LA REVELACIÓN BÍBLICA Y EL CORAZÓN DE JESÚS II

Luis DÍEZ-MERINO,CP

ϒ Nuevo Testamento

  1. Siguiendo la LXX

El empleo neotestamentario del término se conecta con el sentido del AT, distanciándose así claramente del sentido griego y concentrándose todavía más en la LXX en torno al corazón entendido como órgano principal de la vida psíquica y espiritual y por eso también como la parte del hombre en el que Dios se manifiesta.

El NT emplea la misma terminología veterotestamentaria, pero en algunos casos resuenan algunos conceptos que encontramos también en la doctrina esenia.

En concreto en Pablo el corazón se muestra como la morada del Espíritu Santo (Rom 5,5; 2 Cor 1,22; Gál 4,6) y de Cristo (Ef3,17),en cuanto son principios de los actos que llevan a la salvación. Así Pablo opone la condición del cristiano a la del impío que aparece diseñado en los textos esenios de Qumrán; en dichos textos en el corazón del impío habita Belial (1QH 6,21; 1QS 10,21; cf.2,11).

  1. Centro del cuerpo

Una insinuación al corazón como órgano central del cuerpo y sede de La fuerza física vital se encuentra en Lc 21,34:«¡Tened cuidado!, no sea que vuestro corazón se embote por el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y os asalte de repente aquel día», como en Hch 14,17:«Aunque no se quedó sin testimonio en favor suyo, haciéndoos beneficios, dándoos desde el cielo lluvias y fértiles temporadas, colmando de alimento y de alegría vuestros corazones》 (cf. Sal 147,8; Jer 5,24).Y también Sant 5,5: «Habéis nutrido vuestros corazones》 (cf.1 Re 21,7;Sal 101,5;103,15).

  1. Centro de la vida interior

De distintos modos se describe el corazón como el centro de la vida interior, en él se encuentra la sede y el origen de todas las fuerzas y funciones psíquicas y espirituales:

«Porque estaba en mi corazón el día de la venganza y llegaba el día de la redención» (Is 63,4). Y Jeremías hace decir a Yahvé: «Yo os daré pastores según mi corazón, que os apacentarán sabiamente»(Jer 3,15).

 

  • a) El corazón de Yahvé en el AT

Según los textos que preceden, Yahvé busca sacerdotes y reyes según su corazón; ahora bien, cuál es el corazón de Yahvé? Se puede ir descubriendo a través de los textos, en las distintas partes del AT, empezando por uno de los más significativos, que nos recuerda el Éxodo.

  1. En el Pentateuco

Cuando Moisés pidió a Dios que se identificase, respondió el Ángel de Yahvé, con esto se indica que es manifestación del mismo Yahvé (cf. Gén 16,7); aunque en muchas ocasiones se designe con tal nombre a un intermediario («mensajero») de Dios que permite dejar a salvo la transcendencia divina; en otros casos, como en este pasaje de Éx 3,6,se refiere a Yahvé mismo (cf. Gén 16,10.13): «¡Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob! » (Éx 3,6).Esta había sido la identificación de la tradición Elohísta que había retrasado hasta este momento la manifestación del nombre de Yahvé, en cambio en la etapa primitiva se había identificado a Yahvé con el «Dios de los patriarcas».

El sentido del nombre de Yahvé ha sido diversamente interpretado:

1) «Yo soy el que soy»: sería una evasiva a la pregunta de Moisés;

2)Seria el verdadero descubrimiento del nombre;

3) Santo Tomás daba al nombre de Yahvé («Yo soy el que soy», Éx 3,14)un valor metafísico, pero los hebreos esto nunca lo alcanzaron;

4) sería una afirmación ontológica, una definición causativa («el que hace existir»);

 5) sería la expresión de la presencia dinámica de Yahvé en medio de su pueblo;

6) Schild definía la interpretación existencial: «Yo soy el que es»;

 7) S.D. Goitein interpretaba el nombre de Yahvé como «el que ama, el apasionado».

Parece que está más acorde con el significado de Yahvé lo que se lee en su contexto: «Este es mi nombre para siempre; este mi memorial de generación en generación» (Éx 3,15), pues la historia de Israel y la del mundo giran sobre estos dos goznes, que son la misericordia y la justicia de Dios; en efecto, más sobre la misericordia, que es la que la Biblia hace resaltar más entre todos los atributos divinos. Ahora bien, la misericordia, tal como se califica entre los otros atributos divinos, incluye además la bondad, la clemencia, la fidelidad y hasta la justicia.

En el Éxodo se narra cómo Yahvé contempló desde su alta morada la servidumbre de Israel y compadecido bajó a liberarle, porque Israel es su hijo, su primogénito (Éx 3,7ss). Así decía Moisés al pueblo: «Yahvé,tu Dios, te ha elegido para ser el pueblo de su porción entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra. Si Yahvé se ha ligado con vosotros y os ha elegido, no es por ser vosotros los más numerosos, los más en número entre todos los pueblos, pues sois el más pequeño de todos. Porque Yahvé os amó y porque ha querido cumplir el juramento que hizo a vuestros padres, os ha sacado Yahvé de Egipto con mano poderosa» (Dt 7,6-8).

  • En los Profetas

En los días del Mesías será, sobre todo, cuando se dé a conocer la misericordia de Yahvé.

Todas las manifestaciones de la historia de Israel son preludios de lo que será la obra de la misericordia, cuando Dios tuviese dispuesto revelarla:

-Profeta Isaías: será en aquella época cuando comience la mayor obra de la misericordia divina, que es el perdón de los pecados del pueblo, según decía Isaías, por cuyo medio hablaba Yahvé, diciendo a Israel: «Yo he disipado como nubes tus pecados, como niebla tus iniquidades. Vuelve a mí, que yo te he rescatado» (Is 44,22).Más adelante habla el Señor a Israel, su esposa repudiada, con la que quiere hacer las paces, y así dice: «Nada temas, que ya no serás confundida; no te avergüences, que no serás afrentada. Te olvidarás de la vergüenza de tu juventud y perderás el recuerdo del oprobio de tu viudez, por-que tu marido es tu hacedor, y tu Redentor el Santo de Israel, que el Dios del mundo todo… Desencadenando mi ira, oculté de ti mi rostro, pero en mi eterna misericordia me apiadé de ti» (Is 49,4-8). Isaías pone en boca de su pueblo que ora a Dios: «Mira desde los cielos y ve desde la morada de tu santidad y de tu gloria. Dónde está tu celo y tu fortaleza, la emoción de tus entrañas y tu misericordia. ¿Se han acortado? Con todo tú eres nuestro Padre. Abrahán no nos conoció y nos desconoció Israel; pero tú, ¡oh Yahvé!, eres nuestro Padre, y Redentor nuestro es tu nombre desde la eternidad» (Is 63,15ss).

-Profeta Jeremías: tiene un pasaje muy expresivo del carácter sacrificial del Mesías, que como nuevo David, se acerca para inmolarse, «para ofrecerme su corazón en sacrificio», para «cumplir los planes de su corazón» (Jer 30,24); este texto precisamente figura en la liturgia del oficio del Corazón de Jesús.

-Profeta Jonás: en el lenguaje de Jonás cuando vio la penitencia de Nínive y el perdón que Dios le había otorgado: «;No es lo que ya me decía yo estando en mi tierra? Por eso precaviéndome quise huir a Tarsis, pues sabía que era Dios clemente y piadoso, tardo a la ira, de gran misericordia y que se arrepiente del mal» (Jon 4,2).

 

 

 

 

 

 

Las páginas del AT pregonan de muy diversas formas la misericordia de Dios para con Israel, para con todos los hombres, incluso para con los pecadores.

  • En los Hagiógrafos
    1. .Salmos

El rey clama a Dios en el libro de Salmos: «Apiádate de mí, oh Dios, según tus piedades; según la muchedumbre de tus misericordias borra mi iniquidad» (Sal 51,3). «Él (Yahvé) ama la justicia y el derecho y de la misericordia de Yahvé está llena la tierra» (Sal 33,5). Y más adelante:«¡Cuántas son tus obras, oh Yahvé, y cuán sabiamente ordenadas! Llena está la tierra de tus beneficios» (Sal 104,24). Y todavía: «Llena está la tierra de tu misericordia: enséñame tus preceptos» (Sal 119,64).

-En el salmo 40 leemos: «Hacer tu voluntad es lo que me agra-da, Dios mío, y tu ley la llevo en medio de mi corazón». Estas palabras las pone el autor de la carta a los Hebreos (Heb 10,6-8) en boca de Jesucristo, que vino a la tierra a hacer la voluntad de su Padre y abrogar los sacrificios de la antigua ley, sustituyéndolos por su propio sacrificio en la cruz. Añade: «Me abriste los oídos», se entiende para oír y cumplir la voluntad divina. La LXX traduce soma en vez de ôtia,

y es la traducción que cita la carta a los Hebreos: «Me preparaste un cuerpo» (Vulg: «corpus autem aptasti mihi»). La idea central no varía, pues el Padre dio a Cristo el cuerpo para padecer y los oídos para oir la voz del Padre que le mandaba morir. Añade Heb.: «En el rollo del libro» (Vulg: «in capite libri»); en griego emplea kefalis, que significa puntualmente la extremidad superior del cilindro en que se arrollaba el volumen; y aquí, por sinécdoque, significa todo el volumen, e. d. toda la Escritura Sagrada. Hay una equivalencia de meayim («entrañas»), que LXX traduce koilia, con el ordinario kardía, que aparece también en el códice Vaticano y en la Vulg.

 

-En los Salmos de la Pasión:

1) El salmo 15, que Pedro cita como prueba profética de la resurrección de Jesús (Hch 2,26), pone en labios del mismo Mesías este grito de triunfo, después de la muerte de Jesús: «Por eso se alegra mi corazón y se regocija mi alma, más aún hasta mi carne descansará se-gura» (Sal 15,9).

2) El salmo 22 expresa los acentos de Jesús agonizante, y entre otras cosas se nos dice: «Mi corazón está como la cera, se derrite en medio de mis entrañas» (Sal 22,15). Se vuelve a hacer una equivalencia entre kardia y koilia, y desde la época de san Justino se reconoce en este salmo una exactitud dramática a la oración de Cristo en la cruz. El conjunto del salmo sería un eco de los sentimientos más profundos de su corazón, y esto se puede deducir de su cita de las primeras palabras de dicho salmo 22, y en Cristo en la cruz se cumplen los diversos sufrimientos expuestos en todo el salmo.

3) El salmo 69,que se pudiera releer como un preludio de Getsemaní, según los Padres de la Iglesia, se leen las siguientes palabras: «Las afrentas quebrantaron mi corazón y desfallecí, y esperé que alguno se compadeciese, pero no lo hubo» (Sal 69,21). Este abandono completo, aún por parte de su Padre, lo experimentó Cristo en su Pasión y en la cruz. A continuación hay unas palabras que describen el abandono del Redentor en su tormento y en su sed mortal; por su parte en el evangelio se citan como cumplidas en el vinagre ofrecido a Jesús por los soldados romanos (Mt 27,34).

  1. Otros libros de Hagiógrafos

-En el libro de Lamentaciones el profeta se anima a confiar en Yahvé, diciendo: «Porque el Señor no desea para siempre, sino que, después de afligir, se compadece según su gran misericordia; porque no aflige por gusto, ni de grado acongoja a los hijos de los hombres»(Lam 3,31-33).

-En el Eclesiástico se dice: «¡Cuán grande es la misericordia del Señor y su piedad para los que se vuelven a Él!» (Eclo 17,28).

 

  1. Expresiones descriptivas

Unas veces son puestas en boca de Dios expresiones autodescriptivas, como cuando un profeta ponía en la boca de Yahvé estas palabras: «Yo me suscitaré un sacerdote fiel que obrará según mi corazón y según mi alma» (1 Sam 2,35), y también el profeta Isaías afirmaba: «Porque estaba en mi corazón el día de la venganza y llegaba el día de la redención»(Is 63,4), y según Jeremías: «Yo os daré pastores según mi corazón, que os apacentarán sabiamente» (Jer 3,15).

En otras ocasiones son otros personajes los que tratan de definir el corazón de Dios, como es Samuel cuando dijo a Saúl: «Yahvé ha buscado un hombre según su corazón, para que sea jefe del pueblo» (1 Sam 13,14), o cuando David dirigió una oración a Dios en la que se expresaba así: «Todas estas grandezas las haces según tu palabra, y según tu corazón, y se las has dado a conocer a tu siervo»(2 Sam 7,21).

 

  1. Autodefinición divina

Existen muchos pasajes en el AT en que Dios se autodefine a sí mismo; especialmente significativo es el pasaje en que existe una autoconfesión divina, donde describe sus trece atributos.

Aunque los atributos que se aplican a Dios, como tener un nombre, igual que los otros seres personales, parece como que le hiciesen comparable a la persona humana; pero él es más que un hombre poderoso e inmortal, como es el caso de las divinidades paganas (Núm 1,19;1 Sam 15,29;Is 40,28;Os 11,9; Sal 121,4).Sin embargo el AT subraya la diferencia que hay entre Dios y el hombre: Yahvé es Dios y no un hombre (Os 11,9).

  1. α.Los trece atributos divinos

Es en un episodio que se desarrolla en el Sinaí, después de la descripción del becerro de oro, donde Dios descubre su intimidad divina. Moisés, como garantía de la estima que Dios le muestra, le pide que le haga ver su gloria. Yahvé, a su vez, le responde: «Yo haré pasar delante de ti toda mi bondad» (quizá con LXX: «Yo pasaré delante de ti con toda mi gloria»),y después añade: «y pronunciaré ante ti mi nombre, Yahvé» (Éx 33,19).Cuando ya Moisés había subido a la montaña y se había colocado en el lugar que Yahvé le había determinado, fue precisamente Yahvé quien definió el alcance de su propio nombre: «Yahvé es Yahvé, ‘El misericordioso y clemente, tardo a la ira, rico en misericordia y fiel, que mantiene su gracia por mil generaciones y perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que no los deja impunes y castiga la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación» (Éx 34,6-7).

Al escuchar Moisés estas palabras, se postró en tierra y exclamó: «Señor, si he hallado gracia a tus ojos, dígnate marchar en medio de nosotros, porque este pueblo es de dura cerviz; perdona nuestras iniquidades y nuestros pecados y tómanos por heredad tuya» (Éx 33,9).

Joel 2,13: «Volveos a Yahvé, vuestro Dios, pues es clemente y misericordioso, lento a la ira y abundoso en benignidad, y se duele del año».

En un largo discurso, Esdras, hace un repaso histórico de lo que le ha sucedido a Israel, conducido por la mano de Yahvé, y dentro de este discurso hay continuas alusiones a Yahvé; Neh 9,6-37: «¡Tú solo eres Yahvé!(v.6)…Tú eres, Yahvé, Ha-‘Elohim que elegiste a Abram (v.7)…has cumplido tu palabra, pues eres justo (v.8)… Tú eres un Dios pronto a perdonar, clemente, compasivo, tardo para la ira y abundoso en benignidad, y no los abandonaste (v.17)… Tú, en tu inmensa misericordia (v.19)…Pero, en tus grandes misericordias, no los aniquilaste ni abandonaste, pues eres un “E clemente y misericordioso» (v.31)… Ahora, pues, ¡oh Dios nuestro!, Ha-‘El grande, poderoso, terrible, qu1e guardas la Alianza y la compasión» (v.32).

Ben Sira dirá: «Porque el Señor es compasivo y misericordioso, per-dona el pecado y salva en el momento de la tribulación»(Eclo 2,11).

  1. Dios poderoso

Ya vemos indicado en su nombre ‘El (dios, etim.wi «ser fuerte»)[heb. ‘el, acad.ilu, árabe ilab]: este poder se manifiesta en el nombre antiquísimo de «Fuerte de Jacob》 (Gén 49,24; Is 1,24;60,16;Sal 132,2.5)y es loado en los cánticos más antiguos (Éx 15,3; Sal 24,8). Dios ejercita este poder de un modo celoso en su pueblo, en cuanto ba`al («amo»), y en el mundo entero en cuanto Señor. También es rey. Tales títulos son comunes en el mundo semítico, y en la Biblia pueden reemplazar al mismo nombre divino (Is 1,24; 3,1;6,1).

Su potencia la ejerció especialmente en la liberación de Egipto, y allí manifestó la realidad de un Dios que existe y que actúa (Éx 3,14),que escoge para su servicio al hombre y al pueblo enteros y los domina (Jer 16,21;Ez 6,14;Sal 46,11).

La creación y el gobierno del universo y de todo lo que se mantiene en vida, muestra, del mismo modo, el poder de este Dios único (Sal 19;Sal 104;Job 38; Gén 1).

 

  1. Dios vivo

Ante todo Dios es el Dios vivo (Os 2,1; Sal 42,3). A esta vida es a la que se refieren las fórmulas de juramento: «Vive Yahvé》(1 Sam 14,39.45; 1 Re 17,12). En este punto el Dios de Israel se distancia infinitamente de las divinidades cananeas que estaban sujetas a los ciclos anuales de la naturaleza, muerte y renacimiento, porque Dios no muere (Hab 1,12).

Dios es un Dios vivo, frente a los demás dioses que no tienen vida(1Sam 17,26.36;Jer 10,10s), ni ven ni entienden (Is 44,9); además los otros dioses mienten, son impotentes, y les falta el aliento vital (Jer 10,14). Solamente el Dios vivo, en el que el israelita ha puesto su confianza (Sal 84,3; Job 19,25-27) es la fuente de la vida (Sal 36,10).

  1. Dios santo

Si algún distintivo se podría poner por delante de los otros en la definición de la esencia del Dios bíblico habría que decir que es el «Santo», como él mismo se confiesa (Is 40,25; Hab 3,3), el «Santo de Israel» (Is 1,4;5,19.24;etc.), el «tres veces Santo» (Is 6,3).

Esta santidad significa que Dios está separado (qdsh-hwl) de todas las cosas y que está en lo alto, sobre todo lo creado y débil. La santidad le hace totalmente otro (Is 40,25; 46,5), ante quien el hombre es consciente de que no es sino polvo y ceniza (Sal 8,5; Gén 18,27;Job 42,6)y el hombre es presa de angustia y de temor (Is 8,13; Sal 99,3).

Esta santidad, según el testimonio de los Profetas, reviste un carácter moral, ya que el Señor es Dios y no un hombre; por su misma santidad, su ira no es inexorable (Os 11,9), y su santidad se manifiesta en su justicia (Is 5,6), le ofende la infidelidad de su pueblo Israel (Is 5,19), y está tan alejado de todo lo que es pecado que el pecador que entrase en relación con el Señor tendría que morir (Is 6,5).

Esta santidad de Dios se hace patente al exterior: cuando ejercita su poder sobre la creación (Is 41,20;45,11), cuando obra milagros (Éx 15,12; Sal 77,15), cuando salva a su pueblo (Is 41,14; 43,3; 47,4), cuando practica el juicio (Is 5,16; Éx 28,22), cuando es constante en su amor (Os 11,9).

Isaías creó una expresión «el Santo de Israel》y la emplea con frecuencia; dicha designación encierra en sí la paradoja de la alianza: el Señor, por su santidad, se opone a todo lo que es terreno y humano, y por tanto a Israel; pero aun así el Señor quiere vincularse de forma particular a Israel, y eso solamente será posible mediante la observancia ritual y moral (Lev 19,2; Is 4,3).

En el AT (Éx 36,22-27) se describe cómo se logrará, y es que Dios santificará a su pueblo y le mostrará su santidad recreando el corazón del hombre y derramando su espíritu. Y en el NT se verificará en la nueva alianza, anunciada por los profetas y que se concluyó por Cristo, donde se hará no ya con un solo pueblo, sino con el Israel de Dios (Gál 6,16),con todos los «santos», ya que todos los hombres serán criaturas nuevas en el Espíritu de Dios (1 Cor 6,11) y nacerán del Espíritu (Jn 3,5s).

 

  1. Otros parámetros de automanifestación divina

Estas descripciones intimas del ser divino, como autorretrato del Dios de la antigua alianza, se repiten a lo largo de todo el AT, empezando por los libros de la Ley y siguiendo por los de los Profetas, y concluyendo en los Hagiógrafos; o como decía Jesús: «En la Ley, en los profetas y en los Salmos», pues curiosamente es el libro de los Salmos donde se presenta más repetida esta automanifestación divina de su intimidad esencial.

α.En la Ley

Dios mismo, en el momento de comunicar lo esencial de la Ley, que es el Decálogo, al enunciar el 2.° mandamiento, se autodefine: «Yo, Yahvé, tu Dios, soy un ‘El celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación respecto a quienes me odian; y en cambio, uso de misericordia hasta la milésima con quienes me aman y guardan mis mandamientos» (Éx 20,5-6). El mandato central y originario, y que es común a todos los decálogos (incluso al ritual, Éx 34,12ss;23,10ss) es el de la total exclusividad de Yahvé: «No tendrás otros dioses frente a Mí». También en «la iniquidad de los padres» se muestra la antigua concepción de responsabilidad solidaria, que más tarde evolucionará hacia el individualismo (cf.Dt 26,16; Ez 18,20).

Leemos en Núm 14,18; «Yahvé es paciente y rico en misericordia, perdonador de la iniquidad y el crimen, más nada deja impune Él, que castiga la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación».

β.En los Profetas

Así Jonás 4,2 dice: «Y oró a Yahvé, diciendo: ¡Oh Yahvé!, no era esto lo que yo me decía cuando estaba aún en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, porque sabía que Tú eres ‘El clemente y misericordioso, lento a la ira, abundoso en benignidad, y que te compadeces del mal»; es como si dijese Jonás: ya preveía yo que Dios no destruiría a Nínive.

Y en Nah 1,2-3: «El celoso y vengador es Yahvé, vengador es Yahvé iracundo, vegador es Yahvé de sus adversarios y guarda rencor contra sus enemigos. Yahvé es paciente y de gran potencia, pero dejar no deja a nadie impune, Yahvé». Aquí, entre los atributos aparece el de «vengador» (cf.Éx 20,5; 34,14; Dt 32,21), y que «guarda rencor», en traducción literal: «dueño (ba`al) de ira»; aquí aparecen como apelativos de Yahvé dos nombres que se aplicaban a la divinidad en Canaán (‘El y Ba`al).

ϒ. En los Hagiógrafos

Leemos en Neh 9,17 que Esdras, cuando describe a Dios, afirme: «Tú eres un Dios pronto a perdonar, clemente, compasivo, tardo para la ira y abundoso en benignidad, y no los abandonaste».

Y en el libro de Salmos se repiten tales anotaciones: «Mas eres Tú. ‘Adonay, ‘El clemente y benigno, lento para la ira y abundante en piedad y lealtad. Vuelve tu rostro a mí y tenme compasión; otorga tu fortaleza a tu siervo y salva al hijo de tu esclava» (Sal 86,15-16).Y en él Sal 103,8leemos: «Es Yahvé compasivo y entrañable, tardo para la ira y abundan-te en clemencia». Y en el acróstico de Sal 145,8-9 se resume: «Clemente y compasivo es Yahvé, tardo a la ira y de suma piedad. Bondadoso es Yahvé para con todos y sus compasiones cubren todas sus obras»; este cubrir todas sus obras, se ha de entender cómo se extiende a todas sus criaturas.

 

 

  1. Dios Padre en el AT

En el AT a Dios se le llama «padre» en 15 ocasiones en arameo «abba» es el estado enfático de ‘ab («padre»): en el uso constante del período misnaico y targúmico es también la forma con el sufijo pronominal de primera persona singular («padre mío»), y puede ser también la forma con la de la primera persona plural («padre nuestro»).

También se puede tomar como nombre propio, del cual se encuentran nombres en H. L. Strack. Según W. Bacheé Abbá como nombre propio sería la abreviatura del nombre de Abram, que está ausente entre los rabinos, Pero esto se hace por respeto religioso. Pero se debe de recordar que se encuentra como nombre propio también en Aka (‘aj, «hermano》).

Pero tal denominación tiene diversos sentidos: Dios Creador, Dios Redentor de Israel, al liberar a Israel de la esclavitud de Egipto.

  • α Padre amoroso y con entrañas de misericordia

A Dios se le conmueven sus entrañas por Israel, su primogénito, Efrain como lo afirman los Profetas:

-Jer 31,20:«:Es Efraín para mí un hijo querido, niño de mis delicias, para que cuantas veces contra él hablo, me vuelva a acordar de él. Por eso mis entrañas por él se conmueven y he de tener de él piedad -oráculo de Yahvé». El poema de Jer 31,15-20 está relacionado con el Reino del Norte, por cuya ruina se lamenta su «madre» Raquel; el pueblo profesa su arrepentimiento, y el oráculo termina con una manifestación del amor paterno de Dios.

-Os 11,3: «Yo enseñé a andar a Efraín, le tomé en mis brazos, pero no reconocieron que Yo de ellos cuidaba».

-Is 49,15: « Olvida acaso una mujer a su mamoncillo, deja de apiadarse del hijo de su vientre? ¡Aunque estas olvidaran, Yo no te olvidaría! »

  • β.Amor de Dios y amor de hombre

En el AT Dios se reveló como amor, y esto todavía se hace más evidente en el NT con la encarnación del Verbo de Dios.

En la Primera carta de Juan por dos veces se nos da la definición de Dios: «Dios es caridad》 (1 Jn 4,8)y «Dios es caridad, y el que permanece en la caridad permanece en Dios, y Dios permanece en él»(1 Jn 4,16).

Con esto se indican dos cosas:

1.a) En Jesucristo, Dios se ha manifestado como un Dios que nos ama: «en esto se manifestó la caridad de Dios entre nosotros: Dios ha enviado a su Hijo Unigénito al mundo para que vivamos por él. La caridad consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, «sino en que él nos amó y envió a su Hijo como [víctima de] de expiación por nuestros pecados» (1 Jn 4,9-10). Por la fe hemos conocido ese amor: «En esto hemos conocido la caridad: en que Aquel dio su vida por nosotros» (Jn 3,16) y «nosotros hemos conocidos y creído en la caridad que Dios tiene entre nosotros» (1 Jn 4,16), y con esto se explica toda la actividad de Dios.

2.º) Dios actúa así porque él mismo es pura donación personal desinteresada; en efecto, la vida trinitaria se explica del siguiente modo: el Padre ama al Hijo, y este al Padre.

Esto lo vemos confirmado en Jn 3,35: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que se niega a creer al Hijo no verá [la] vida, sino que la ira de Dios persiste sobre él»; y lo ratifica más adelante:《Pues el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará mayo-res obras que estas, de forma que vosotros quedaréis sorprendidos» (Jn 5,20); y más claramente: «Mi Padre me ama por esto: porque yo doy mi vida, para recobrarla de nuevo» (Jn 10,17); y reitera: «Como me amó el Padre, yo también os amé. Permaneced en mí amor» (Jn 15,9);y por fin, «yo les hice conocer tu nombre, y [se lo] haré conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos, y yo también en ellos》(Jn 17,26).

Ese amor tiene su fuente y procede del Padre:《La caridad procede de Dios, y todo el que tiene caridad ha nacido de Dios y conoce a Dios»(1 Jn 4,7); ese amor se nos comunica a nosotros: «Yo les hice conocer tu nombre, y [se lo] haré conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos, y yo también en ellos» (Jn 17,26),por medio de su Hijo: «En esto se manifestó la caridad de Dios entre nosotros: Dios ha enviado a su Hijo Unigénito al mundo para que vivamos por él» (Jn 4,9).

Caridad, en el NT, tiene su término en el griego ágape (latín: caritas),que significa un amor auténtico, pero distinto del amor profano, de la pasión (eros), que nunca aparece en el NT; el ágape todavía llega a significar un amor auténtico, incluso la ternura familiar, y hasta la amistad.

Según C. Spicq las notas específicas del ágape son: que está indisolublemente unido a la fe, divino e infundido sobrenaturalmente en nosotros, noble y respetuoso, gratuito, estable y duradero, dinámico, centro de la moral cristiana, casto y religioso.

 

  1. El «Corazón de Jesús» en el NT

En el NT el término kardía sigue los pasos del lêb del AT, pero se distancia de lo que se entendía en el sentido griego pagano.

 

  • a) Textos del NT relacionados con el Corazón de Cristo

En la última parte de la encíclica Haurietis aquas, se refiere Pío XII al culto del Sagrado Corazón de Jesús, como un culto «qui in Ecclesia iam diu invaluit, ipsisque Evangclicis Litteris solide innititur».

Precisamente en la encíclica Haurictis aquas se citan 66 textos o palabras del NT, y hay otras muchas alusiones referentes al mismo NT relacionadas con el Corazón de Jesús; ahora bien, de los 66 textos neotestamentarios citados, 22 pertenecen a los escritos joánicos, y 44 a los demás escritos neotestamentarios; es decir que la 3. parte de los textos del NT citados, manifiestan que para Pío XII es Jn el principal manantial de la devoción al Corazón de Cristo. Con ello se confirma que es Juan el discípulo a quien amaba Jesús, el que en la cena se había recostado en su pecho» (Jn 21,20), el que aporta la mayor evidencia para conocer el Corazón de Cristo.

No todos los textos tienen la misma significación, ni se puede hacer una misma exegesis científica, y que sea la única base sólida del culto al Sagrado Corazón.

 

  • α.En los sinópticos
    1. Mateo

En Mateo solamente una vez el término «corazón» se refiere expresamente al de Cristo: «Venid a Mí… porque soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,28-30). En virtud del contexto, por oposición a la dureza rabínica, trata de acentuar los rasgos de sencillez y mansedumbre de Jesús, aludiendo a su perfil psicológico, que está sintetizado en un término clave, «el corazón».

Pero la ausencia de la referencia expresa al «corazón» no indica que no haya referencias a dicho corazón; más bien son abundantes cuando se describen las emociones, o se emplean términos equivalentes a kardia, como splagjna («entrañas»), splaginíszai («conmoverse» ,«compadecerse»), koilía («caridad», «vientre», «útero materno», «interior del hombre»), incluso en alguna ocasión Psyjé (complemento de «corazón»).

La compasión (splagníseszai); así se describe a Jesús «enternecidas sus entrañas» (e. d. su corazón) ante la multitud cansada y hambrienta (Mt 9,35-36). Este mismo afecto le mueve a curar a los ciegos de Jericó(Mt 20,29-34).

 

  1. Marcos

En Marcos se constata una repetición de muchos rasgos que revelan esa afectividad de Jesús, especialmente en la descripción de los milagros: al ver al leproso «se le conmovieron las entrañas», y por eso le curó (Mc 1,40-42). En las dos multiplicaciones de los panes «se le conmueve el corazón» y obra el milagro (Mc 6,34; 8,1ss).

Es interesante subrayar cómo nota la encíclica Haurietis Aquas pone de relieve cómo Pedro, a través de EvMc, alude a las miradas de Jesús como destellos de su corazón: mirada de simpatía que llama (Mc 1,16),o que actúa benigno ante la tempestad del lago (Mc 6,48),que se complace ante el joven (Mc 10,21), o ante sus discípulos (Mc 10,23),o ante las turbas necesitadas (Mc 6,34), o ante la hemorroísa a la que cura (Mc 5,32); pero su corazón también se muestra contrariado por la pena ante la incomprensión de los son amigos, o la malicia de los que son enemigos, o ante la higuera infructuosa, o cuando sale del Templo o cuando considera la ruina de la ciudad de Jerusalén (Mc 8,33;9,13.24;10,23;11,13;13,1-3).

 

  1. Lucas

Lucas, partiendo de su psicología helénica, se complace en reflejar la psicología de Jesús, quien se compadece, como en la resurrección del hijo de la viuda (Lc 7,13).Cuando Le describe la última Cena allí se subrayar que tenía un ardiente deseo (Lc 22,15) en su corazón, lo mismo antes había indicado que Jesús expresaba su gozo al hablar con su Padre (Lc 9,21-24); del mismo modo se describe el dolor de Jesús ante la ruina de Jerusalén, que le llevó a derramar lágrimas (Lc 19,41-44). El más plástico cuadro en que se describe la emoción de su corazón es en la angustia moral que le llevó hasta sudar sangre (Lc 22,41-44).

  1. En Juan

A pesar de que Jn no emplea apenas los términos que habitualmente se refieren al corazón, no obstante en diversas ocasiones describe las emociones del Corazón de Cristo (Jn 12,27-28;17,1;11,33-43) cuando habla con su Padre ante el sepulcro de su amigo Lázaro: «<Mirad cómo le amaba».

En la última Cena (Jn 13,1; 10,14-18) hizo la «manifestación suprema de su amor a los suyos», que llegó a su máxima expresión al dar su vida como Buen Pastor.

Juan, como testigo ocular, certifica la apertura del costado de Cristo (Jn 19,34-37): «Mas a Jesús, cuando vinieron, como le vieron ya muerto, no le quebrantaron las piernas, sino que uno de los soldados con una lanza le traspasó el costado, y salió al punto sangre y agua. Y el que lo ha visto lo ha testificado, y su testimonio es verídico, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Pues acontecieron estas cosas para que se cumpliese la Escritura (Éx 12,46; Núm 9,12):“No le será quebrantado hueso alguno». Y asimismo otra Escritura (Zac 12,10) dice: “Verán al que traspasaron»».

El evangelista muestra la gran magnitud de la herida del costado de Cristo, hasta el punto de que el incrédulo Tomás pudiera introducir su mano en dicha herida (Jn 20,20.25.27).

«Le traspasó el costado» (Jn 19,34) y también el corazón, al cual apuntaba la lanza. «Y salió sangre» (Jn 19,34) como sello de la redención ya consumada y símbolo de la Eucaristía. Y «salió agua» (Jn 19,34):símbolo del bautismo. En la sangre y el agua que manaron del Corazón de Jesús traspasado, muchos Santos Padres han visto una viva imagen de la lglesia, que, como nueva Eva, salió del costado del segundo Adán.

Como una síntesis del pensamiento joánico sobre el Corazón de Cristo se puede tomar el texto referente a su corazón, como fuente de agua viva: «El último día, el mayor de la fiesta, estaba allí Jesús y daba voces, diciendo: Quien tiene sed, venga a mí y beba. Quien cree en mí, como dijo la Escritura (Is 44,3;55,1;Ez 47,1),“manarán de sus entrañas ríos de agua viva». Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él. Porque todavía no había Espíritu, por cuanto que Jesús no había sido aún glorificado» (Jn 7,37-39).

«Quien tenga sed, venga a Mí y beba» (Jn 7,37): según solía hacer Jesús refiriéndose a unas circunstancias concretas de lugar y tiempo, aquí adquirirían dichas palabras mayor relieve si se las considera pronunciadas con relación a la ceremonia que se desarrollaba durante los siete días precedentes de la fiesta de los Tabernáculos. Cada mañana un sacerdote, con una muchedumbre que le acompañaba, descendía a la fuente de Siloé con una jarra de oro para sacar agua, que luego subía al Templo para derramarla delante del altar. Mientras el sacerdote sacaba el agua de la fuente, el coro cantaba las palabras de Is 12,3: «Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación»; esta agua era considerada como símbolo de las bendiciones mesiánicas, y lo que Jesús prometía, era que él era la fuente de la salud mesiánica y divina.

«Manarán de sus entrañas ríos de agua viva» (Jn 7,38), e.d. que no tendrán necesidad de buscar agua en una fuente, sino que la tendrán dentro de sí, e.d. en el fondo de su corazón brotará la fuente, de donde manará a torrentes el agua de la vida eterna.

«Esto dijo del Espíritu» (Jn 7,39), e. d. que la fuente de agua viva es el mismo Espíritu Santo, que morará de asiento en el corazón de los creyentes. «Porque todavía no había Espíritu» (Jn 7,39), aquí «espíritu» más que al Espíritu Santo, se refiere a su plena comunicación a los hombres; y esta comunicación, precisamente, constituía la promesa mesiánica por excelencia, que estaba vinculada a la glorificación del Mesías. Todavía no había llegado Pentecostés.

  1. A) El texto: este texto cobra singular relieve en la encíclica de Pío XII, Haurietis aquas, por muy diversos motivos: 1) en él centra Pío XII todo el preámbulo de su encíclica; 2) el texto, en griego, tiene dos puntuaciones como después recordaremos, y Pío XII por primera vez en la historia de la Iglesia, adopta la puntuación que no está en la Vulgata, y prefiere una lectura en contra de lo que decía la crítica textual del texto griego y de la versión latina de la Vulg; 3) este texto se transforma en el hilo conductor del discurso de Pío XII, a través de toda la encíclica Haurietis aquas;4)según la lectura seguida por Pío XII (y aún en la otra puntuación, que no seguiremos) el texto muestra un rico contenido: según Juan, todos los bienes sobrenaturales que Cristo derrama sobre los hombres proceden de lo íntimo de la persona de Jesús; 5) la relación de este texto con el Corazón de Jesús es evidente: esto lo dijo Jesús el día principal (lit. grande),o el más solemne; esta fiesta es la fiesta de los Tabernáculos (Jn 7,2),que duraba ocho días.
  2. B) Alternativa en la lectura del texto: se presentan, en la tradición textual, dos modos de lectura o puntuación del texto: 1.°) «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dijo la Escritura…». 2.°)«Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que cree en mí. Como dijo la Escritura… » (cf. Prov 18,4; Is 58,11; Zac 14,8; Jn 4,10.14).

En Jn 7,37-3988, además de en otros textos del NT, se nos ofrecen las bases fundamentales para establecer sobre la revelación pública, y no sobre revelaciones privadas, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Algunos suponen que aunque existiese solamente el texto de Jn 7,37-39 ya estaría probada sólidamente la base bíblica de esa devoción al Corazón de Cristo. Pío XII, en la Haurietis aquas, recurre con frecuencia al pasaje

de Jn 7,37-39, y con ello entiende que tal devoción «Evangelicis Litteris solide innititur».

Ha habido exegetas católicos y no católicos que han mostrado sus prevenciones contra la devoción al Corazón de Cristo, pero estudiando ese pasaje de Jn 7,37-39, llegan a interpretar que se refiere a «lo interior» de Jesús, como lo reconoce R. Bultmann.

Jesús en ese Logion incluía toda su obra y toda su acción sobre la Iglesia y las almas en aquella metáfora de los «ríos de agua viva» que manan de «su corazón».

  1. C) Sus enseñanzas: las enseñanzas de Jn 7,37-39 se pueden resumir en las siguientes: a) xoilía corresponde a lo que nosotros entendemos hoy, en sentido metafórico, por «corazón»; b) el «corazón» del Mesías es manantial, tal como lo indica la preposición ek (tiene el matiz de «ori-gen, procedencia»), un manantial que es perenne y abundante («ríos de agua viva»); c)esos «ríos de agua viva» son explicados por Jn, se refieren a toda la economía divina de la gracia, que está sintetizada en el término «espíritu»; d) de quien depende esta economía es del «yo« (Jesús)Dios-hombre, de su persona, aunque se emplee la metáfora de su «corazón» que es el verdadero manantial; e) este nuevo orden de cosas, e.d. la economía definitivamente, se extiende en la Iglesia, y en cada individuo particular, y eso desde la «glorificación» de Jesús, que es su muerte sobre la cruz, cuando fue traspasado su costado (cf. Jn 19,34ss) y entró en el cielo; f) De este modo se comprende que Pío XI dijese del Corazón de Jesús que es «totius religionis summa atque adeo perfectioris vitae norma continetur».
  2. En Pablo

Pablo, cuando escribe a los cristianos de Filipos, expresa que los ama «en las entrañas de Cristo» (Ef 1,7-8)°2,e,d.con todo su corazón, e imitando en esto el ardiente amor de su Señor, con quien está íntimamente identificado(Flp 1,21)93.

Un texto clave que se cita de Pablo para probar que la última palabra de Dios es el Corazón de su Hijo, es Rom 3,23-26: «Porque todos pecaron, y se hallan privados de la gloría de Dios, justificados como son gratuitamente por su gracia, mediante la redención que se da en Cristo

Jesús, al cual exhibió Dios como monumento expiatorio, mediante la fe, en su sangre, para demostración de su justicia, a causa de la tolerancia con los pecados precedentes en el tiempo de la paciencia de Dios; para la demostración de su justicia en el tiempo presente, con el fin de mostrar ser él justo y quien justifica al que radica en la fe en Jesús». Este pasaje es una síntesis de la soteriología paulina: La idea básica es «la justicia de Dios revelada y comunicada al hombre». La «justicia de Dios tiene un sentido múltiple: a) es la justicia inmanente con que Dios es justo; b)es la justicia con que Dios se muestra justo; c) es la justicia vengadora que restablece el orden violado por el pecado; d) es la justicia bienhechora que hace justo al pecador. Además esta justicia envuelve una gracia, por cuanto todos estaban privados de la gloria de Dios, e.d. del reflejo de divinidad que, con la justicia original, la inmortalidad y la integridad, estaban en el hombre antes del pecado. Es, a la vez, justicia y gracia. Todo se clarifica con «la redención de Cristo», que es la suprema manifestación de la gracia y de la justicia divina: a) justicia: porque la redención de Cristo es un rescate cuyo precio es su sangre; b) gracia: porque este precio lo da Dios liberalmente. El valor y la eficacia, que no poseía de suyo la fe, para recibir y apropiarse la justicia de Dios, lo recibe de la sangre de Cristo.

 

  • b) Las invitaciones de Jesús

Una primera invitación la leemos en Mt 11,28-30: «Venid a Mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis reposo para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera》.En este texto Jesús se hace presente como uno de los que pertenecen a la clase de los anawim, e. d. de los que son pobres y humildes ante Dios y ante los hombres. Pide a los que están agobiados que se hagan discípulos de Él, así se sentirán aliviados de la carga que los oprime, y sobre ellos se pondrá el suave yugo del amor de Dios a los hombres.

Una segunda invitación de Jesús para acercarse a Él, a su Corazón, se contiene en unas palabras dichas en una ocasión solemne, como una confesión de amor: «Si alguno tiene sed, que venga a Mí, y beba»(Jn 7),y como dice la Escritura: «De su vientre fluirán ríos de agua viva [Esto lo dijo refiriéndose al Espíritu que recibirían los que habían de creer en El. Pues Jesús aún no había sido glorificado]》. Este Logion de Jesús se refiere a que los hombres reciben una invitación a apagar la sed de Dios y de los bienes de la salvación, mediante un apremio a acercarse a la koilía

(«vientre») de Jesús; que es un equivalente al «corazón», pues koilía significa el interior de la persona. Los términos koilía («vientre»)y kardia («corazón») son intercambiables, pues en unos mss. dice koilía y en otros kardia.

 

  • c) El corazón, símbolo del amor de Jesucristo

De esto se deduce que el Corazón de Jesús es la misma persona aman-re de Jesús, e. d. Jesús-amo. Cuando se habla del Corazón de Jesús se en-tiende ese corazón, en cuanto es símbolo de Jesús, que todo él es amor.

  1. Un Dios con entrañas

Jesús es Dios y hombre verdadero; su definición en cuanto Dios, es amor; pero también en cuanto hombre, es amor.

En el AT encontramos autodefiniciones de Dios, en que se nos muestra como amor: «Yahvé, Dios misericordioso y compasivo, lento a la ira, de mucha fidelidad y lealtad, que guarda fidelidad hasta la milésima gene-ración, que perdona ofensa, transgresión y pecado» (Dt 34,6).

Dios es bueno incluso con los pecadores, pues no se acuerda de sus pecados después de que se han convertido, y no se complace en la muerte del pecador, sino en que se convierta y viva: «En cuanto al malvado, si se convierte de todos sus pecados que ha cometido y observa todos mis preceptos, y practica el derecho y la justicia, vivirá de seguro, no morirá» (Ez 18,21).

El AT conocía la paternidad divina, tanto si se trataba de Israel (Dt 32,6; Jer 3,4.19) o de los israelitas (Is 63,16; 64,8) como sobre todo de los justos de entre ellos (Sab 2,16; 14,3; Eclo 23,1.4); todos ellos se podían llamar hijos de Dios, aunque esta filiación divina se consideraba un privilegio derivado de la elección de Israel.

En cambio en el NT, Jesús y los apóstoles enseñan que Dios es el Padre de todos los hombres, sin distinción de judíos y no judíos, de justos o pecadores (Mt 5,45; Lc 6,32-36; Hch 17,28). Y en un sentido más global, Dios es el Padre de todos los que creen en Jesús, lo aman y cumplen su voluntad (Mt 7,21-23; Le 6,46; Jn 1,12; Gál 3,26-28), porque les otorga su Espíritu y por este Espíritu son hechos hijos y herederos (Rom 8,14-18:Gál 4,5s).

  1. Amor de Dios y amor de hombre

Si el NT acentúa la paternidad de Dios, no menos subraya y sitúa bajo una nueva luz el amor de Dios. Los Profetas y el libro de los Salmos cantaron muchas veces el amor (Os 3,1; 11,1; Jer 31,3s;Is 43,4;54,5-8),pero sobre todo es en el NT donde se afirma este amor con enorme insistencia.

Dios ama a todos los hombres sin distinción, hasta un extremo de entregar a su propio Hijo por ellos (Jn 3,16). Su Hijo, que es el preferido (Rom 5,8; 8,32; 1 Jn 4,9), que es «la revelación de la bondad de Dios nuestro salvador y de su amor a los hombres» (Tit 3,4). No son única-mente manifestaciones de Dios el amor y la paz (2 Cor 13,11),sino que Dios es el amor por excelencia (1 Jn 4,8), y se manifiesta en todas sus obras, y especialmente en la misión de Jesús.

En el AT se revela Dios como amor, y esto se hace más evidente con la Encarnación del Verbo. En el EvJn, en dos ocasiones, se define a Dios como amor: «Dios es caridad» (1 Jn 4,8), «Dios es caridad, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16).

Esta definición conviene a la persona de Jesús, ya que según sus propias palabras, que repite el EvJn; Jesús y el Padre son una misma cosa, y Él es la revelación del Padre.

 

  1. La autodonación de Jesucristo

Ante todo en el NT se resalta la naturaleza espiritual de Dios; Dios no es solamente eterno (Rom 16,26; 1 Tim 1,17), es sin principio ni fin, es transcendente al tiempo e invisible (Jn 1,18; 1 Tim 6,16), es, además, espíritu (Jn 4,24), por lo que no está supeditado ni al tiempo ni al espacio.

El Dios, en sí invisible e inaccesible aI hombre, se ha revelado en el Verbo hecho carne (Jn 1,18) el Verbo es el instrumento del Padre, puesto que él está en el Padre y el Padre en él (Jn 14,9.20), y porque es la imagen visible del Dios invisible (2 Cor 4,4;Col 1,15; Heb 1,3). Solamente a través del Verbo se tiene acceso al Padre.

No solamente se llama «Dios» al Verbo preexistente, sino también al Verbo encarnado, Jesucristo, el Hijo de Dios(Jn 1,1.18).Jesús resucitado es reconocido de manera explícita como Dios y Señor (Jn 20,28).

Los Apóstoles y los cristianos de la primera generación creyeron firmemente que Jesús, el Hijo de Dios, participó realmente de la divinidad de su Padre, como él mismo lo manifestó con sus palabras, sus obras, y la donación total de su vida que culminó con su glorificación.

La Iglesia primitiva aprendió a conocer el Espíritu de Dios o el Espíritu Santo por los carismas derramados sobre ella (Hch 2,3; 1 Cor 14,18;Rom 12,6; 1 Cor 12,4-11), así como por la regeneración de los creyentes (Rom 8,14-27),su santificación y su edificación (1 Cor 6,11; Gál 5,22; Ef 5,9;1 Cor 12,13).

 

  1. Síntesis

En el catolicismo, el Corazón de Jesús es la expresión que se ha toma-do para señalar el centro más íntimo de la persona encarnada de Jesucristo; aunque el «corazón» sea un concepto humano, sin embargo engloba la dimensión intelectual y la dimensión corporal del hombre. El Corazón de Jesús manifiesta el amor supremo, aunque no se pueda identificar simplemente «corazón» con «amor». Al venerar en el Corazón de Jesús el amor redentor de Jesús, se expresa con ello la más alta experiencia en la historia de la salvación. A través del Corazón de Jesús se percibe a Dios como el Padre amoroso que reconcilia consigo al mundo y perdona la culpa.

Al «Corazón de Jesús》 se ha llegado de diversos modos: a) a través de las visiones de los místicos; b) por medio de la idea bíblica de que el Padre envía a su Hijo para la expiación de los pecados de los hombres; c)por la última palabra de Dios que es el Corazón traspasado de su Hijo, como se aprecia en el NT:«A quien ha puesto Dios como sacrificio de propiciación, mediante la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, por la tolerancia de los pecados pasados, en la paciencia de Dios para manifestar su justicia en el tiempo presente y para probar que es justo y que justifica a todo el que cree en Jesús》 (Rom 3,25s).Y principalmente en Jn 19,34-37 donde se habla de que fue abierto el costado de Jesús, y donde se proporciona el fundamento bíblico para la devoción al Corazón de Jesús: «Mirarán al que traspasaron».

En tiempos recientes, la devoción al Corazón de Jesús ha experimentado una crisis. A dicha crisis quizás hayan contribuido la divulgación de imágenes poco apropiadas, y que han desviado la atención de lo que es principal en esta devoción. Por eso, desde el campo teológico y bíblico, se ha querido revivir dicha devoción partiendo de la idea bíblica de la expiación y de la representación vicaria para obtener una nueva vía de acceso a la devoción al Corazón de Jesús.