El Costado traspasado y su dimensión cristológica y soteriológica II

Por Domingo MUNOZ LEÓN,PBRO.

Juicio sobre la opinión de Richter

-En cuanto a la interpretación de 1 Jn 5,6, por cierto con un gran aparato de erudición, tiene a nuestro parecer una doble dificultad funda-mental. En primer lugar, si la expresión «venir por el agua» fuera la descripción de la forma doceta (o gnóstica) de concebir la aparición del Redentor, cómo el supuesto autor de la glosa antidoceta habría dicho: «¿Este es el que ha venido por el agua y la sangre»? Con estas expresiones no sólo habría echado mano de la terminología de los adversarios, sino que hubiera aprobado su doctrina en relación con la procedencia de Jesús (al menos en una parte importante, a saber: en la concepción del término «agua»), Pero, además, la explicación que da en p.10-11se basa en textos muy tardíos. En segundo lugar hay una dificultad filológica. En efecto, la proposición día en 1 Jn 5,6 es un indicio de que el autor no piensa en ori-gen, sino en instrumento o medio. Si el autor hubiera querido expresar el origen, hubiera sin duda empleado la preposición ek, como hace en 1,13.

Por todo ello, aunque el lugar de 1 Jn sea oscuro y los textos aducidos por Richter sean interesantes 46, la construcción de Richter, al no salvar las dificultades fundamentales que acabamos de apuntar, está lejos de imponerse. Y si bien la opinión que interpreta el «agua» con referencia al bautismo de Jesús por Juan también tiene sus dificultades, estas, al menos en los que no identifican la doctrina condenada en el texto de Juan con la doctrina de Cerinto, no obligan a atribuir al autor de la supuesta glosa antidoceta una forma de expresarse que implicaría el aprobar la doctrina de los adversarios 47. &Por qué si el autor disponía de una fórmula clara como «venir en carne» (1 Jn 4,2) para designar la doctrina recta en contra del docetismo, habría acudido aquí a estas oscuras expresiones?

-En esas circunstancias ya se ve que la interpretación que da Richter de Jn 19,34b a partir de su explicación de 1 Jn 5,6 presenta asimismo gran-des dificultades. Sobre una base insegura era difícil construir un edificio sólido.

En primer lugar, el lector advierte que hay una incoherencia en el desarrollo de la argumentación. Mientras que en la explicación de 1 Jn 5,6 se argumenta partiendo de la concepción doceta del «agua» como elemento de una corporeidad aparente (concepción que e] autor antidoceta rechaza-ría), en la explicación de Jn 19,34b se ven en la sangre y el agua los elementos normales de la composición del cuerpo humano a base de testimonios de la mentalidad judía. Si realmente fuera un texto predominantemente antidoceta, lo que habría que esperar era «salió sangre y no solamente agua». Si se dice que eso es pedir demasiado al autor, el lector tiene derecho a du-dar al menos en ese caso de que entre 1 Jn 5,6 y Jn 19,34b haya la relación de dependencia en el sentido en que Richter la establece. Por otra parte, el texto de Ireneo que Richter cita 49 no prueba que sea una glosa antidoceta. Ireneo acude entre otros muchos textos (que sin duda no son glosas antidocetas) al texto de Jn 19,34b,y este empleo no tiene otro valor que el de ser un episodio más del cuarto evangelio que prueba la verdad del Cuerpo de Jesús, no su composición de «sangre y agua». Ni implica que sea exclusivamente una adición antidoceta, como no se deduce tampoco para los demás ejemplos citados por Ireneo. De la misma forma, y a la inversa, el hecho de que las Actas de Juan en el texto citado por Richter hagan mención del episodio, negando el hecho de que brotara sangre, no implica tampoco que Jn 19,34 sea exclusivamente antidoceta, como tampoco lo es el resto de los ejemplos enumerados en esta cita.

Ahora bien: si la conexión terminológica entre Jn 19,34b y 1 Jn 5,6 no puede aceptarse en el sentido en que Richter la propone («sangre y agua») como componentes del cuerpo humano en 19,34b y «agua» como elemento de corporeidad aparente en 1 Jn 5,6) y, por consiguiente, la posible referencia antidoceta tiene otro sentido, como en seguida veremos, entonces la opinión de Richter rechazando cualquier otro tipo de referencia simbólica, aun en segunda o tercera línea, es inaceptable. El argumento de Richter del empleo del simbolismo por parte de los gnósticos y de los doce tases no prueba que el simbolismo no se contenga en el texto, sino que los herejes han hecho mal uso de él, como de otros puntos del Evangelio, diluyendo los datos sólo en símbolos. Pero ello no obliga a decir que en este episodio el simbolismo es imposible, puesto que lo característico del cuarto evangelio es montar el simbolismo sobre hechos reales.

β.3) Posible sentido antidoceta de «sangre»  en 19,34b y 1 Jn 5,6,una alternativa a la opinión de Richter

Aun sin admitir la fuerza probativa proveniente de la relación de nuestro texto con 1 Jn 5,6, en el sentido en que lo explica Richter, sino en el sentido en que expondremos más adelante, nosotros no tenemos inconveniente en admitir (juntamente con el sentido de la afirmación de la muerte de Jesús) un cierto sentido antidoceta en Jn 19,34b («Y al instante salió sangre y agua») y en una línea que pueda a la vez poner nuestro texto en conexión con 1 Jn 5,6.

He aquí la explicación que proponemos sobre una posible prehistoria de nuestro texto actual de Jn 19,34b, no en el sentido de nota editorial o de glosa antidoceta, sino en el sentido de la génesis de la expresión por parte del mismo evangelista .

En el seno de la Escuela de Juan, el episodio de la lanzada (patrimonio de la tradición) había sido relacionado con la palabra de Jesús en 7,37-38,bien sea refiriendo al Mesías la expresión «de su seno correrán ríos de agua viva», bien sea al menos mediante la expresión «el que tenga sed que venga a mí y beba» a la luz de la interpretación del evangelista, que remite a la glorificación de Jesús (v.39)53. En este supuesto, al redactar 19,34, el elemento «agua» era esencial para el evangelista si quería conectar la escena del Calvario y la promesa de la fiesta de las Tiendas. Y de hecho en 19,34 el énfasis recae sobre el término «agua». Ahora bien: el empleo de sólo «agua» en este contexto, aparte de contradecir la seriedad e historicidad del relato, podría haber sido entendido en una falsa dirección. A saber: hubiera dejado precisamente sin exponer que el río del Espíritu que brota dé Cristo procede precisamente de su sacrificio (sangre), es decir, que su Glorificación (capacidad de dar la vida eterna)proviene de su muerte en Cruz (el Crucificado es el Glorificado). El lugar paralelo de 1 Jn 5,6, en el sentido en que en seguida lo expondremos, nos indica que tal riesgo no era hipotético. Bien sea en la doctrina de Cerinto y de su Escuela, bien sea en otra forma de gnosticismo doceta, había una propensión a negar la verdadera corporeidad de Jesús, y muy especialmente la dimensión salvífica de su sacrificio en la Cruz (sangre). De la misma manera que había propensión a negar la verdadera humanidad de Cristo, y por ello Jn 1,14. El evangelista, al describir el efecto de la lanzada, antepone la mención de la sangre a la del agua. Por una triple razón: primera, por la coherencia y verosimilitud histórica del relato; segunda, para dejar bien asegurada la muerte de Jesús y sentar así las bases para la proclamación de la resurrección; tercera, para indicar que el río del Espíritu (del que el agua es signo por referencia a Jn 7,37-39) viene precisamente por el sacrificio de Cristo (sangre), con lo cual el autor sale al frente bien de la doctrina de Cerinto, que negaba el valor redentor al sacrificio de la Cruz, bien de cualquier otra forma de gnosticismo doceta que negara la verdadera corporeidad de Jesús y en consecuencia el valor de su sacrificio .

Esta explicación va ciertamente contra la tesis de Bultmann sobre el origen del cuarto evangelio, en que presupone que todo lo relativo al as-pecto sacramental y al valor redentor de la muerte de Cristo no es del evangelista, sino de la redacción eclesial. A nuestro parecer, esta tesis es insostenible en la forma en que la propone Bultmann, y llevada al extremo cae en las contradicciones en que ha caído Käsemann (y también Richter), haciendo que la afirmación fundamental del evangelista en 1,14(la encarnación del Logos) haya de ser considerada como sacramental59 o como glosa antidoceta 60.

-Explicación de 1 Jn 5,6

Supuesta esta explicación de Jn 19,34, se puede también intentar la posible relación con Jn 5,6: «Este es el que vino por el agua y la sangre: Jesucristo. No en el agua solamente, sino en el agua y la sangre».

Como hemos intentado probar en otro lugar61, la primera carta de Juan está escrita con posterioridad al cuarto evangelio o al menos presupone el conocimiento de muchos materiales que actualmente se encuentran en él. En la sección 5,1ss el autor trata de precisar cómo el que cree que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (cf. Jn 20,31), vence al mundo (:los anticristos?). Y es en ese momento cuando anota en forma polémica la naturaleza del mesianismo de Jesús, El autor tiene presente, sin duda, alguna forma de docetismo (ignosticismo?) que niega el valor redentor de la muerte de Cristo. En contra de esta negación, el autor de 1 Jn, remitiéndose al cuarto evangelio, enseña que el mesianismo de Jesús no fue sólo a través del agua, sino a través del agua y la sangre. La intención antidoceta es aquí aún más clara que en el evangelio por el tono de polémica. Y la relación con Jn 19,34b parece también innegable.

Pero aquí surgen precisamente las dificultades que conviene tener presentes y para las que Richter no ha encontrado otra solución que la de interpretar las expresiones «por el agua y la sangre» como referidas al «origen» de Jesús. Veamos las distintas posibilidades (como alternativas a la tesis de Richter).

Digamos en primer lugar que la expresión «el que ha venido por la sangre» (excluido el sentido de «origen», como hemos indicado más arriba contra Richter) ha de referirse inequívocamente al Calvario (sobre la posible referencia eucarística volveremos más adelante, y en cualquier caso, la referencia eucarística remitiría a la vez al Calvario). En este punto la referencia de 1 Jn 5,6 a Jn 19,34b no ofrece dificultad. La verdadera dificultad está en cómo interpretar la expresión «no en el agua solamente, sino en el agua y la sangre». ¿A qué se refería el autor? Ya hemos visto que la opinión de Richter refiriéndose al «agua» como componente de la corporeidad de Jesús es insostenible. Por consiguiente, solamente que-da una doble opción. En primer lugar, la opinión que refiere la expresión al acontecimiento histórico del bautismo de Jesús. «Venido por el agua» se referiría al bautismo de Jesús, como ha interpretado el común de los exegetas, bien sea con referencia a la doctrina de Cerinto o a otra doctrina de tipo gnóstico que atribuyera al descenso del Espíritu sobre Jesús en el Jordán un valor salvífico exclusivo, Ciertamente, Richter ha puesto de manifiesto que la opinión que ve en estas palabras una alusión a la doctrina de Cerinto y su Escuela tiene grandes dificultades, No obstante, la interpretación que habla de una referencia al ministerio mesiánico de Jesús, comenzado en el bautismo de Juan, no puede excluirse de antemano, La expresión «el que vino por el agua» apunta con gran probabilidad en esa dirección 

Pero ¿es necesario interpretar la expresión «el que vino por el agua con referencia al acontecimiento histórico del bautismo de Jesús? No sería suficiente con que el autor de 1 Jn aludiera (contra los que negaban el valor redentor de la sangre de Cristo) al acontecimiento del Calvario, concretamente al episodio del costado traspasado, tal y como se encuentra en el cuarto evangelio? El autor podría haber insistido en que del costado de Cristo en la Cruz no brotó solamente agua purificadora, sino también sangre 65. En este caso, el autor de 1 Jn habría querido decir lo mismo que el evangelista, a saber: que la donación del Espíritu (simbolizada en el agua) viene principalmente por el sacrificio redentor (sangre) de la muerte de Cristo, Evidentemente, nuestra explicación implica que los adversarios que tiene presentes la primera carta de Juan pusieran especial énfasis en el «agua». Pero ello no tendría por qué hacer alusión necesariamente al acontecimiento histórico del bautismo de Jesús y al descenso del Espíritu sobre él. Bastaría con imaginar unos adversarios que acentuaran la imagen de un Cristo pneumático (no en el sentido de que su corporeidad está compuesta de agua, sino en el sentido de que su realización como Mesías espiritual consiste en donar el agua del Espíritu). La alusión antidoceta de 1 Jn se mantiene también así en toda su fuerza.

Como se ve, en nuestra explicación la indudable intención antidoceta de 1 Jn 5,6 se mantiene sin tener que dar a los términos «por el agua y la sangre» una connotación de origen (o de verdadera corporeidad, como quiere Richter-en ese caso, el autor hubiera empleado de nuevo el término en sarki-), sino conservando los términos «agua y sangre» el significado que tienen en el cuarto evangelio, en concreto en 19,34.La alusión antidoceta de 1 Jn 4,2 (en sarki) afirmaría la verdadera humanidad (corporeidad) de Jesús. Y la alusión antidoceta de 1 Jn 5,6 afirmaría el valor redentor de la muerte de Cristo (sangre). Ambas son antidocetas, pero cada una tiene un ángulo de visión distinto. La primera afirma el hecho de la corporeidad de Jesús, que es presupuesto para la redención verdadera por el sacrificio de Cristo; la segunda afirma el hecho mismo del sacrificio redentor(sangre).

 

-La inversión de los términos sangre y agua en 1 Jn

La conexión que proponemos entre 1 Jn 5,6 y el acontecimiento del costado traspasado del que brota sangre y agua (Jn 19,34b), para ser coherente, debe intentar explicar finalmente por qué en 1 Jn se invierten los términos «sangre y agua».

La respuesta a nuestro parecer es doble. En primer lugar, en la primera carta la intención antidoceta es más explícita que en el Evangelio. El tono de polémica de la carta sale al paso de los que niegan que la salvación (simbolizada en el agua) venga sin la muerte de Cristo (sangre) o, en otras palabras, que Jesús sea el Mesías solamente porque es el Donador del agua (espíritu), sin relación al carácter expiatorio de su mesianismo. Este tono puede dar la razón de la inversión de los términos. En segundo lugar, en la primera carta el autor tiene sin duda en la mente el aspecto sacramental del que en seguida (v.7) se va a ocupar. En efecto, la referencia sacramental parece inequívoca en la secuencia de 1 Jn 5,7: «Tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre». Según La Potterie, se alude concretamente a la unción prebautismal, al Bautismo y a la Eucaristía, EI autor de 1 de Jn quiere así expresar que el valor redentor de la muerte de Cristo (de que habla en 5,6) sigue actuando (presente) en la vida sacra-mental de la Comunidad a través del Espíritu (unción), del Bautismo y de la Eucaristía. Esta vida sacramental es ya un testimonio de que la vida eterna está en el Hijo. Esta secuencia le había hecho anticipar ya en el v.6el «agua» a la «sangre».

Resumiendo: En 19,34 la mención de la «sangre» al comienzo de los dos términos se explica por la necesidad de precisar que el valor salvífico del agua (Jn 7,37-39) que brota del costado del Levantado-Traspasado viene precisamente a través de su muerte (sangre). En cambio, en 1 Jn 5,6ss la mención de «agua» antes de la sangre viene exigida porque lo que trata de refutar es la pretensión de que Jesús haya venido sólo en agua, es decir, que, Jesús sea el Cristo, el Salvador, sin el precio redentor de su muerte (sangre), y por la referencia sacramental que está en la mente del autor. En nuestra explicación, la coherencia de los términos se mantiene.

 

Sobre la aplicación al culto del Corazón de Jesús

En cualquier caso, y aun admitiendo que 19,34b fuera secundario (de 19,35 la cosa es mucho más complicada si se refiere sólo a 19,34boa todo el episodio, especialmente la transfixión del costado) y de tendencia antidoceta, no vemos cómo el autor saca la conclusión de que el texto de Jn 19,34 no tendría valor de fundamentación para la devoción al Corazón de Jesús. En efecto, aunque la expresión «y al instante salió sangre y agua» fuera secundaria (cosa discutible, sobre todo a base de la relación con Jn 7,37-39, relación que Richter no se plantea ni siquiera como hipótesis) y de tendencia antidocetista, ¿lo sería también el episodio del costado? El autor no lo dice porque sería demasiado comprometido y falto de cualquier prueba. Ahora bien: la interpretación del episodio del costado abierto y la cita interpretativa de v.37 («mirarán al que atravesaron »), ¿no tiene para el evangelista la dimensión del signo de Jesús-Levantado-Traspasado como fuente de la salvación por la fe en Él? (cf. los lugares que hemos citado en nuestra exposición positiva, especialmente el de 3,14s y 12,32:

«atraeré a todos a mí mismo»), ¿No será esto suficiente para fundar la devoción al Corazón de Jesús, puesto que ese signo del Levantado-Traspasado es para san Juan la expresión del amor hasta el extremo? En ese caso podemos decir que los árboles nos ocultan el bosque. La interpretación exclusivamente antidoceta de Jn 19,34b ha impedido a Richter ver la dimensión del conjunto. Una miopía explicable por el exceso de concentración en unos términos que nunca pueden separarse del contexto.

Más aún: el énfasis antidoceta que Richter pone de relieve en Jn 19,34b y que nosotros admitimos en parte (aun sin afirmar su carácter secundario) no tiene por qué estar en contra del alcance de este lugar para la fundamentación del culto del Corazón de Jesús. Antes bien, integrado en el conjunto de Jn 19,31-37, que, como hemos indicado, es la escena del Evangelio con el signo salvífico del Levantado-Traspasado, el énfasis antidoceta de Jn 19,34b podría reforzar la importancia de la verdadera humanidad del Logos (cosa que con Richter consideramos importantísima, aunque no lo único contenido en este pasaje) y, en consecuencia, la importancia de su Corazón, centro personal del ser humano de Jesús.

En conclusión: El costado abierto (Jn 19,34b), como veremos enseguida, es para Juan el símbolo de la salvación por la interpretación escriturística del v.37; «Mirarán al que atravesaron». En consecuencia, aun dato non concesso que Jn 19,34b-35 fueran una glosa antidoceta, el episodio del costado traspasado no deja de tener el significado de que el Levantado-Traspasado es la fuente de la salvación por la fe en el amor misericordioso del que es signo y expresión.

 

γ.Opinión de Schnackenburg70

γ.1) Exposición de la teoría

La escena de Jn 19,31-37,para Schnackenburg, tiene una clara dimensión soteriológica:

La historia joánica de la Pasión no termina con esa escena de muerte, sino que enlaza con otra que, desde la visión cristológica, conduce directamente a una consideración soteriológica. Del costado abierto de Jesús, que acaba de morir, fluye la corriente de vida y salvación (p.351).

En cuanto a la cuestión crítico-literaria, indica: «En este episodio, captado de forma gráfica y concreta, la presunción está en favor de un relato tradicional, que acusa una cierta tensión con el descendimiento del cadáver de Jesús a cargo de José de Arimatea (v.38). Esto ha inducido a los críticos literarios a formular diversas tentativas de solución ».

Tras un análisis llega a la siguiente conclusión: «El relato de la fuente cabría determinarlo con bastante seguridad así: v.31 (sin «pues aquel sábado era día de gran solemnidad»)32-34,36.37(?)» (p.352).

En relación con 34b dice lo siguiente:

Lo más problemático es saber si 19,34b,la salida de sangre y agua, es un añadido. Según Bultmann (516.525s), los v.34b-35 proceden de una redacción eclesiástica, que quiso insertar así su interés sacramental (aplicación al bautismo y a la cena del Señor). Pero esa hipótesis es muy dudosa, ya que-prescindiendo de que la aplicación de la «sangre y agua» (¡nótese el orden!) a ambos sacramentos no es segura-sin el v.34bfaltaría algo al relato de la lanzada. El lector espera que se diga algo acerca del efecto lanzado. Como quiera que sea, es evidente que el autor del v.35 ha visto ahí un hecho sumamente importante; pero tampoco esto puede esgrimirse en favor del relato de la fuente (cf. Comentario)》(p.353).

El v.35, para Schnackenburg, sería una adición redaccional (p.353).

Así pues, para el autor hay que distinguir:

  1. a) la tradición, que contendría ya el relato sustancial, incluso con el detalle de la sangre y agua que brotan del costado de Jesús y con las citas escriturísticas;
  2. b) el evangelista, que habría interpretado el relato (especialmente por lo que se refiere a las citas del AT), y c) el interés complementario de la redacción(p.354).

En cuanto a la forma literaria, llaman al conjunto «escena de revelación»(p.354).

  1. a) El sentido del relato a nivel de la tradición sería el de asegurarse de la muerte de Jesús: «El soldado que hiere de una lanzada el costado de Jesús intenta evidentemente traspasar el corazón para estar seguro de la muerte de Jesús». Asimismo a nivel de la fuente, el sentido de la salida de sangre y agua del costado sería el mismo, «Así, el v.34b puede tener en la fuente simplemente el sentido de que la muerte de Jesús ya ha ocurrido»(p.357). Excluye el que la fuente quisiera narrar un milagro porqué esta no refería milagro alguno en la historia de la pasión.

La cita de 19,36 «debió encontrarse ya en la fuente que ponía interés en tales cumplimientos de la Escritura (cf. también v.28)» (p.359).En cuanto al sentido y referencia precisa, comenta: «la fuente joánica se refería quizás a Sal 34(33),21; en otro caso, ¿no se habría remitido una vez más al v.31,al día de la preparación de la pascua? » (p.360).La referencia, pues, a nivel de la fuente sería a Cristo como el justo paciente.

La segunda cita (19,37) se toma de Zacarías (12,10):«Ante todo no sabemos si el evangelista la halló en la fuente o la insertó por su cuenta…Si la cita estaba en la fuente, como se admite por lo general, incluso por su presencia en otros escritos del NT, es verosímil que en ella sólo se probaba por la Escritura el hecho de que se había traspasado el costado de Jesús» (p.360).

  1. b) A nivel de evangelista supone bien poco lo que le atribuye Schnackenburg. En concreto, el inciso del v.31: «pues aquel sábado era día de gran solemnidad». El calificativo de «grande», aplicado también por el evangelista al último día de la fiesta de los Tabernáculos, que se caracterizaba por unos ritos especiales (7,37), «robustece la hipótesis de que haya sido el evangelista quien ha introducido el inciso» (p.355).

Con motivo del sentido de la cita de 19,36 (que, como hemos visto, según Schnackenburg, a nivel de la tradición se referiría a Sal 33,21), comenta: «Pero el evangelista entiende la cita escriturística como referida al Cordero Pascual, como corresponde a su inclinación hacia la tipología del Cordero Pascual (cf. también 1,29.36)» (p.360), precisando a continuación: «Tampoco puede demostrarse la exactitud de esta explicación, más se debe contar con semejante comprensión de la Escritura en varios esta-dios» (ibíd.).

En relación con la segunda cita (19,37), y tras aseverar el posible sentido de cumplimiento de la Escritura que pudo tener, si es que se encontraba ya en la fuente, afirma: «Mas para el evangelista era importante la contemplación del Traspasado, como permiten suponer otros pasajes del cuarto evangelio y toda su manera de pensar» (p.360). Tras discutir quiénes son el sujeto del verbo «mirarán» (de un modo general, los hombres que son culpables de la muerte de Jesús o todos aquellos cuyas miradas se dirijan ahora al Crucificado)y cuál es el sentido de «mirar al Traspasado» (si es una profecía de desgracia o de salvación), termina diciendo: «Pero también en el marco del cuarto evangelio se impone el aspecto salvífico»(p.361-362). En efecto, según Schnackenburg, para el evangelista la expresión «mirar al Traspasado» comprendería también la sangre y el agua que brotan del costado de Cristo como una corriente de bendición y salud a base de poner nuestro lugar en conexión con Jn 3,14-15;8,2873;12,31 y 7,37-39.

En relación con el concepto de sangre y agua precisa:

Si el giro lo encontró ya en la fuente, no se sintió interesado por una exposición diferenciadora de ambos elementos. Para él no hay más que una corriente de vida, que brota del cuerpo muerto de Jesús. Según 7,39, es el Espíritu que el Glorificado otorga a los creyentes. En el caso de que ambos elementos tuvieran un significado para el evangelista, la sangre sería sin duda signo de la muerte redentora de Jesús (cf. 1 Jn 1,7) y el agua vendría a ser el símbolo del espíritu y la vida (cf.Jn 4,14;7,38),aunque una y otra estrechamente unidas. Que-da lejos la idea de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. El orden (sangre-agua) no responde a esa temática, y haima solo, como referencia a la Eucaristía, resulta poco verosímil (en 6,53 es siempre sarx y haima). Finalmente, por lo que respecta al nacimiento de la Iglesia que brota del costado de Cristo, una idea preferida de la exégesis patrística y medieval no tiene ningún apoyo directo en el cuarto evangelio. Ciertamente que esa idea es compatible con la teología joánica, por cuanto el Espíritu posibilita la formación de la comunidad y en ella opera; pero Jn 19,34-37 no persigue una tipología eclesial (p.362)7.

  1. c) A nivel de redacción (a la que Schnackenburg atribuye el v.35) cree que el interés se centra en la salida de la sangre y del agua del costado de Jesús y que el interés de la redacción a la luz de t Jn 5,6 puede estar en el rechazo de una concepción docetista. Pero resulta dudoso un puro interés apologético, sobre todo a la luz de 1 Jn 5,7’6.Por ello no puede excluirse a este nivel la referencia simbólica a los sacramentos, aunque Schnackenburg confiesa que es difícil llegar a una conclusión segura sobre la intención, que condujo a la inserción del v.35.

d)Finalmente, en relación con la historicidad, aun haciéndose cargo de las dificultades que se suscitan por la rivalidad con la tradición sobre José de Arimatea, afirma que resulta precipitada la hipótesis «de que la escena se haya montado a partir de la cita escriturística de Zac 12,10»(p.363). Y remite al testimonio del v.35: «La redacción se apoya en el testimonio de su fiador, que evidentemente ha confirmado tal tradición» (p.363).

 

γ.2) Juicio de la opinión de Schnackenburg

Aunque profundamente documentada y de un rigor científico elogiable, la exposición dé Schnackenburg, al ceñirse al desarrollo versículo por versículo, resulta un tanto enrevesada. En un texto con profundas implicaciones entre sus diversas partes y en relación con todo el Evangelio, la distinción entre sentido del episodio en la fuente y en el evangelista, a nuestro parecer, resulta bastante problemática, puesto que el sencido del evangelista se obtiene sobre todo de las conexiones con el resto del Evangelio, y quedaría en ese caso sin explicar por qué un episodio (de una fuente anterior al evangelista) ha podido servir tan admirablemente al hilo general del pensamiento. No menos discutible la distinción, terminológica entre evangelista y redacción.

En cuanto al sentido profundo del texto en la perspectiva del evangelista, estamos de acuerdo en general con la visión de Schnacenburg, y la tenemos presente en nuestra exposición, pero no suscribimos el recorte que hace en relación con dos temas: a) los sacramentos, que, por otra parte, cree posible admitir a nivel de redacción eclesial; b) el nacimiento de la Iglesia del costado de Cristo, puesto que en 20,19-23, en que se hace mención del costado y del Espíritu, el lugar tiene una clara dimensión eclesial 78. Por otra parte, y esta es nuestra principal objeción contra la tesis de Schnackenburg, la intención antidoceta se remite a la redacción (y en este nivel de redacción se relaciona con 1 Jn 5,6). Pero ello implica dos consecuencias de un alcance considerable. En primer lugar, sería también de la redacción la frase central del prólogo: «Y el Verbo se hizo carne», cuyo alcance antidoceta es también manifiesto? En segundo lugar, el verbo «creáis» de 19,35, ¿no estaría en la comprensión general del cuarto evangelista?

Finalmente, ¿no habrá también en todo el episodio alguna referencia a la salvación que brota del costado (del amor)? Schnackenburg no hace referencia alguna al signo del costado traspasado como signo del amor ni a la realeza de Jesús, que se consuma en el Levantado-Traspasado,

 

  1. c) Nuestra opinión

α. La paternidad literaria de la escena

La perícopa, tal y como se encuentra en el texto, tiene una impronta unitaria.

La frase parenética en v.31 (glosa para Schnackenburg)-pues era grande el día de esta solemnidad-no ofrece criterio suficiente para distinguir entre tradición y redacción.

El relato tiene una coherencia en que no pueden suprimirse los elementos.

El estilo y vocabulario son joánicos o neutros.

Los versos 34b-35, que podrían parecer, desde un punto de vista de la estructura, como signos de introducción, son los que más características joánicas tienen. Si se suprime 19,34b (y al instante salió sanare y agua),el relato queda incompleto, puesto que la misma narración tiende a indicar algún efecto o alguna consecuencia y constatación. Por otra parte, en v.35 hay acumulación de verbos y formas verbales (oran, martyrein [en perfecto]y pisteuein) que son características joánicas de vocabulario y estilo.

Es cierto que el v.35 podría suprimirse sin merma del relato en sí. Pero no es menos cierto que con esa supresión el conjunto del texto perdería la fuerza que actualmente tiene; es decir, el testimonio de un testigo ocular o de un intérprete autorizado. ;Es que no es importante el detalle? Ni se puede decir que con este verso se interrumpe la secuencia de relato-interpretación escriturística, puesto que la actual secuencia (relato, testimonio confirmativo, testimonio escriturístico) es no solamente aceptable, sino de acuerdo con otros lugares y técnicas de expresión del evangelista (suceso, referencia a los discípulos, interpretación escriturística: cf.2,12-21).

Por lo demás, para nuestro propósito en el presente trabajo, no es esencial que el v.35 sea del evangelista. Si hubiera sido introducido por una mano posterior (p. ej.: el editor final), ello no indicaría sino que esta mano posterior ha visto la importancia del suceso relatado por el evangelista. Un poco más adelante, al tratar del significado del v.35,veremos que en ese caso la mano posterior no habría modificado, sino profundizado en la significación del pasaje por parte del evangelista. No obstante, la opinión de que se trata de una inserción posterior debe dar razón de la identidad de estilo entre el supuesto glosador y el evangelista.

Las citas bíblicas corresponden admirablemente a los dos hechos narrados y son perfectamente joánicas. La introducción de la segunda cita es una fórmula técnica.

Que el relato preexistió al evangelista, en el sentido de que no es inventado, es normal, pero de ahí no hay razones para decir que no ha sido redactado por él. Porque ¿tiene un autor que inventar un hecho para que pueda decirse que es redacción suya? :No hay un equívoco en ese sentido al distinguir entre tradición y redacción? El que el evangelista tuviera una fuente de información tradicional, es decir, que no inventara los hechos, no es motivo suficiente para distinguir en el texto actual entre tradición y redacción. Decir que las características son «neutras» no resuelve nada. ¿Hasta qué punto un autor tiene que redactar un hecho con características distintivas? Precisamente las características «neutras» prueban que la narración puede ser perfectamente del evangelista. Así lo reconoce Boismard al atribuir la sustancia del relato a Juan II-A. Y Schnackenburg se ve obligado a atribuir al evangelista sólo la frase «pues aquel sábado era un día de gran solemnidad», indicando después la interpretación que el evangelista habría dado al episodio. Con ello se distinguen dos niveles de un texto sin motivos literarios. Puesto que, como hemos observado anteriormente, ello implica un hecho curioso del que habría que dar razón, a saber: que un texto tradicional, es decir, redactado por un autor distinto (al que genéricamente se le llama tradición), ha servido admirablemente como vehículo de la teología del evangelista (nivel del evangelista). Esto es altamente improbable. Por ello no acabamos de comprender la siguiente razón para distinguir entre tradición y redacción: «La transfixión del costado de Jesús pertenece al relato tradicional, pues no deja entrever ningún interés que hiciera pensar en la actividad del evangelista». No sería de interés para el evangelista el hecho mismo, tanto si se mira con sentido antidoceta como si se mira en sentido simbólico? Por lo demás, si no era de interés para el evangelista, difícilmente se comprende que lo hubiera tomado de la tradición.

Nuestra opinión, pues, es que el episodio en su conjunto es joánico y redactado por el evangelista como colofón del relato de la Cruz y como vehículo de su teología del significado de la muerte redentora de Jesús y de su fuerza reveladora y salvífica. Lo cual no quiere decir que el episodio haya sido inventado o creado por el evangelista. Tanto la noticia cómo posiblemente su interpretación escriturística son sin duda patrimonio de la tradición joánica y en último caso, como el v. 35 indica, su Habilidad está asegurada por el discípulo amado. En otras palabras:4a fuente de la información tanto del episodio como de su alcance es tradicional (de la Escuela de Juan), pero ello no significa que estuviera ya redactada en una fuente anterior que narrara la Pasión y que pueda distinguirse literariamente de las adiciones posteriores del evangelista.

β. La significación de la escena: Dimensión cristológica y soteriológica

Si el evangelista ha visto en a escena del Crucificado con el costado traspasado, del que brota sangre y agua, el colofón del relato de la Pasión, es decir, un signo de la Exaltación-Glorificación de Jesús, el exegeta tiene no solamente el derecho, sino el deber de interpretar la escena a la luz de las grandes pautas hermenéuticas que el mismo evangelista va sembrando a lo largo de su obra. El significado de la escena, a nuestro entender, sólo se puede comprender plenamente si no se le aísla de todo el con-junto del evangelio y en especial de la Pasión. Mejor aún: solamente se puede entender sí, siguiendo al evangelista, se ve en el episodio una clave interpretativa del sentido de toda la Pasión y en especial del alcance de la muerte de Jesús, Todas las ideas que antes hemos insinuado vienen ahora a asociarse en la mente del evangelista en este cuadro final. Resumiendo brevemente lo que hemos expuesto en la primera parte, podemos decir:

  1. a) La Exaltación de Jesús (levantamiento en Cruz y Glorificación) es la cumbre a la que tiende todo el cuarto evangelio: 3,14s;6,51;7,37-39;8,28;12,32.
  2. b) La Exaltación (Glorificación) es el momento del nacimiento y fuente de la vida: 3,14s.; 7,37-39 (del Espíritu).
  3. c) La recepción de la vida tiene lugar mediante la fe en el Levanta-do (3,14ss), el conocimiento (reconocimiento) del Levantado (8,28),el ser atraídos por el Levantado (12,32). La fe – beber ríos de agua viva del seno del Mesías, tras su glorificación (7,37-39).
  4. d) La Exaltación está puesta en relación con el Amor (3,14-16;13,1;15,13).
  5. e) En el relato de la Pasión, la idea de la realeza de Jesús constituye una idea central (en el diálogo con Pilato y en el título de la Cruz).

De todos estos principios-base hermenéuticos es preciso concluir que el episodio del Crucificado, muerto en Cruz, con el costado traspasado, del que brotan sangre y agua, debe ser sumamente significativo para el evangelista 86. Esto se confirma también por el v.35 (sea original también del evangelista, según hemos indicado, o sea una inserción de mano posterior).

¿Cuál es concretamente esta significación?

Veamos los elementos del relato tanto por las citas escriturísticas aducidas como por la aseveración del testigo.

En el relato tradicional, en el sentido en que hemos empleado este término anteriormente, sin duda el sentido de la escena del Traspasado está en el dato primitivo de asegurarse de la muerte de Jesús87. Es este un punto de partida que conviene asentar firmemente, puesto que de otra manera la escena perdería sus amarras con la historia para disolverse en una composición imaginaria 88. La escena tiene una múltiple significación

 

β.1) Jesús, Cordero pascual (que quita el pecado del mundo).

En el hecho de que a Jesús no se le quebraran las piernas el evangelista ha visto claramente no sólo el cumplimiento de la Escritura, sino el contenido de esa misma Escritura, a saber: la dimensión de Jesús como Cordero pascual, al que según el ritual bíblico no se le debía quebrantar ningún hueso (Éx 12,46). El evangelista ve en el Levantado-Traspasado al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La muerte de Cristo es, pues, un sacrificio expiatorio, puesto que así era concebido, en tiempo del evangelista, el sacrificio del Cordero pascual89.La idea del Cordero de Dios, probablemente en la mente del evangelista, está ligada también a la doble acción redentora: la liberación y la comunión o constitución de un nuevo pueblo (cf. Ap 1,5: «al que nos ha amado, nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre y ha hecho de nosotros un Reino de sacerdotes»). Todo ello sin excluir por la técnica del doble sentido (tar-tey mishma) una alusión al Justo paciente (Sal 34[33],21) protegido por Dios, en quien pone su confianza”.

β.2) Jesús el Mesías, Pastor traspasado del que brota la salvación, el Rey Salvador.

En el hecho del costado traspasado el evangelista ha visto igualmente no sólo el cumplimiento de la Escritura, sino el contenido de la misma, es decir, la figura del Pastor Levantado-Traspasado (Zac 12,10) como objeto de la mirada en fe de la que brota la vida (3,14ss). La cita de Zacarias (12,10), a la luz de la interpretación targúmica, pone de relieve la realeza mesiánica del Levantado-Traspasado y la naturaleza de la misma. Esta se halla también ya en la idea de Pastor de Zacarías.

En efecto, el evangelista concibe la realeza de Jesús como una realeza espiritual de atracción de los hombres hacia sí (12,32), es decir, del reconocimiento de su amor y de la fe en Él. Y esto es lo que parece indicar la cita escriturística con que culmina el episodio del Costado abierto: «Mirarán al que atravesaron» (19,37). La realeza de Jesús consiste en el he-cho de que los hombres crean en la verdad del amor divino y vivan según el mandamiento nuevo: «Como yo os he amado». Por ello las últimas palabras de Jesús en el diálogo con Pilato sobre Ta realeza son «todo el que es de la verdad escucha mi voz» (18,37). El aspecto de la realeza de Jesús, a nuestro entender, se encuentra en nuestro lugar con la mención del Traspasado, Es, pues, una realeza que hay que contemplar. Es la realeza del amor. Es el Rey de la verdad.

La idea de «escuchar la voz», en la terminología del evangelista, está sin duda relacionada también con la alegoría del Buen Pastor, que da la vida por las ovejas. Estas «escuchan su voz» (10,4). El Buen Pastor traspasado atrae a las ovejas a sí por el amor y las protege con el infinito poder de su mano (10,28). El título de Pastor es entre los orientales a la vez sinónimo de Rey, Pero la realeza de Jesús, su condición de Mesías y de Pastor, se ha realizado mediante el sacrificio expiatorio de la Cruz.

Así pues , sobre todo si, como es probable, la cita la Juan tiene presente la interpretación targúmica de Zac 12,10 sobre la muerte del Mesías, el evangelista habría así remachado el fin de su Evangelio(mostrar que Jesús es el Mesías…)(20,41)

Aquí es preciso también contar no sólo con la posibilidad, sino con la máxima probabilidad de que el evangelista, en la frase «mirarán al que atravesaron», haya querido apuntar a una mirada de fe en el amor del que el Levantado-Traspasado es un signo. El Pastor traspasado es objeto de contemplación salvadora por el espíritu de gracia y compunción, es decir, por la fe en el amor misericordioso. La relación con el amor que hemos expuesto en el apartado d) nos lo confirma, y después veremos algo parecido al examinar el v.35.

β.3) La redención, fruto de la muerte de Cristo (sangre y agua): El Crucificado, fuente del Espíritu.

El hecho de la sangre y agua que brotan del costado traspasado no tiene en el texto una referencia escriturística determinada. El sentido que ve el evangelista (o dato non concesso la redacción eclesial en Bultmann, o la glosa antidoceta en Richter)94 puede ir en la siguiente dirección: Sangre y agua conjuntamente indicarían la fuerza salvífica de la muerte de Jesús. La sangre haría referencia a la muerte y el agua a la salvación (cf. el Espíritu que brota del seno del Mesías). Como hemos visto anteriormente, no habría por qué excluir en este caso la alusión antidoceta 95.La redención tiene su último fundamento en la Encarnación. Cristo es verdaderamente el Redentor por su inmolación (sangre) en la Cruz.

En nuestra opinión, sólo esta dimensión satisface primariamente la perspectiva del autor. El evangelista habría visto en la sangre y agua que brota del costado traspasado de Cristo una referencia conjunta a la fuerza y eficacia salvífica de la muerte de Cristo como fuente de la donación del Espíritu.

Para el evangelista, la expresión «y al instante salió sangre y agua» tiene en primer lugar una dimensión cristológica. Nos pone de relieve que el Crucificado es el Glorificado, es decir, la fuente de la Redención, el dador de la salvación, Y en ello va incluida la dimensión soteriológica. La mirada en fe hacía el Traspasado será el momento de participar en la eficacia de su muerte redentora bebiendo del agua (Espíritu) que brota de su seno. Enlazando estrechamente con esta dimensión cristológica y soteriológica está la referencia al amor, especialmente en el término «sangre».

¿Es posible admitir también en Jn 19,34b una alusión indirecta al Bautismo y la Eucaristía? En contra de dicha posibilidad jugaría el orden de los términos. Ciertamente en una alusión directa el orden natural sería «agua y sangre». Por ello creemos (contra Bulmann) que la intención primaria del evangelista no es sacramental. La intención directa es, como hemos indicado más arriba, expresar que Jesús crucificado es la fuente del Espíritu. Pero en forma indirecta la referencia sacramental no puede excluirse. En efecto, en la fecha en que se escribe el Evangelio, el don del Espíritu (agua) está claramente ligado al bautismo (cf. Jn 3,3.5, sea el término «agua» original o sea explicitación, ya a nivel de evangelista, ya a nivel de la llamada redacción eclesial)98 De la misma forma, el término «sangre» está ligado a la Eucaristía (cf. Jn 6,51-57, también de nuevo, sea del evangelista, sea de la llamada redacción eclesial)». Es cierto que en este último caso encontramos siempre la expresión «carne y sangre» para designar la Eucaristía, pero por ello precisamente la alusión que creemos que se encuentra en 19,34b es sólo indirecta 100. El costado traspasado del que brotan sangre y agua, el río del Espíritu que brota del sacrificio redentor, corre por doble canal de la sangre eucarística y del agua bautismal.

También en este caso la alusión sacramental de 1 Jn5,7 puede ser un argumento confirmativo.

Finalmente, y en cuanto a la cuestión del nacimiento de la Iglesia del costado de Cristo (relacionándolo con el sueño de Adán, de cuyo costado abierto brota Eva), creemos que la interpretación patrística y medieval no es solamente el fruto de una lectura de la Vulgata (aperuit) ni una pura lucubración piadosa. A nuestro entender, esta interpretación no se justifica solamente por el derecho que tiene todo creyente de ver reflejada su fe en determinados lugares de la Biblia 104, sino que tiene una base en nuestro mismo pasaje del cuarto evangelio. En efecto, si el conjunto «sangre y agua» significa el río de salvación que brota de la muerte de Cristo, es difícil que el evangelista no haya pensado en el pueblo mesiánico. Precisamente en Ez 47 y Zac 11-14 se trata de la renovación del pueblo y de su purificación y congregación . Pero no es esto solamente.

La elección del término pleura por el evangelista (el mismo que en Gén 2,21.22 utilizan los LXX para la formación de Eva) puede ser plena-mente intencionado 106. De este conjunto de convergencias, y tratándose del momento del Nacimiento de la Vida como el autor concibe el momento de la muerte en Cruz de Jesús, difícilmente se puede imaginar que el autor hubiera olvidado a la Comunidad (Iglesia). Tanto más que en 20,21-23,al narrar la donación del Espíritu a la Comunidad para el perdón de los pecados, el evangelista hace referencia a las manos y al costado (también pleura). Si a ello añadimos la relación que Boismard pretende descubrir entre el «jardín» de Gén 2-3 y el «jardín» del Calvario-sepulcro, la hipótesis de la alusión al nacimiento de Eva del costado de Adán recibe una nueva confirmación.

β.4) «Para que también vosotros creáis» (19,35): ¿Fe en el Amor? ¿Un símbolo expresivo del amor?

Una vez que hemos visto el posible sentido del no quebrantamiento de las piernas de Jesús, de la transfixión del costado y del agua y la sangre que brotan del costado traspasado, hemos de detenernos a examinar el alcance del v. 35. Sin duda, para el autor de 19,35 el episodio es un misterio profundo.

«Y el que lo ha visto ha dado testimonio». La visión de que se trata no es exclusivamente la de un testigo ocular. El empleo en perfecto supone además la captación de un sentido profundo. El testimonio (también en perfecto) se ha de referir sin duda a la proclamación solemne que «el que ha visto» ha hecho delante de la comunidad.

«Y su testimonio es verdadero». En caso de ser el propio evangelista el que habla, se trata de una fórmula de auto aseveración acerca de la verdad (veracidad) de su testificación. En caso de ser de una mano posterior, sería la rúbrica de la misma verdad (veracidad) por parte de la Comunidad.

«Y él sabe que dice verdad para que también vosotros creáis». Es muy discutida la interpretación de ekeinos (¿el autor?, ¿Dios?, ¿Jesucristo?) (o quizá un empleo «deictivo»). En cualquier caso se reitera la verdad del acontecimiento o la veracidad del relato.

La finalidad «para que también vosotros creáis» implica que el evangelista y su comunidad (o el editor y su comunidad) están ya en posesión de la fe en el Levantado-Traspasado como fuente de Vida y desean hacer partícipes a sus lectores de la misma posesión de la fe. El verbo «creer» (pisteuein, sin objeto) hay que tomarlo en el más amplio sentido y desde luego a la luz de Jn 20,31: «Para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo (pisteuontes) tengáis vida en su nombre». Por ello, como hemos indicado más arriba, es, a nuestro parecer, insostenible la opinión de Richter de que en este lugar significa «para que creáis que Jesús es verdaderamente hombre». Si esa hubiera sido la intención del autor, con toda seguridad no hubiera empleado el verbo sin complemento.

Ahora bien: es precisamente esta expresión, «para que también vosotros creáis», la que nos introduce en el mar sin fondo de lo que el evangelista ha visto en la dimensión salvífica del Levantado-Traspasado. Se trata sin duda de creer en Jesús el Mesías, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Redentor por su sangre, pero también se trata de creer en el Amor, de creer en el signo y don de ese amor, que es la entrega como propiciación por nuestros pecados. 1 Jn 4,7-1 es sin duda el mejor comentario. El don del Espíritu brota de la entrega de Cristo como propiciación por nuestros pecados.

Con esto hemos llegado al punto más sutil y a la vez más interesante de nuestra búsqueda en torno al complejo simbolismo que el evangelista ha querido transmitirnos en el episodio del costado abierto.  ¿Ha visto el evangelista, de hecho, en el costado abierto una referencia al Corazón de Cristo traspasado por el Amor redentor? Digamos ante todo que, aunque el evangelista no lo hubiera visto, sin duda el amor de Cristo se ha manifestado en manera suma en su Pasión y muerte y que el costado abierto se presta admirablemente a ser expresión de esta idea. Pero si tenemos pruebas o indicios de que el evangelista lo hubiera querido expresar, estaríamos ante una afirmación mucho más sólida aún. Sería el mismo evangelista el autor de lo que constituye la idea central de lo que posteriormente se ha llamado la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En ese sentido, tal devoción no sería sino el desarrollo eclesial de una intuición germinal del cuarto evangelista. Creemos que no faltan los indicios que apuntan en esta dirección. En primer lugar, el evangelista ha visto en la Pasión y muerte de Jesús la expresión máxima de su amor:

«Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (13,1).

«Nade tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos»(15,13).

«Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo Unigénito» (3,16).

«En esto consiste el amor: en que Él dio su vida por nosotros»(1 Jn 3,16).

Por otra parte, también es indiscutible que en el levantamiento en alto el evangelista ha visto un símbolo de la situación de atraer la mirada de fe en el amor (3,13-14; 8,28; 12,32), Ahora bien, parece seguro que esta mirada de fe en el amor se refiere conjuntamente al Levantado-Tras-pasado, como indica la cita bíblica «Mirarán al que atravesaron». El objeto de la mirada es precisamente la persona con el hecho de la transfixión.

Por todo ello creemos firmemente asegurado eI hecho de que el mismo evangelista atribuye al costado traspasado el ser símbolo y expresión del Amor redentor de Jesús, del amor hasta el extremo, del amor hasta el sacrificio…

Pero sería difícil disociar en el evangelista la idea de la revelación del amor de la idea de Jesús modelo, fuerza y exigencia de amor. Esta conexión aparece en la formulación del mandamiento nuevo: «Amaos unos a otros como yo os he amado» (13,34-35). Asimismo en la primea carta: «En esto consiste el amor, en que Él dio su vida por nosotros y nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). Así, la revelación del amor, de que es signo y expresión el costado traspasado, es a la vez síntesis gráfica del mandamiento nuevo, de cómo el cristiano ha de amar hasta dar La vida por los hermanos. Fe en el amor misericordioso de Jesús y mandamiento del amor se hallan así condensados en este símbolo como en los sumarios de la primera carta (1 Jn 3,23-24;4,21).

  1. El Señor resucitado muestra el costado y entrega el Espíritu a su Iglesia

En la primera parte de este trabajo hemos visto cómo toda la visión del evangelista en el libro de los signos y en los discursos de despedida se dirige hacia el acontecimiento del levantamiento-transfixión de Jesús. Y en la segunda parte hemos constatado cómo la escena del costado abierto es la culminación y síntesis de las perspectivas peculiares con que el cuarto evangelista ha visto la Pasión de Jesús como realización de su realeza, de su obra redentora y de la revelación de su amor. Sería incompleto nuestro tratamiento si no dedicáramos aunque sea una breve mirada a la forma con que el evangelista remite también a este acontecimiento en la aparición oficial en que el Resucitado comunica su Espíritu a la Iglesia.

Vino Jesús, y poniéndose en medio de ellos, les dijo: La paz a vosotros(20,19).

Aunque se trata del saludo corriente entre los judíos, sin duda la mención de la «paz» por parte del Resucitado entraña la plenitud de bienes que Él había prometido en el discurso de la última Cena.

Habiendo dicho esto, les mostró las manos y el costado (20,20).

No se trata solamente de su identificación, sino también de las huellas de su sacrificio y de las señales de su amor. Esto nos confirma que, para et evangelista, el costado (con las manos) es la identificación de Jesús, pero del Jesús que ha amado hasta el extremo (13,1).

Les dijo de nuevo: La paz con vosotros. Como me envió el Padre, así os envío yo a vosotros (20,21).

Estamos, pues, ante la misión oficial de la Iglesia con la misma finalidad salvadora que la de Cristo.

Habiendo dicho esto, sopló sobre ellos diciendo: Recibí del Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados, ya quienes se los retuviereis, les serán retenidos (20,22-23).

Es la donación plena, del Espíritu Santo que el Señor Glorificado concede a su Iglesia. El cumplimiento de la promesa de los ríos de agua viva que brotan del seno del Mesías (7,37-39)113.Dificilmente puede que-dar duda de que esa es la mente del evangelista, puesto que él mismo interpreta la promesa de los ríos del agua viva como referida al Espíritu que habrían de recibir los que creyeran en Él.

Esta escena en que tenemos referidos los efectos de la redención: liberación del pecado (cf. 1,29.36), donación del Espíritu (7,39),a los que habría que añadir; liberación por la verdad a los creyentes (8,31-32),santificación por la verdad (17,17-19), está íntimamente ligada al Calvario mediante la múltiple referencia a las manos y al costado. Igualmente por la mención del Espíritu mediante la alusión a 7,37-39 en que se nos habla de los ríos del seno del Mesías y del Espíritu que habrían de recibir los creyentes una vez que Jesús fuera glorificado.

 

  1. Conclusión

El costado traspasado de Jesús, del que brotan sangre y agua:

-Es una síntesis cristológica de Jesús Rey de la Verdad, Cordero de Dios y Pastor traspasado.

– Es una síntesis soteriológica. El costado abierto es la Fuente de Vida, de la que brotan los ríos de la redención, el Bautismo y la Eucaristía, manantiales de la vida de la Iglesia, efusión del Espíritu que brota del seno del Mesías.

-Es una síntesis de cristianismo como suprema revelación del amor misericordioso de Cristo manifestado en su Pasión y como exigencia del cumplimiento del mandamiento nuevo: dar la vida por los hermanos a ejemplo y con la fuerza de Cristo.

Por todo ello, el costado abierto es el Gran Signo del Amor Redentor.