn 7,37-38).

Uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua (Jn 19,34).

El Corazón traspasado de Jesús se convierte en un manantial del que fluye la gracia divina a modo de corrientes de agua que surcan el universo entero y santifican a su paso a todos los hombres que quieren beber en ellas. La interpretación patrística de este pasaje evangélico difundió la conexión entre el misterio del Corazón traspasado del Crucificado y el nacimiento de los sacramentos de la Iglesia.