Corazón de Jesús, magnánimo con todos los que te invocan

Juan Pablo II

             Nos recogemos hoy para recordarte, oh Madre de Cristo, el acontecimiento que tuvo lugar en Caná de Galilea.

Esto ocurrió al principio de la actividad mesiánica. Jesús había sido invitado, contigo y sus primeros discípulos, a las bodas. Y cuando faltó el vino, tú, María, dijiste a Jesús: Hijo, “No tienen vino” (Jn 2,3).

Tú conocías su Corazón. Sabías que es generoso para aquellos que lo invocan. Con tu oración en Caná de Galilea hiciste es que el Corazón de Jesús se revelase en su generosidad.

Este es el Corazón generoso, puesto que en él habita efectivamente la plenitud: la plenitud de la divinidad habita en Cristo, verdaderamente hombre; y Dios es amor. Es generoso porque ama, y amar quiere decir prodigar, quiere decir dar, quiere decir “ser Don”, quiere decir ser para los demás, ser para todos, ser para cada uno.

Para cada uno que llama. Llama, a veces, incluso sin palabras. Llama por el hecho de poner al descubierto todo su amor, y, en esta verdad, llama al amor.

La verdad tiene la fuerza de llamar al amor. Mediante la verdad todos aquellos que son “pobres de espíritu”, que “tienen hambre y sed de justicia”, que, ellos mismos, “son misericordiosos”, tienen la fuerza de llamar al amor. Todos ellos, y tantos otros más, tienen un maravilloso poder sobre el amor. Todos ellos hacen que el amor se comunique, se dé, y se manifieste así la generosidad del corazón.

Entre ellos tú, María, eres la primera.

¡Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan!

Mediante esta generosidad el amor no se agota, sino que crece. Crece constantemente. Esta es la naturaleza misteriosa del amor. Y es también el misterio del Corazón de Jesús, que es generoso para con todos. Se abre a todos y a cada uno. Se abre completamente por sí mismo. Y en esta generosidad no se agota.

La generosidad del Corazón da testimonio de que el amor no está sometido a las leyes de la muerte, sino a las leyes de la resurrección y la vida. Da testimonio de que el amor crece con el amor. Ésta es su naturaleza.

De esta verdad sobre el amor dio testimonio en nuestros tiempos Pablo VI (…). Su humilde sucesor hace suya es humilde verdad sobre el amor, que el difunto Pontífice proclamó con la palabra y con la vida hasta el final, invocando al Corazón divino (…).

 

 

  1. Jesucristo, manso y humilde de Corazón.
  2. Haz nuestro Corazón semejante al tuyo.

Oración

OH Dios, que en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad, te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén