La reparación al Corazón de Jesús y las nuevas tendencias cristológicas (II)

Sagrado Corazón de Jesús

P.Cándido Pozo. S.J.

La crisis actual de la cristología

            La actual crisis doctrinal en la Teología católica presenta caracteres alarmantes, pero quizás pocos lo sean tanto como los que se manifiestan en la cristología. Tras una crítica a la Cristología calcedonense, que se pretende ininteligible de inadaptada a la mentalidad del hombre de hoy, está en juego la fe en la divinidad de Cristo. La Santa Sede lo ha visto con justeza y ha tomado posición con la declaración Mysterium Flii Dei. Autores incluso no católicos como neo-adopcionismo o neo-nestorianismo. Creo más exacto el primer calificativo que el segundo.

            En efecto, en nuestros días, P.Schoonenberg ha llegado escribir: “Jesucristo  es una persona. Es una persona humana”. Sus explicaciones ulteriores en orden a salvar una trascendencia de Jesús se limitan a hablar de una presencia de Dios en el hombre Jesús, con el agravante de que, según él, esa presencia de Dios en Jesucristo no difiere esencialmente, sino que es meramente de grado más intenso que la que puede darse en otros hombres. Todo ello está aún más agravado con sus dudas sobre la preexistencia de las personas trinitarias y, por tanto, la preexistencia del verbo en cuanto tal al hecho mismo de la Encarnación; para él, “confesar la Trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (punto esencial de nuestra fe) no equivale a afirmar que Dios sea trinitario desde toda la eternidad”. Tiene razón L.Reenwart, al confesar que no consigue ver en qué difiere todo este conjunto de posiciones de lo que es la esencia del adopcionismo.

            Por caminos bastante paralelos se mueven algunos teólogos españoles. Así, por ejemplo, para X. Pikaza, la preexistencia de Jesús-de la persona de Jesús-no es una afirmación necesaria para la fe. Su divinidad no pasa de ser un comportamiento que desvela el misterio de amor a Dios sobre esta tierra. Con esta doble premisa, nada tiene de extraño que Pikaza piense que la visión adopcioncionista de Jesús es extraordinariamente positiva, ya que con ella (¿sólo con ella?) Se salvaguardaría la plena humanidad de Jesús. ¿No fue precisamente Calcedonia, dentro del estricto mantenimiento de la unidad de Persona divina de Jesús, una defensa nítida de la humanidad de Jesús contra el peligro monofisita de difuminarla o disolverla?

            En cuanto a J.I.  González Faus, baste reseñar aquí su propuesta de “reformulación” de Calcedonia: “Jesús es un hombre que en su misma humanidad (y categoría al mente, por tanto) está sostenido por Dios. Y por eso es la plenitud insospechada del humano”. Uno puede preguntarse con todo derecho si todos los hombres- quizás no en ese grado de “plenitud” que González Faus pretende para Jesús- no están sostenidos por Dios y, por tanto, si en esta perspectiva la singularidad de Jesús con respecto a los demás es verdaderamente esencial y llega a ser algo más que una “superioridad de grado”.

Es difícil entender que, en virtud del juego de etiquetas que hoy padece la Teología, pueda considerarse a estas tendencias y a estos teólogos como “progresistas”, cuando en realidad son una regresión al adopcionismo, cuyo representante más conocido, Pablo de Samos ata, es del siglo III.

La devoción al Corazón de Jesús en la nueva cristología

No podemos ocultar la gravedad que estas posiciones encierran en sí mismas. Pero ciñéndonos al culto al Corazón de Jesús y más en concreto al aspecto importantísimo de la reparación, es necesario decir que la reparación, sea directamente a Cristo, sea con Cristo al Padre, según los dos esquemas oracionales que hemos mantenido como posibles, carece en absoluto de sentido sin una nítida e inequívoca afirmación de la divinidad de Jesús.

            Una reparación directa al corazón del Señor parte del supuesto de que éste es ofendido por nuestros pecados. En este supuesto esta ya implicada la concepción de que el pecado es ofensa personal a Dios, como Pío XII sostuvo con firmeza frente al movimiento que se llamó la “teología nueva”.

            Por otra parte, todo intento de unirnos al redentor para juntos con Él reparar al Padre no puede olvidar que en una sólida tradición teológica de la que ya es representante San Anselmo de Canterbury en su obra clásica ”Cur Deus homo” y que se ha prolongado hasta nuestros días, para una satisfacción condigna el Redentor es inconcebible, si no es Dios, ya que sólo siendo Dios tiene la posibilidad de satisfacer condignamente por nuestros pecados.

Conclusión

            Como es obvio, un abandono de la fe en la divinidad de Jesús toca el núcleo más central de la fe cristiana. Por ello, ese abandono debe ser atacado y refutado en si mismo. Pero siempre será consolador para quienes viven la devoción al Corazón de Jesús y le tributen culto, sentir una cierta reacción de “connaturalidad”, que les hace rechazar esos errores. Su propia vivencia espiritual y su vida de reparación les hacen reaccionar espontáneamente contra lo que no es conciliable con ellas; simultáneamente están también de modo espontáneo, salvando la esencia de su fiel cristiana.