Corazón de Jesús, desgarrado por nuestros delitos

Juan Pablo II

             Jesús de Nazaret, que durante la Última Cena dijo “este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros…

Este es el cáliz de mi sangre derramada por vosotros.”

Jesús: sacerdote fiel, que mediante su propia sangre entra en el tabernáculo eterno.

Jesús: sacerdote, según el orden de Melquisedec, nos deja su sacrificio: haced esto… ¡Jesús-Corazón de Jesús!

Corazón de Jesús en Getsemaní, que “se entristece hasta la muerte”, que siente el peso terrible. Cuando dice “todo te es posible: aleja de mi este cáliz”, sabe al mismo tiempo cuál es la voluntad del Padre, y no desea otra cosa que cumplirla: beber el cáliz hasta el fondo.

Corazón de Jesús despedazado con la eterna sentencia; efectivamente, Dios ha amado tanto al mundo hasta entregar a su hijo unigénito…

Isaías decía, muchos siglos antes: “fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados…  Yahvé cargó sobre el la iniquidad de todos nosotros…” (53,5-seis).

¡Despedazado por nuestros delitos! Corazón de Jesús, despedazado por nuestros pecados…

Los sufrimientos de la agonía abrazan gradualmente todo el cuerpo del crucificado. Lentamente la muerte llega al corazón. Jesús dice: “todo está cumplido”. “Padre, a tus manos entrego mi espíritu” (Lc 23,24).

¿Cómo iban a cumplirse las escrituras, de otro modo? ¿Cómo iban a cumplirse de otro modo las palabras del Profeta, que dice: “ El justo, mi siervo, justificará a muchos … Se cumplirá por su medio la voluntad del Señor” (cf. Is 53,11).

¡La voluntad del Padre! ¡No mi voluntad, sino la tuya!

Nos hemos unido en la oración contigo, Madre de Cristo. Contigo, que has participado en sus sufrimientos. Tú nos conduce es al Corazón de tu Hijo agonizante en la Cruz, cuando en su despojamiento se revela hasta el fondo con su amor.

Oh tú, que has participado en sus sufrimientos, permítenos perseverar siempre abrazando este misterio. Madre del redentor, ¡a cercanos al Corazón de tu Hijo!

  1. Jesucristo, manso y humilde de Corazón.
  2. Haz nuestro Corazón semejante al tuyo.

Oración

Señor Dios nuestro: infúndenos las virtudes del Corazón de tu Hijo y llenanos de sus mismos sentimientos, para que, configurados a su imagen, merezcamos participar de los frutos de la redención.

Por Jesucristo nuestro Señor.  Amén