Corazón de Cristo, ámame

Gabriel María Verd, S.J, Meditaciones sobre la oración rítmica “Corazón de Cristo“

 

Señor, qué cosas te pido, que me ames. A ti, que eres el mismo Amor (1 jn 4,8. 16), El Amor desde siempre, el Amor eterno, el Amor increado, el Amor infinito, como un mar sin orillas. El Amor del que procede todo amor limpio y generoso que existe sobre la tierra. Que me ames, tú que eres Amor siempre activo, vivo, real, un Amor no de palabrería, sino siempre en ejercicio.

¡Y que ejercicio, Señor!” tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito” (jn 3,16). Tanto amaste al mundo que te vaciaste de ti mismo, tomando la forma de siervo y haciéndote semejante a los hombres, obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filp 2,7 –8). Tanto amaste al mundo que, siendo rico, por nosotros te hiciste pobre, para enriquecernos con tu pobreza (2 cor 8,9).

Que me ames, Señor; a mí, cuando hiciste todo esto por mí, por mí en particular. Pues si quisiste nacer en suma pobreza, fue para, al cabo de tantos trabajos, de hambre, de calor y de frío, de injurias y afrentas, Morir en la cruz por mí (San Ignacio, EE116). Verdad es que me llamaste y te entregaste a la muerte por mí (Gal2,20).

Por mí. ¿Qué más puedo pedir que, Señor? Que me ames. Sé que te gusta oírmelo. Que me ames, Señor. Que me ames de palabra. También quiero oírtelo, Señor. Que me ames de obra, derramando más y más sobre mí los frutos de tu redención. Abre las compuertas, Señor. No las compuertas de tus manos, Señor, no las compuertas de tu Costado siempre abierto, Señor, sino las compuertas de mi corazón. De este corazón cerrado en sí mismo, egoísta, duro, y, sobre todo, ciego, ignorante, engañado por las falacias y baratijas de este mundo, que no se abre sin condiciones a los dones –y riesgos –De tu amor. Mete en el tú mismo amor, y que el transforme mi vida. Corazón de Cristo, ámame.