Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia

Juan Pablo II

             Hoy deseamos releer una vez más, junto con María, el Evangelio; en cierto sentido lo releemos todo entero, e inmediatamente: en el aparece el Corazón de Jesús, paciente e inmensamente misericordioso.

¿No es así el Corazón de Aquel que “pasó haciendo bien” a todos (Hch 1,38)? ¿De Aquel que hizo que los ciegos tuviesen visión, los cojos caminasen, los muertos resucitasen, que a los hombres se les anunciara la Buena Nueva?

¿No es así el Corazón de Jesús, que no tenía Él mismo dónde reclinar la cabeza, mientras que los lobos tienen sus guaridas y los pájaros sus nidos ¿ (cf. Mt 8,20). ¿No es así el Corazón de Jesús, que defendió a la mujer adúltera de morir apedreada y luego le dijo: “vete, y de ahora en adelante no peques más”? (Jn 8,3 -10).

¡Miremos, junto con María, el interior de este Corazón! ¡Releamos lo a lo largo del Evangelio! Más aún, releamos este Corazón en el momento de la crucifixión. Cuando ha sido traspasado por la lanza; cuando se ha desvelado hasta el fondo del misterio escrito en Él.

El Corazón paciente, que está abierto a todos los sufrimientos del hombre. El Corazón paciente, porque está dispuesto el mismo a aceptar un sufrimiento inconmensurable con metro humano. ¡El Corazón paciente, porque es inmensamente misericordioso!

En efecto, ¿qué es la misericordia, sino esta medida particular y sima del amor, que se expresa en el sufrimiento? ¿Qué es la misericordia, sino esa medida definitiva del amor, que desciende al centro mismo del mal Para vencerlo con el bien? ¿Qué es, sino el amor que vence el pecado del mundo mediante el sufrimiento y la muerte?

¡Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia!

¡Madre, que has mirado a este Corazón cuando estabas presente al pie de la cruz! Madre que, por voluntad de este Corazón, te has hecho Madre de todos nosotros. ¿Quién conoce como tú el misterio del Corazón de Jesús en Belén, en Nazaret, en el calvario? ¿Quién como tú sabe que es paciente e inmensamente? ¿quién como tú da testimonio incesantemente de ello?

  1. Jesucristo, manso y humilde de Corazón.
  2. Haz nuestro Corazón semejante al tuyo.

Oración Oh Jesús, Señor nuestro, que con amor especial quisiste revelar a tu Iglesia las riquezas inefables de tu Corazón dos concédenos ser enriquecidos y recreados con las gracias que brotan de esa fuente perenne.

Tú que vives  y reinas por los siglos de los siglos. Amén