Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados

Juan Pablo II

             El Corazón de Jesús es fuente de vida porque por medio de él actúa la victoria sobre la muerte. Es fuente de santidad porque en él ha sido vencido el pecado, que es Adversario de la santidad en el corazón del hombre.

Jesús, que el Domingo de resurrección entra por la puerta cerrada en el Cenáculo, dice a los apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados” (Jn xx, 23).

Y, diciendo esto, les muestra las manos y el costado, en el que están visibles los signos de la crucifixión. Muestra el costado, lugar del corazón traspasado por la lanza del centurión.

Así, pues, los apóstoles han sido llamados a volver al Corazón que es propiciación por los pecados del mundo. Y, como en ellos, también nosotros somos llamados.

La potencia de la remisión de los pecados, la potencia de la victoria sobre el mal que alberga el corazón del hombre, se encierra en la pasión y en la muerte de Cristo Redentor. Un signo particular de esta potencia redentora es precisamente el Corazón.

La pasión y la muerte de Cristo se han apoderado de todo su cuerpo. Se han cumplido mediante todas las heridas que Él ha recibido durante la pasión.

Y se han cumplido sobre todo en el Corazón, porque el Corazón agonizaba mientras se apagaba todo el cuerpo. El Corazón se consumía al ritmo del sufrimiento que producían todas las heridas. En este despojamiento el Corazón ardía de amor. Una llama viva de amor ha consumido el Corazón de Jesús en la cruz.

Este amor del Corazón fue la potencia propiciatoria por nuestros pecados. Ello ha superado, y supera para siempre, todo el mal contenido en el pecado, todo el alejamiento de Dios, toda la rebelión de la libre voluntad creada, que se opone a Dios y a su santidad.

El amor que ha consumido el Corazón de Jesús –El amor que ha causado la muerte de su Corazón- Ira, y es, una potencia invencible. Mediante el amor del Corazón divino la muerte ha logrado La muerte ha logrado la victoria sobre el pecado. Se ha convertido en fuente de vida y de santidad.

Cristo mismo conoce hasta el fondo este misterio del Corazón. Es testimonio inmediato del mismo. Cuando dice a los apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo para la remisión de los pecados”, da testimonio de aquel Corazón que es propiciación por los pecados del mundo.

María, que eres refugio de los pecadores, ¡Acercarnos al Corazón de tu Hijo!

 

  1. Jesucristo, manso y humilde de Corazón.
  2. Haz nuestro Corazón semejante al tuyo.

Oración

Mira, Señor, el amor del Corazón de tu Hijo que se ofrece por nosotros, para que todas nuestras acciones sean agradables a tus ojos y sirvan para reparar nuestras culpas.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén