Corazón de Jesús, de majestad infinita Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo

San Juan Pablo II

 

 

Por medio del Corazón inmaculado de María queremos dirigirnos al Corazón divino de su hijo, al Corazón de Jesús, “de majestad infinita”. Mirad: la infinita majestad de Dios se oculta tras el Corazón humano del Hijo de María

Este Corazón es nuestra alianza. Este Corazón es la máxima cercanía a Dios con relación a los corazones humanos y a la historia humana. Este Corazón es la maravillosa “condescendencia” de Dios: el Corazón humano que late con la vida divina: la vida divina que late en el corazón humano.

En la Santísima Eucaristía descubrimos, con el sentido de la fe, al mismo Corazón, el Corazón de majestad infinita, que continúa latiendo con el amor profundo de Cristo, Dios-hombre.

¡Cuán profundamente sintió este amor el papa Pío X antes patriarca de Venecia! Cuánto deseó que todos los cristianos, desde los años de la infancia, se acercasen a la Eucaristía, recibiendo la Santa Comunión: para que siguieran a este Corazón que es, al mismo tiempo, para cada uno de los hombres “Casa de Dios y puerta del cielo”.

Casa: mediante la comunión eucarística del Corazón de Jesús extiende su morada a cada uno de los corazones humanos.

Puerta: porque en cada uno de estos corazones humanos Él abre la perspectiva de la eterna unión con la Santísima Trinidad.

¡Madre de Dios! Mientras estudiamos el misterio de tu anunciación, nos acercamos a este Corazón divino, Casa de Dios y Puerta del cielo, a este Corazón que, desde el momento de la Anunciación del ángel, comenzó a latir junto a tu Corazón virginal y eterno.

  1. Jesucristo, manso y humilde de Corazón.
  2. Haz nuestro Corazón semejante al tuyo.

Oración

            Señor Dios nuestro: que el amor del Corazón de tu hijo encienda en nosotros el fuego de la caridad, que nos mueva unirnos más a Cristo y a reconocerlo presente en nuestros hermanos.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén