EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA LITURGIA II

Manuel GARRIDO BONAÑO,OSB

El Corazón de Jesús en los textos litúrgicos del Breviario

Necesariamente hemos de acortar el examen de los diversos Oficios en honor del Corazón de Jesús; de lo contrario, este estudio sobrepasaría mucho el límite que me han señalado.

Entre los Oficios en honor del Corazón de Jesús que trae la obra antes citada del Padre Nilles, sólo estudiaremos los siguientes, a los cuales aña-diremos otros textos litúrgicos que él no pudo recoger:

  1. Oficio de san Juan Eudes

Corresponde a la Misa «Gaudeamus», del mismo san Juan Eudes, redactada para su Congregación, aunque luego fue adoptada por algunas diócesis de Francia.

Como en el formulario de esa Misa ,la idea principal del Oficio es la del Amor de Dios en cuanto que es modelo de todo amor en la vida cristiana. Si es cierto que el estilo clásico de los Oficios litúrgicos no se encuentra en toda su pureza y brillo aquí, no podemos negar que nos hallamos ante un Oficio muy expresivo y no falto de sentido teológico. La meditación de las grandezas del Corazón de Jesús se intercala constante-mente con la ascesis práctica de su influjo en la vida cristiana. La celebración de la fiesta ha de llevar a la imitación de las virtudes de las cuales el Corazón de Jesús nos da ejemplo. Se nota claramente en todas sus partes el sello de un corazón abrasado en el amor de Dios.

Las siguientes antífonas de las primeras Vísperas nos dan un ejemplo del estilo de todo el Oficio:

Venite ad me, filioli; in caritate enim perpetua dilexi vos:ideo atraxi vos ad Cor meum, fontem omnium bonorum.

Ego diligentes me diligo, et deliciae meae esse cum filiis hominum.

Cor meum caritas est; qui manet in caritate, in Corde meo ma-net,et cor meum manet in eo.

Qui vicerit, dabo ei sedere mecum in throno meo; et scribam s-per eum nomen meum, et cor unum mecum habebit .

 

Todos estos textos son de gran interés en orden a una teología del Corazón de Jesús y también en orden a una cuestión de no escasa importancia en el movimiento litúrgico actual, especialmente en lo que se refiere a la piedad litúrgica o a la cuestión de la liturgia y espiritualidad, como luego diremos.

La antífona del Magníficat, aunque desgraciada en su forma literaria y en su estilo litúrgico, está llena de ideas bellas y muy aprovechables para la teología:«Gaude, Maria,Mater Redemptoris: ecce vulnerasti et rapuisti Cor eius, et factum est Cor tuum: ipsumque nobis dedisti,ut cum Patre et Matre cor unum habeamus».

La antífona del invitatorio de Maitines nos da la idea central de todo el oficio, o mejor, de toda la fiesta según la mente de san Juan Eudes: «Iesu Cor amantissimum, venite, adoremus: Qui est amor et vita nostra».

Las antífonas de Maitines están inspiradas en los salmos de cada nocturno. Así, por ejemplo, para el salmo 18,él primero del primer nocturno, se ha redactado la antífona siguiente inspirada en los v.6-7: «Christus Jesus, a sinu Patris amore nimio egressus, exsultavit ut gigas ad currendam viam; nec est quise abscondat a calore dilectionis eius».

Para el salmo 19 se compuso otra inspirada en los versículos 4-5:«Memor sit Pater omnis sacrificii tui, O Rex amoris, et tribuat tibi secundum Cor tuum».

La tercera antífona, para el salmo 20, incluye frases de los versículos 3 y 5 de ese mismo salmo: «Desiderio desideravi, meipsum et in victimam et in escam dare vobis; et desiderium Cordis mei tribuit mihi Pater».

No faltan inspiración ni impronta litúrgica en estas antífonas, según el estilo clásico de los textos litúrgicos del Breviario, y al mismo tiempo están llenas de unción y ayudan no poco a tener una mentalidad cristiana en el rezo de los salmos. Tampoco está ausente el aspecto dogmático ni los aspectos principales del Misterio de Cristo.

Las lecciones del primer nocturno están tomadas de los capítulos 36, 33 y 34 de las profecías de Ezequiel, en los que el profeta habla, respectivamente, de la restauración de la nación israelita. Yahvé hará retornar a los exiliados, les dará un nuevo corazón, y la nueva tierra de promisión se transformará en un maravilloso edén para felicidad de los repatriados. A la pésima conducta de los antiguos pastores, Yahvé opondrá el Pastor fiel y gobernará directamente su grey imponiendo un reinado de justicia y de equidad. Ha pasado la hora de la ira divina y se acerca la de la misericordia., Ideas luminosas para mostrar la Obra redentora realizada por Cristo impulsado por su amor. Recuérdese que la epístola de la Misa a la que corresponde este Oficio también está tomada del profeta Ezequiel.

Las antífonas del segundo nocturno siguen la misma línea que las del primero y están redactadas así: «Unam petii a Domino, hanc requiram:ut in die malorum abscondat et protegat me in abscondito Coráis sui»(Sal 26,cf.v.4-5).

«In capite libri scriptum est de me ut faciam voluntatemn tuam:Deus meus, volui, et legem tuam in medio coráis mei» (Sal 39,cf.v.8-9).

«Paratum Cor meum,Pater sáncte,paratum Cor meum:confitebor tibi in cithara Coráis mei in sempiternum» (Sal 56,cf.v.8-9).

Parecen evocar estas antífonas algunos párrafos de las obras de santa Gertrudis, como puede verse por los párrafos siguientes:

Se cantaban cierto día en vísperas estas palabras: Vidi aquam egredientem de templo, etc., cuando dijo el Señor a la Santa: Dirígete a mi Corazón, pues él será verdaderamente tu templo… Respondió la Santa: Oh Señor, ¿qué morada buscaré yo? He hallado tal abundancia de dulzura en este Sagrado Corazón, que Vos os dignáis llamar templo mío, que me es imposible buscar fuera de él el alimento y el reposo necesarios para sostén de mi vida…

Mientras cantaban el responsorio Benedic., la introdujo el Señor en un lugar de un esplendor incomparable: era. el mismo Corazón de Jesucristo, preparado en forma de casa, en la cual debía celebrar la Santa la fiesta de la Dedicación…

Al cantar Vísperas, presentó el Hijo de Dios a la gloriosa Trinidad su sagrado Corazón, que El mismo tenía en sus dos manos, como una melodiosa lira. Sobre esta lira iban a resonar dulcemente ante Dios el fervor de las almas y todas las palabras de los cánticos sagrados…

Ideas parecidas se encuentran también en las Cartas y otros escritos de Santa Margarita María de Alacoque.

Ya hemos visto antes cómo todos estos conceptos vienen a expresar de una manera muy gráfica la mediación de Cristo, y por lo mismo el ejercicio de su sacerdocio, tan íntimamente relacionado con la propia naturaleza de la liturgia.

Esa mediación aparece de un modo muy claro en la primera antífona del tercer nocturno de Maitines, en el Oficio de que tratamos: «Accedamus ad Cor Altissinium lesu, ut per ipsum, et cum ipso, et in ipso, exaltemus et diligamus Deum, secundum multitudinem magnitudinis eius».

Las lecturas del segundo nocturno están tomadas del tratado de san Bernardo sobre la Pasión del Señor, inspirado en el texto de san Juan: «Ego sum vitis vera…》(15,1ss).

Sumamente bello es el responsorio de la segunda de estas lecturas: «Cor lesu, verum altare holocausti in quo ignis divinus semper accenáitur: Afferte, filii Dei, afferte corda vestra, ut in hoc altari Deo iugiter immolentur. Dirumpe, Domine, vincula mea, et tibi sacrificabo hostiam laudis», que parece inspirado en estas palabras de Santa Gertrudis: «Entonces se levantó de su trono real el Señor Jesús, verdadero Sacerdote y Pontífice supremo, y presentó con sus dos manos a Dios Padre su sacratísimo Corazón, bajo la forma de un altar de oro de que ya hemos hablado, inmolándose Él mismo por la Iglesia de un modo tan inefable y tan noble, que ninguna criatura es digna de penetrar o de aspirar a comprender este Misterio».

Las lecturas del tercer nocturno están tomadas de las homilías de san Juan Crisóstomo al evangelio de san Juan (15,9-17).

Las antífonas de Laudes y de segundas Vísperas son menos afortunadas, por eso nada decimos de ellas. Sin embargo, nos parecen interesantes las antífonas del Benedictus y del Magníficat de segundas Vísperas que, como ya vimos en la del Magníficat de primeras Vísperas, hacen alusión a Ia Virgen. Dicen así:

ANTIPH.AD BENEDICTUS: Benedictum sit Cor amantissimum Iesu et Mariae, fons vivus benedictionis, fornaxamoris, thronus divinae voluntatis, sanctuarium divinitatis .

ANTIPH. AD MAGNIFICAT: Tibi laus,tibi honor, tibi gloria,o amantissime Iesu qui dedisti Cor tuum dilectissimae Matri cuae; ut ipsa tibi uno corde in salutem humanam cooperans, digna Salvatoris Mater effici mereretur .

  1. Oficio compuesto por el P. Galliffet

Corresponde a la Misa «Venite, exsultemus» y, como en ella, se nota una gran influencia de las revelaciones de Paray-le-Monial. Es fácil ver en muchos textos litúrgicos de este Oficio las quejas del Señor a santa Margarita por la oposición de los hombres al amor que Él ha tenido para con ellos. Basten para mostrar esto las antífonas del Benedictus y las del Magníficat en las Vísperas primeras y segundas:

Cor Iesu afflictissimum, doloribus opprobriis amore nostri satu-ratum, laudamus te, adoramus te, redamamus te, gratias agimus tibi (Ad Bened.).

Improperium exspectavit Cor meum et miseriam: et sustinui qui simul constristaretur, et non fuit: et qui consolaretur, et non inveni (Ad Magnif.1.»Visp.)»!.

O victima caritatis… pro peccatis nos tris immolatum, ab in gratis hominibus afflictum… (Ad Magnif. 2.a Visp.).

  • Oficio compuesto por Mons. C. Beaumont, arzobispo de París

Sigue la misma línea que el anterior, como puede verse por los textos siguientes:

ANT.AD MAGNIF. DE 1.AS VÍSPERAS: Dominus Deus tuus in medio tui; gaudebit super te in laetitia; silebit in dilectione tua, exsultabit superte in laude.

ANT.AD MAGNIF.: Vocavi et renuisti; extendí manum meam,et non fuit qui aspiceret; despexisti omne consilium meum?

  1. Oficio correspondiente a la aprobación de la fiesta(1765)

Se aprobó este Oficio juntamente con la Misa «Miserebitur» de la que ya hemos hablado. En ambos se pone en claro que, bajo el símbolo del corazón, se quería glorificar «la caridad de Cristo, que le había llevado a sufrir y a morir por los hombres, y a instituir para ellos el sacramento de la Eucaristía», como dice textualmente la lección sexta de los Maitines de este Oficio. Es bien expresiva, en este sentido, la antífona del invitatorio: Christum pro nobis passum, venite adoremus.

  1. Oficio del cardenal Boschi(1778)

Con el fin de hacer callar a los adversarios de la fiesta del Corazón de Jesús y de su devoción, que decían que la Iglesia intentaba honrar el Corazón espiritual y metafórico de Cristo, no su corazón de carne, la Sa-grada Congregación de Ritos encargó al cardenal Boschi este Oficio que corresponde a la Misa «Egredimini», de la cual hemos hablado antes. Se intentó precisar más el objeto de la fiesta, pero no se logró enteramente, pues no podemos olvidar que la Iglesia no quiere honrar sólo esa parte de la humanidad sacratísima de Cristo, sino en cuanto que es símbolo de su Amor. De esto no puede dudarse, pues ni en los textos litúrgicos, ni en los documentos del magisterio de la Iglesia, ni en los de aquellos que más se han distinguido en la propagación de este culto se ha descuidado nunca la revalorización del amor de Cristo. No se honra por un lado el Corazón de Cristo y por otro su amor, sino el Corazón de Cristo en cuanto que es símbolo de su amor: no se separa el signo de la cosa significada, y así aparece en la oración de este Oficio, como hemos dicho antes al tratar de la Misa «Egredimini» y en otros textos litúrgicos.

La antífona del invitatorio es más expresiva que la del Oficio anterior, según el criterio que se había propuesto el compositor. Está redactada de esta forma: Cor Iesu, caritatis victimam: Venite adoremus.

Cosa notable en este Oficio es que las antífonas de los tres nocturnos de Maitines están tomadas de los mismos salmos, sin añadir frases o palabras extrañas a los mismos, por ejemplo: Speravit cor meum in Domino, et ad tu tus sum; et refloruit caro mea, que transcribe un hemistiquio de los versos 9 y 10 del salmo 2; o esta otra: Gustate et videte,quoniam suavis est Dominus:beatus vir qui sperat in eo, que es exactamente el v.8 de salmo 33.

Las lecturas del primer nocturno están tomadas de la epístola a los Efesios (1,3-7.15-18; 2,4-7.14-18; 3,14-21) que, como ya hemos visto en algunas misas, se presta muy apropósito para expresar el objeto principal de la fiesta y devoción al Corazón de Jesús. Las del segundo nocturno son unos párrafos bellos de la obra de san Buenaventura, De vite mystica, en los que habla con gran elocuencia y piedad del Corazón de Cristo perforado por amor a los hombres. Allí leemos frases como las siguientes: Ad boc enim perforatum est latus tuum, ut no bis pateat introitus: ad boc vulne-ratilrn est Cor tuum, ut in illa vite, ab exterior ibas turbationibus absoluti,babitare possimus; nibilominus et propterea vulneratum est, ut, per vulnus visibile, vulnus amoris invisibile videamus… Ouis illud Cor tam vulneratum non diligat? Ouis tam amantem non redamet?

Las lecturas del tercer nocturno están tomadas de san Agustín (In Io.Tract. 82 sobre el evangelio de san Juan y Enarrat. in Ps. 90 y 127) y son significativas en este Oficio las palabras últimas de la lección 9: Quam rem amamus in Christo? Membra crucifixa, latus perforatum,an caritatem?Quando audimus quia passus est pro nobis, quid amamus? Caritas amatur:Amavit nos, ut redamarernus eum: et, ut redamare possemus, visitavit nos Spiritu suo.

Creo que estas palabras de san Agustín en un Oficio en honor del Corazón de Jesús, en el que se pretendía de un modo especial subrayar el Corazón de carne de Cristo, son muy expresivas. No era sólo, como ya hemos dicho, el Corazón de carne de Cristo el que se quería honrar de modo especial, sino en cuanto que era símbolo de su Amor. Esto me

parece muy importante tener presente siempre que se plantee la cuestión del culto y devoción al Corazón de Cristo, de lo contrario se correría por unos caminos confusos y, hoy más que nunca, muy contrarios a la verdadera piedad cristiana. Nótese, como ya lo hemos hecho antes, que los grandes propagadores de este cuitó y de esta devoción nunca separaban el signo de la cosa significada. Los que sólo se fijaban en ese órgano del Cuerpo de Cristo y nada querían del amor que simbolizaba estaban en un error grandísimo y fueron obstáculo serio para que la devoción y el culto al Corazón de Cristo fuesen aprobados en la Iglesia; los que sólo se fijaban en el amor y nada querían saber del Corazón de Cristo que era expresión y símbolo de ese amor, se colocaban en una línea que podía aproximarse a varias herejías cristológicas, si es que no entraban plenamente en ellas, según el alcance que había que dar a sus palabras.

Las otras partes de este Oficio siguen la misma línea. Quisiéramos tener espacio para exponerlo, pero nos es imposible, si queremos atender a otros puntos.

  1. S. Oficio correspondiente a la Misa «Cogitationes» (1929)

Presenta las mismas características de la Misa «Cogitationes», con la diferencia de que por la mayor abundancia de textos litúrgicos quede suyo tiene el Oficio divino, resulta más rico el contenido doctrinal encerrado aquí.

En las primeras Vísperas se ha seguido un tipo de antífonas semejante a las de la fiesta de Corpus, cosa que se comprende, no sólo por la Eucaristía en sí misma y su relación con el amor de Cristo simbolizado en su corazón, sino también por la proximidad de ambas fiestas. En ellas se alude al yugo del Señor, a su misericordia y compasión, al fuego de su amor con el cual quiere abrasar toda la tierra, Bella en gran manera es la antífona tercera: «Una luz ha nacido en las tinieblas: el Señor es clemente y compasivo».

Las capitulas están tomadas de la epístola de la Misa, que a su vez ha sido escogida de la epístola a los Efesios, cap. 3, que tiene ideas muy especiales para esta fiesta.

En los himnos se encuentra toda una maravillosa teología de esta fiesta litúrgica. Así vemos que en el de Vísperas se alude al origen de la Iglesia del Corazón de Cristo abierto por la lanza del soldado: puerta abierta para la salvación del pueblo: Ex corde scisso Ecclesia-Christo iugata nasci tur-Hoc ostium arcae in latere est-Genti ad salutem positum.

También es evocadora la alusión que se hace a los sacramentos y los pecados de los hombres como causantes de la herida del Corazón de Cristo de tanta repercusión en el ambiente ecumenista del Vaticano II:

Ex hoc perenni gratia-Ceu septiformis fluvius-Stolas ut ill sordidas-Lavemus agni in sanguine.

 

Las mismas ideas aparecen también en el himno de Maitines, pero acentúa más que todo fue impulsado en Cristo por su gran amor.

Se insiste en lo mismo en el himno de Laudes, pero se subraya más aún la idea de correspondencia por parte de los hombres al amor que Cristo ha mostrado al realizar su obra redentora como sacerdote supremo de nuestra fe. Es también interesante en orden al objeto integral de la fiesta, puesto que nos habla del Corazón como símbolo del amor:

Hoc sub amoris symbolo-Passus cruenta et mystica-Utrumque sacrificium-Christus sacerdos obtulit.

Quis non amantem redamet?-Quis non redemptus diligat?-E:corde in isto seligat-Aeterna tabernacula.

Es fácil ver en los textos litúrgicos de este Oficio y de la Misa correspondiente no pocas ideas de la encíclica Miserentissimus Redemptor; de papa Pío XI, en 1928, sobre todo las dos principales de consagración y de reparación.

La doctrina del Papa podríamos resumirla así:

un modo especial por la celebración litúrgica, sobre todo por el sacrificio de la Misa que renueva incesantemente el Sacrificio de la Cruz. Cuanto nuestra oblación en ella responda más al sacrificio del Señor, a sus propios sentimientos, tanto mayores serán los frutos de nuestra reparación 55.

Esto es lo que continuamente nos dicen los textos litúrgicos que hemos examinado, sobre todo los actuales. De ahí la importancia de no se-parar lo concerniente a la devoción y al culto del Corazón de Jesús de la celebración litúrgica, y de que esta, en cuanto a nuestra participación en ella, se nutra de las riquezas espirituales contenidas en ese culto y devoción.

 

  • Liturgia de las Horas de Pablo VI

Se ha transformado mucho el formulario para el oficio divino de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús con respecto al oficio anterior.

Para himno de primeras Vísperas, se ha indicado el himno de F.Bruni (+1771),que antes se tenía en Maitines: «Auctor beate saeculi». En las antífonas se subraya el amor de Dios para que sea imitado por los hombres. Ese amor se manifiesta en la doctrina y en los hechos revelados: la muerte de Cristo en la Cruz y su misión de Buen Pastor. Lo mismo en la lectura breve: Ef 5,25b-27,y en el responsorio que le sigue. La antífona del Magníficat es la misma que en el Oficio anterior. Un elemento nuevo, muy importante, en la liturgia de las Horas son las preces en Laudes y Vísperas. Para esta solemnidad se han inspirado y traspuesto las invocaciones de las letanías del Sacratísimo Corazón de Jesús.

Para el Oficio de Lecturas, se ha escogido la misma antífona que en el Oficio anterior en el invitatorio. El Himno es también de F.Bruni: «Cor arca legem continens», que antes se encontraba en Laudes. Las antífonas y salmos ya estaban en el Oficio anterior. Primera Lectura: Rom 8,28-39:«El amor de Dios se manifiesta en Cristo». Le sigue un responsorio compuesto con textos de Ef 2,5.47; «Cuando estábamos muertos por nuestros pecados, Dios nos vivificó en Cristo, por el gran amor con que nos amó». La segunda Lectura está tomada, como ya se ha dicho, del opúsculo El árbol de la vida, 29-30.47,que en parte se leía en el Oficio anterior. Le sigue el responsorio con versos del Sal 102,2.4.23.9:«Gustad y ved qué bueno es el Señor».

Para el himno de Laudes, se han escogido algunas estrofas del Jubilus «Dulcis, Iesu memoria», atribuido a san Bernardo, en realidad anónimo del siglo XII. Las tres antífonas estaban ya en el Oficio anterior. La lectura breve está tomadla del profeta Jeremías 31,33, que ya estaba en las lecturas del primer nocturno del Oficio anterior: «Pondré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones». El responsorio que le sigue está compuesto de versos del capítulo 11 de san Mateo: «’Tomad mi yugo…». La antífona para el Benedictus está tomada del mismo cántico, traspuesta; «Por su entrañable misericordia, Dios nos ha visitado…».

En las Horas Menores se pone de relieve el amor de Dios en la pasión y muerte de Jesucristo, Hijo de Dios. Así lo muestran sus diversos elementos: En la hora de tercia la antífona es: «Pueblo mío, ¿qué te he hecho…?’ss. La lectura breve está tomada del profeta Jeremías 31,2-4;en la hora de sexta la antífona dice: «Se me rompió el corazón en mi pecho, se dislocaron todos mis huesos», y la lectura breve también de Jeremías,32,4; en la hora de nona, como antes en prima, y la lectura breve de la carta a los Romanos 5,8-9: «Cristo nos muestra su amor en que murió por nosotros, siendo pecadores… ».

En las II Vísperas el himno es como en las primeras; las dos primeras antífonas se encontraban ya en las I Vísperas del Oficio anterior; la tercera se ha redactado así: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». La lectura breve está tomada de la carta a los Efesios 2,47,en donde nos dice el apóstol san Pablo que Dios nos vivificó en Cristo por el gran amor con que nos amó. La antífona del Magníficat está inspirada en ese mismo cántico y dice que «El Señor nos ha acogido en su corazón acordándose de su misericordia».

Es gran lástima que todas esas riquezas estén casi sin conocer por una gran parte del pueblo de Dios. No se han hecho aún buenos comentarios ni del Misal ni del libro de la Liturgia de las Horas promulgados por Pablo VI. Tampoco se han expuesto los puntos más destacados de la doctrina referente al Corazón de Jesús basándose en los elementos que ofrece la liturgia actual. Sólo con los textos bíblicos insertados en esta gran solemnidad podría elaborarse un magnífico tratado sobre el Corazón de Cristo, por el que se fomentase aún más la devoción al mismo con una fuerza grande y con una solidez indiscutible.

 

  1. El Corazón de Jesús en las letanías en su honor

El tema en sí y la necesidad de tratar otros aspectos en este estudio nos obliga a sintetizar y abreviar cuanto se podía decir aquí. Se sabe que estas Letanías fueron compuestas en 1718 por la religiosa Ana Magdalena Rémusat y que fueron aprobadas por León XIII el 3 de abril de 1899.

Constituyen un compendio doctrinal de todo lo referente al Corazón de Jesús y al mismo tiempo nos incitan con fórmulas breves a penetrar en todo el sentido de este culto y devoción. Sobre todo son interesantes desde el punto de vista teológico por razón de revalorizar en ellas la unión hipostática en Cristo y su preeminencia como Cabeza del cuerpo Místico, como acertadamente dice el P. Tromp:

Rationem conformitatis in eo habemus,quod in litaniis SS. Cordis Iesu dicatur in sinu Mariae virginis a Spiritu Sancto formatum, us-que ad mortem oboediens factum, saturatumque opprobriis,Iesum-que oremus, ut pro nobis factus mitis et humilis corde,cor nostrum secundum Cor suum efformet. Ratio eminentiae eo indicatur,quod in iis litaniis Cor Iesu invocetur ut Verbo Dei substantialiter unitum atque maiestatis infinitae, ideoque omni laude dignissimum. Quod ad rationem plenitudinis spectat,ibidem ea describitur variis rationibus, videlicet, ubi Cor Iesu dicitur bonitatae et amore plenum,vir-tutum omnium abyssus, cor in quo sunt omnes thesauri sapientiae et scientiae, cor in quo habitat omnis plenitudo divinitatis. Unionis ra-tio in litaniis eo exprimitur quod Cor Iesu dicatur centrum omnium cordium… Imprimis autem ex festi precibus elucet ratio influentiae..In litaniis Cor Iesu celebraturut fons vitae et sanctitatis, fons totius consolationis, de cuius plenitudine nos omnes accepimus .

De todo lo dicho podemos colegir que en los distintos textos litúrgicos que hemos examinado resulta bien claro cuál es el fundamento o la razón principal de este culto y cuál es también el objeto o la forma externa del culto: a) el fundamento o razón principal es el amor de Dios hacia los hombres y concretamente el triple Amor del Redentor, según expresión de la encíclica Haurietis aquas, de Pío XII; b) el objeto material es el Corazón físico de Cristo en cuanto que es símbolo de ese triple amor y está sustancialmente unido a la Persona del Verbo por su sacratísima Humanidad. Todo esto exige nuestra correspondencia de amor, consagración y reparación.

  1. La liturgia y los «ejercicios piadosos» en honor del Corazón de Jesús

Todo lo concerniente a la devoción y al culto del Corazón de Jesús tiene vigencia en nuestro tiempo, aun después del Concilio Vaticano II.

Con respecto a la fiesta litúrgica, nada podemos objetar, precisamente por doctrina expresa de la misma Constitución Litúrgica del Vaticano II, ya que allí se nos dice: «Sacrae Liturgiae moderatio ab Ecclesiae auctoritate unice pendet: quae quidem est apud Apostolicam Sedem et,ad normam iuris, apud Episcopum».

Sabemos que la Santa Sede, aun después del Concilio, no sólo no ha prohibido tal fiesta, sino que la ha subrayado, como ha podido verse en los textos pontificios que transcribimos al principio. Tampoco consta que algún obispo se haya pronunciado contra ella, y existen muchos documentos episcopales en los cuales se recomienda vivamente la celebración litúrgica de esta fiesta y los ejercicios piadosos propios de esta devoción.

 

  1. Los «ejercicios piadosos» según el Vaticano II

Con respecto a los «pia exercitia» en honor del Corazón de Jesus, tampoco podemos presentar prohibición alguna; antes al contrario, esos «pia exercitia» han sido expresamente recomendados en la constitución sobre la sagrada liturgia del Vaticano II, donde, después de haber dejado bien establecida la supremacía de los actos litúrgicos en orden a la vida espiritual de la Iglesia, dice: «Se recomiendan encarecidamente los ejercicios piadosos del pueblo cristiano, con tal que sean conformes a las leyes y a las normas de la Iglesia, en particular si se hacen por mandato de la Sede Apostólica.

Gozan también de una dignidad especial las prácticas religiosas de las Iglesias particulares que se celebran por mandato de los obispos, a tenor de las costumbres o de los libros legítimamente aprobados.

Ahora bien, es preciso que estos mismos ejercicios se organicen teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos, de modo que vayan de acuerdo con la sagrada liturgia, en cierto modo deriven de ella y a ella conduzcan al pueblo, ya que la liturgia, por su naturaleza, está muy por encima de ellos» (art.13).

En esto, el Concilio no hace más que seguir la doctrina general de la Iglesia, sobre todo la que sobre este punto enseñó Pío XII en la Mediator Dei y mediante la Instrucción de la S. C. de Ritos de 1958 sobre la Música Sagrada. Tan cierto es esto, que en las Declaraciones de los Esquemas de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Vaticano II se dice:«Inten-tio generalis huius sectionis est sollemniter affirmare doctrinam Litt.Enc.Mediator Dei de relationibus inter liturgiam et vitam spiritualem singulo-rum… Pia exercitia in genere, uti Via crucis, Rosarium et alia huiusmodi,valde commendanda sunt, uti explicite inculcavit Pius XII in Litt. Enc.Mediator Dei. Attamen intentio huius sectionis est de piis exercitiis tracta-re tantum relate ad liturgiam, sicut factum est in Instructione S.R.C.diei 3 sept. 1958». Y, efectivamente, en todos los Esquemas que se presentaron de estos párrafos aparecen citas de la Mediator Dei y de la referida Instrucción, así como de aquella con la cual se promulgó la reforma de la Semana Santa, el 16 de noviembre de 1955. Por lo mismo, carece de fundamento la afirmación de algún autor de que la Constitución oriente los ejercicios piadosos «más fuertemente hacia la liturgia que la Mediator Dei».

La doctrina sobre este punto en Pío XII es luminosa y muestra una vez más hasta qué punto él fue un equilibrado precursor del Vaticano II. La resumimos brevemente: Después de indicar y corregir el error de los que niegan el valor de los «ejercicios piadosos» (n.28 y 29), señala la necesidad de la piedad subjetiva en las acciones litúrgicas(n.31); más si la piedad privada descuidase la vida litúrgica, sería reprobable e inútil (n.32).No existe oposición entre la piedad litúrgica y la privada (n.32 y 36).La oración litúrgica tiene una dignidad mayor que los ejercicios piadosos, aunque la Iglesia los prescriba y recomiende (n.37). Señala el Papa y recomienda ciertos «ejercicios de piedad》 y concretamente el mes de junio dedicado al Corazón de Jesús (n.180); sin reducir estos «pia exercitia» a simples esquemas litúrgicos, han de estar influenciados del verdadero espíritu de la liturgia (n.32 y 182).

Después de veinte años de distancia, la Mediator Dei conserva un valor no siempre conocido y por lo mismo no siempre apreciado. Mas, para quien no olvida lo que significó en ciertos ambientes cultos de la Iglesia la lucha entre la piedad litúrgica u objetiva y la piedad extralitúrgica o subjetiva, estas orientaciones de la Mediator Dei son sumamente apreciadas y han sido casi textualmente incorporadas en la doctrina del Vaticano II. Exageraciones hubo y hay en ambos lados, pero nunca faltaron auténticos promotores del movimiento litúrgico que, viendo la gravedad del problema, aun antes de la Mediator Dei, se esforzaron por aclarar equívocos y evitar polémicas inútiles. Los que gastaban sus energías polemizando, no supieron, en su mayor parte, guardar el equilibrio y cayeron en errores y desviaciones lamentables que la encíclica reprueba en ambas partes y estableció la paz y contribuyó con su autoridad a un desarrollo espléndido de la vida litúrgica en la Iglesia, en magnífica armonía con las formas extralitúrgicas de la piedad cristiana. No puede olvidarse que fueron los obispos alemanes los que en dos ocasiones presentaron sus quejas a la Santa Sede contra las desviaciones en este punto de ciertos liturgistas, primero por medio del arzobispo de Breslavia y luego por el arzobispo de Friburgo de Brisgovia. El Papa respondió con la encíclica Mystici Corporis, en 1943, y con la Mediator Dei, en 1947.En la actualidad se están revalorizando las enseñanzas contenidas en esas dos encíclicas sobre este punto contra un entusiasmo sin fundamento en presentar los textos conciliares como superación de las referidas encíclicas, como pudo observarse en el Congreso Internacional de Teología celebrado en Roma en 1966 y concretamente en la magnífica intervención del Padre Rahner.

Antes ,el P.Vagaggini, al cual corresponde una gran parte en la redacción del capítulo primero de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, y más concretamente de estos artículos, había dicho: «Tota haec Cons-titutionis doctrina de relationibus inter pia exercitia et liturgiam utiliter conferri potest cum encyclica Mediator Dei».

No es justo sólo comparar algún texto aislado de la encíclica con este artículo de la Constitución, sino toda la doctrina que el papa Pío XII expuso en varias partes de la misma .

Recuérdese también que el Concilio Vaticano II, no sólo los ha recomendado en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, sino también en otros documentos, como en el Decreto sobre la formación sacerdotal, donde se dice: «Foméntense intensamente los ejercicios de piedad recomendados por la venerable costumbre de la Iglesia» (Enixe foveantur pietatis exercitia…) (art.8).Yen la Instrucción Inter oecumenici, para aplicar la Constitución sobre liturgia, se lee: «Ténganse en la debida estima (debito in bonore babeantur) los ejercicios piadosos, ordenados según las leyes o costumbres de cada lugar o instituto. No obstante, se cuidará, sobre todo si se practican en común, que vayan de acuerdo con la sagrada liturgia, y tengan en cuenta los tiempos del año litúrgico, conforme al artículo 13 de la Constitución» (n.17).

 

  1. Deficiencias de los «ejercicios piadosos»

No podemos precipitarnos a acusar y reprobar determinados ejercicios piadosos. La historia nos afirma en muchos casos que tales ejercicios nacieron de la misma liturgia y que hay momentos en que se fusionan de tal modo, como en la Edad Media, que resulta difícil distinguir las acciones litúrgicas de los mismos ejercicios piadosos. No olvidemos que las acciones litúrgicas han recibido modificaciones y cambios de no escasa importancia y que los ejercicios piadosos han continuado en su forma inicial. Por eso, más que contra los mismos ejercicios piadosos determinados, una vez comprobada su autorización por la competente jerarquía eclesiástica, habría que ir contra su forma externa de realizarlos. Se impone, pues, una reforma de estos ejercicios piadosos, del mismo modo que se ha hecho y se está haciendo en la liturgia.

Es difícil que a un cristiano actual pueda ayudar a su vida espiritual el rezo, por ejemplo, del Trisagio tal como está aprobado en los devocionarios. No hace mucho daba unas conferencias sobre liturgia en una Casa de Ejercicios y la comunidad de religiosas que cuidaban de ella, fuera del programa del ciclo de conferencias, me pidieron que actuase en la Bendición eucarística a la Comunidad en su capilla. Accedí gustoso a hacerlo. Me dijeron que tenían costumbre de recitar el Trisagio; les dije que muy bien, pues no me parecía ese ejercicio piadoso en oposición con el tema de las conferencias que daba. Hacía mucho tiempo que no rezaba el Trisagio, creo que desde niño en el ambiente religioso de mi familia, y por eso no recordaba la fórmula. He de confesar que sufrí todo el tiempo que nos llevó. No por eso pensé que habría que suprimir el Trisagio, pero sí que había de ser reformado.

Con respecto al tiempo litúrgico, no se puede señalar una norma general. Alguno pensará, tal vez, que el Vía Crucis es muy a propósito para la Cuaresma, pero que no encaja bien el día de Pascua o en Navidad. Se sabe de Dom Marmion que, al ser preguntado por qué hacia el Via Crucis el día de Resurrección, respondió; «También en ese día celebro la Santa Misa y es la reactualización del sacrificio del Calvario».

No podemos perder de vista que el año litúrgico tiene antes un as-pecto dogmático que histórico y su formación en todos sus detalles no se

realizó en un principio con perspectivas históricas, sino según conceptos teológicos, y aunque la evolución posterior ha sido dominada por el aspecto histórico, según el cual se celebran más bien hechos particulares en sus días respectivos, sin embargo, todavía es fácil ver en el año litúrgico las huellas de su aspecto primitivo, sobre el que tanto han insistido prestigiosos liturgistas como Casel.

Así tenemos que en el Tiempo de Pasión se alude a los misterios de la infancia de Cristo:

Quando venit ergo sacri-plenitudo temporis,-Missus est ab arc:Patris-Natas, orbis Conditor; – Atque venire virginali-Caro jacr prodiit.

 

También en este Tiempo litúrgico se canta el triunfo de Cristo:

 

Vexilla Regis prodeunt:-Fulget Crucis mysterium,-Quo came carnis Conditor-Suspensus est patibulo (Himno de Visperas).

El triunfo de Cristo también es celebrado el Domingo de Ramos y el Viernes Santo en antífonas y oraciones.

Por el contrario, en el Tiempo Pascual se evoca en varios textos litúrgicos el nacimiento de Cristo y su pasión y muerte.

Quem editum ex Virgine-Pavescit omnis anima-Per quem et nos resurgere,-Devota mente credimus..

Qui Crucem propter hominem-Suscipere dignatus est-Dedisti tuum Sanguinem,-Nos trae salutis pretium (Himno de Maitines).

Cuius Corpus sanctissimum-In ara Crucis torridum-Cuore eius roseo-Gustando vivimus Deo…

Iam Pascba nostrum Christus est,-Qui immolatus Agnus est,-Sinceri-tatis azyma,-Caro eius oblata est (Himno de Visperas).

Podríamos multiplicar las citas, pero basten estas para mostrar lo que hemos indicado.

En el tiempo litúrgico no podemos considerar sólo el ciclo anual, sino también el semanal. Si la Iglesia ha celebrado siempre el domingo como el día de la Resurrección del Señor, ¿por qué no hemos de celebrar el viernes la Pasión y muerte del Señor? Las nuevas Rúbricas promulgadas por Juan XXIII dan un espacio considerable a la regulación de las Misas Votivas que en el Misal Romano aparecen como especialmente apropiadas para determinados días de la semana. Con una cierta categoría aparece la Misa votiva del Corazón de Jesús en los primeros viernes de mes, ya que se la considera de tercera clase, y, mientras de otras sólo se concede una, de esta se conceden dos en las iglesias u oratorios en los cuales se hacen peculiares ejercicios piadosos en honor del Corazón de Jesús.

El dar un sentido espiritual a diversas horas del día no data de la Edad Media o de otra posterior, sino que nos lo confirman testimonios de los primeros siglos de la Iglesia. San Cipriano, por ejemplo, dice en el siglo III: «In orationibus celebrandis invenimus observasse cum Daniele tres pueros in fide fortes et in captivitate victores horam tertiam, sextam et nonam, sacramento scilicet Trinitatis, quae in novissimis temporibus manifestari habebat…Manifestara postmodum res est, sacramenta olim fuisse,quod ante sic iusti praecabantur. Nam super discipulos hora tertia descendit Spiritus Sanctus; qui gratiam dominicae repromissionis implevit…Et Dominus hora sexta crucifixus, ad nonam peccata nostra sangui-ne suo abluit, et ut redimire et vivificare nos posset, tune victoriam suam passione perfecit».

Se acusa a los «ejercicios piadosos» de falta de sentido objetivo y de favorecer un «subjetivismo» e «individualismo» contrarios a las exigencias del. Cuerpo místico; como consecuencia de esto, se les ha atribuido un cierto desinterés por la liturgia. Pío XII se lamentaba de esto en la Mediator Dei: «Comprobamos con dolor que en algunas regiones el sentido, el conocimiento y el estudio de la liturgia son escasos o casi nulos».

Otro defecto que se ha señalado en los «ejercicios de piedad» es un cierto «antropocentrismo», El centro de toda religión natural y sobrenatural es Dios.

Mas todo esto ha de ser tamizado con gran perspicacia y reflexión, pues, sin quererlo, se encuentra mezclado con muchos puntos de vista muy diversos y a veces erróneos. Como con frecuencia sucede, donde vemos error, exageración o algo defectuoso, hay también verdad, puntos exactos y perfección, y al querer suprimir a aquellos se ha afectado también a estos. El problema de suyo es complejo y se necesita una buena dosis de madurez, reflexión y prudencia. En ambos sentidos, la superficialidad y la precipitación han fomentado la desorientación y con ella se ha hecho mal a los fieles.

Fijándonos en el «antropocentrismo» (que sería injusto referirlo sólo a los «ejercicios de piedad», ya que en ciertos grupos reaccionarios de las prácticas de piedad tradicionales se ha acentuado no poco ese aspecto en el dogma, el culto y. la moral), no se ha de caer en el extremo opuesto que lleva al olvido de sus propios intereses ante Dios, pues sería la destrucción de la misma religión, inconcebible sin la existencia de la criatura con su propia finalidad siempre subordinada a Dios. El «teocentrismo» de la liturgia no anula los intereses legítimos de los hombres, como acertadamente han escrito al referirse a la liturgia Romano Guardini, Casel, Vagaggini y tantos otros. La misma encíclica Mediator Dei, al corregir los abusos y errores en ambos sentidos, nos dejó abierto el camino recto a seguir. Ni un exclusivo «objetivismo» que degenere en puro formalismo, ritualismo o estetismo vacío de vida, ni un exclusivo «subjetivismo»>que nos lleve a un culto de espalda a lo que Cristo y la Iglesia han establecido.

 

  1. Adaptación de los «ejercicios piadosos» a la liturgia

Si la liturgia es la fuente primaria e indispensable en donde han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano, como dijo san Pio X en 1903 y luego ha repetido insistentemente Pío XI en la Divini cultus, Pío XII en la Mediator Dei y en otros Documentos de su Pontificado, y finalmente el Vaticano II en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia,art.14,es cierto que no hay lugar en la Iglesia para una espiritualidad cuyo elemento dominante y característico sea dado por los «pia exercitia». Estos nunca pueden tener una misión esencial o fundamental, sino sólo secundaria y accidental. De hecho, nunca han tenido esa supremacía que sólo corresponde a las acciones litúrgicas, pero a veces, por desorientaciones en la piedad, por negligencia e ignorancia religiosa, puede encontrarse y de hecho se encuentra en ciertos grupos de cristianos.

Con todo, la línea divisoria entre la liturgia y los «pia exercitia» no es totalmente clara, puesto que la misma acción litúrgica supone elementos propios de los «pia exercitia», como lo advirtió Pío XII en la Mediator Dei y últimamente la constitución sobre la sagrada liturgia, SC 11.Hoy día, pertenecen a la liturgia elementos que en otro tiempo fueron considerados como «pia exercitia». Martimort dice sobre esto que «su importancia pastoral, señalada particularmente en nuestra época, es subrayada por las tradiciones particulares de los países cristianos. Finalmente, puede suceder que algunos lleguen a ser litúrgicos, pero sólo cuando su estructura y su valor permiten a la Iglesia elevarlos a esta dignidad para una diócesis, una orden religiosa o incluso para el universo». Es el caso de la procesión del Corpus en el siglo XIV, de la renovación de las promesas del bautismo en 1951, de los Oficios Parvos en el Concilio Vaticano II (SC 98), y podíamos decir también que el mismo Oficio Divino fue un tiempo un ejercicio piadoso. Por eso, una espiritualidad fiel a la esencia de la liturgia no podrá considerarlos ajenos, mas es necesario que en la conducta, apreciación y esfuerzo de quienes lo cultivan o propagan esté siempre la jerarquía de valores, y, por lo mismo, las acciones litúrgicas en primer plano, pues «por ser obra de Cristo y de su Cuerpo que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia ,con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia» (ibíd.,7); que es lo mismo que nos dice la Instrucción de la S. C. de Ritos, De ordine bebdomadae sanctae rite peragendo, del 16 de noviembre de 1955:«sean instruidos los fieles del sumo valor de la liturgia que siempre, y en estos días de una manera especial, aventaja, por su misma naturaleza, a todas las demás formas de devoción, aunque sean óptimas» 64. «Con todo, la participación en la sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual».

«Los ejercicios piadosos han de estar estructurados teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos, dice la Constitución, de modo que vayan de acuerdo con la sagrada liturgia, en cierto modo deriven de ella y a ella conduzcan al pueblo» (ibíd., 13). Resulta difícil determinar en qué sentido se ha de estar de acuerdo con la liturgia, si en el objeto mismo o en su formulación, o en ambas cosas a la vez. En cuanto a la formulación, también resulta difícil, pues la Misa, el Oficio, los Sacramentos y otras acciones litúrgicas contenidas en el Ritual o en el Pontifical tienen cada una un estilo propio. Por otra parte, hoy se habla mucho del pluralismo litúrgico, de las costumbres populares incorporadas a la liturgia, de las variaciones y adaptaciones legitimas a los diversos grupos, regiones y pueblos, especial-mente en misiones, como nos dicen los art.37-40 de la constitución sobre la sagrada liturgia del Vaticano II.

De todas formas, sin querer presentar como un esquema único, creo que el estilo de las llamadas «paraliturgias» o «Vigilias Bíblicas» nos dan una forma aceptable para ser tenida en cuenta en la revisión y reforma de los «pia exercitia». De hecho, ya existen no pocos formularios de estos «pia exercitia» estructurados en ese estilo con gran aceptación de pastores y fieles.

 

  1. Los «ejercicios piadosos» en honor del Corazón de Jesús

Después de lo dicho anteriormente, poco tenemos que decir de estos «ejercicios piadosos» en honor del Sagrado Corazón de Jesús.

La Constitución nos presenta tres grados en los «ejercicios piadosos»:

  1. a) Los que se hacen por mandato de la Sede Apostólica.
  2. b) Los que se hacen por mandato de los Obispos en las Iglesias particulares, «según la costumbre y libros legítimamente aprobados».
  3. c) Los que están aprobados por la Iglesia, pero son realizados por personas privadas o incluso comunidades.

Es bien claro que existen «ejercicios piadosos» en honor del Corazón de Jesús por mandato de la Sede Apostólica. Y otros, aunque no están prescritos por la Sede Apostólica, están aprobados y vivamente recomendados por ella, tanto que la facultad de poder celebrar la Misa votiva del Corazón de Jesús en los primeros viernes de mes, según las Rúbricas, una o dos veces, está condicionado a la realización de tales «ejercicios piadosos».

Creeríamos oportuno que el Apostolado de la Oración, que fomenta y propaga la devoción al Corazón de Jesús, debería hacer una revisión de tales «ejercicios piadosos» en lo que se refiere a sus fórmulas o por lo menos a algunas de ellas, con la debida autorización.

Pero tal vez lo que más se necesite es una buena catequesis al pueblo fiel en este aspecto. Nada tenemos contra los nueve primeros viernes de mes y todo lo que llevan consigo en honor del Corazón de Jesús, pero sí que esto acapare tanto la atención de algunos fieles, que el domingo quede desapercibido e incluso no celebrado ni con la participación a la santa Misa, o que el Domingo de Pascua no tenga ninguna resonancia en la vida espiritual de estos fieles. No son pocos los casos que pueden citarse de varios lugares en los que se ha podido constatar que la víspera de los prime-ros viernes de mes, si hubiese en la iglesia el doble número de sacerdotes para confesar, no se quedarían sin penitentes, lo cual es digno de elogio; pero la víspera del domingo sobran los que hay, y, por lo mismo, también al día siguiente disminuyen mucho las comuniones, y, sobre todo, es más notable el Domingo de Pascua y la Vigilia Pascual, lo cual dice muy poco en favor de esa vida espiritual cristiana.

  1. Conclusión

Por todo cuanto hemos dicho, podemos deducir que el culto y devoción al Corazón de Jesús queda plenamente incorporado al movimiento de renovación litúrgica, tanto si nos referimos a su fiesta litúrgica, cuanto si tenemos en cuenta los «ejercicios piadosos» con que se ha nutrido y fomentado esa devoción. Los últimos documentos pontificios son bien explícitos y ellos han de ser para nosotros la guía segura en nuestra vida espiritual, a lo cual tanto la liturgia como los «ejercicios piadosos» han de conducir. Como puede comprenderse, lo exagerado o defectuoso que haya habido en este culto y devoción no puede aprobarse ni seguirse; pero esto no ha de disminuir, sino al contrario nutrir y fomentar rectamente ese culto y esa devoción como quiere el Santo Padre.

No deja de ser significativo que los grandes liturgistas nunca han visto una oposición entre la piedad verdaderamente litúrgica y esta devoción; más aún, la han fomentado vigorosamente. Puedo presentar un gran número de almas que han vivido y viven la sagrada liturgia de la Iglesia y nunca han encontrado dificultad para tener al mismo tiempo una gran devoción al Corazón de Jesús.

Un autor nada sospechoso, cuyas obras han sido traducidas al francés, en Éd. du Cerf del Centro de Pastoral Litúrgica de Francia, y al alemán, Divo Barsotti, ha escrito sobre el culto y devoción al Corazón de Jesús estos párrafos bien expresivos:

La devoción a la humanidad de Cristo, que renace con san Bernardo y se hace tan popular con la espiritualidad franciscana, tiene en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús su desarrollo más perfecto y como el sello de la aprobación divina..

La espiritualidad cristiana ¿ha sufrido verdaderamente un empobrecimiento después que al Cristo pantocrátor del arte bizantino se ha preferido Jesús que nace en el pesebre de Greccio, Jesús que llora en el canto del beato Suso, Jesús que ofrece su Corazón a santa Margarita María de Alacoque y busca en cambio el amor de los hombres? Es una bella temeridad hablar de empobrecimiento cuando, contra la espiritualidad oriental que no conoce una devoción a la Humanidad de Cristo tan viva, pero que también ha dado tan pocos santos a la Iglesia, nosotros los occidentales podemos contraponer la multitud inmensa de los «amigos de Cristo».

A la vida angélica, término de la ascesis oriental, el occidente ha preferido simplemente la vida cristiana: a la unión con los ángeles, la unión con Cristo; y esta unión es más fácil y más elevada, porque la vida no cesa de ser humana y divina…

Aunque moderna, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús es, ciertamente, en el año litúrgico una de las fiestas más grandes y más importantes. Nos enseña, efectivamente, la importancia absolutamente única que en la espiritualidad cristiana tiene nuestra relación con Cristo…Dios no es para el alma un ser infinitamente lejano e inaccesible; ha venido a ser su amigo, su compañero. «He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres», nos dice; y añade: «Tú al menos ámame». Toda la grandeza y el significado de la devoción del Corazón de Jesús está en estas palabras…

Es particularmente notable en la liturgia de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús la insistencia sobre el carácter íntimo y personal de nuestra relación con Cristo. El misterio de la encarnación divina es el fundamento de esta relación…