Salvador MUNOZ IGLESIAS, PBRO
- Las acciones salvíficas de Yahvé en el futuro
La liberación de la cautividad babilónica, y sobre todo la definitiva salvación mesiánica, son concebidas frecuentemente por los profetas como repetición del acontecimiento milagroso y salvador de Meribá.
El paradigma de la nueva liberación es el éxodo. Y entre los prodigios del éxodo (liberación de la esclavitud, paso del mar, maná y agua de la roca), es a esta última al que mayores semejanzas se le reconocen con la obra del Mesías. La imagen ya tópica del agua que, brotando de la roca por mandato de Dios, salvó a los israelitas en el desierto, es empleada frecuentemente como tema mesiánico.
Is 35,6, en un contexto escatológico que pinta con colores paradisiacos la restauración dé Israel, introduce el motivo de las aguas como en el salmo 107,35:
Pues serán alumbradas en el desierto aguas,
y torrentes en la estepa;
se trocará la tierra abrasada en estanque
y el país árido en manantial de aguas.
De igual manera por boca del Deuteroisaías promete Yahvé:
Los humildes y los pobres buscan agua,
pero no hay nada…
La lengua se les secó de sed.
Yo, Yahvé, les responderé.
Abriré sobre los calveros arroyos
y en medio de las barrancas manantiales;
convertiré el desierto en lagunas
y la tierra árida en hontanar de aguas (Is 41,17-18).
Y con renovación de los prodigios del éxodo, incluido el de la milagrosa fuente en el desierto, se describen los trazos de la liberación futura:
Así dice Yahvé,
que trazó camino en el mar,
y vereda en aguas impetuosas;
el que hizo salir carros y caballos a una
con poderoso ejército;
se apagaron, como mecha se extinguieron:
No os acordáis de lo pasado,
ni caéis en la cuenta de lo antiguo?
Pues bien, he aquí que Yo lo renuevo;
ya está en marcha, ¿no lo reconocéis?
Sí, pongo en el desierto un camino,
los en el páramo.
Las bestias del campo me darán gloria,
los chacales y los avestruces,
pues pondré agua en el desierto
y ríos en la soledad
para dar de beber a mi pueblo elegido (Is 43,16-20).
En claro contexto mesiánico, Yahvé, al anunciar su nueva alianza eterna, comienza con una invitación a los sedientos:
¡Oh todos los sedientos, id por agua,
y los que no tenéis plata, venid!» (Is 55,1).
Y el primer Isaías anunciaba:
Sacaréis aguas con gozo
El carácter evidentemente espiritual de estas aguas mesiánicas es puesto de relieve en la famosa visión simbólica del profeta Ezequiel, a quien se le muestran brotando no de una peña en el desierto, sino del mismo Santuario:
Me llevó a la entrada de la Casa, y he aquí que debajo del umbral de la Casa salía agua, en dirección a oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia oriente. El agua bajaba de debajo del lado derecho de la Casa, al sur del altar.
Luego me hizo salir por el pórtico septentrional y dar la vuelta por el exterior, hasta el pórtico exterior que miraba hacia oriente, y he aquí que el agua fluía del lado derecho.
El hombre salió para oriente con la cuerda que tenía en la mano y midió mil codos; entonces me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta las rodillas. Midió mil más y me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta la cintura. Midió otros mil: era va un torrente que no se podía atravesar, porque el agua había crecido hasta hacerse un agua de pasar a nado, un torrente que no se podía atravesar.
Entonces me dijo: &Has visto, hijo de hombre? Me llevó luego y me hizo volver a la orilla del torrente. Y al volver, vi que a la orilla del torrente había gran cantidad de árboles, a ambos lados. Me dijo: Esta agua va hacia la región oriental, baja la Arabá, desemboca en el Mar, en el agua hedionda, y el agua queda saneada. Por dondequiera que pase el torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Los peces serán muy abundantes, porque allí donde penetra esta agua lo sanea todo, y la vida prospera en todas partes adonde llega el torrente. A sus orillas vendrán los pescadores; desde Engadi hasta Eneglayim se tenderán redes. Los peces serán de la misma especie que los peces del Mar Grande y muy numerosos. Pero sus marismas y sus lagunas no serán saneadas, serán abandonadas a la sal. A orillas del torrente, a una y otra margen, crecerán toda clase de árboles frutales, cuyo follaje no se marchitará y cuyos frutos no se agotarán; producirán todos los meses frutos nuevos, porque esta agua viene del Santuario (Ez 47,1-12).
Ez 36,25ss insiste sobre el valor purificador de estas aguas mesiánicas, que se relacionan con la efusión del Espíritu:
Os rociaré con agua pura
y quedaréis purificados: de todas vuestras impurezas,
y de todas vuestras basuras os purificaré.
Y os daré un corazón nuevo,
infundiré en vosotros un espíritu nuevo;
quitaré de vuestra carne el corazón de piedra
y os daré un corazón de carne.
Infundiré mi Espíritu en vosotros
y haré que os conduzcáis según mis preceptos
y observéis y practiquéis mis normas.
Is 44,3 compara la efusión del Espíritu sobre el Israel futuro con el envío de raudales de agua sobre tierra sedienta:
Derramaré agua sobre el sediento suelo,
raudales sobre la tierra seca.
Derramaré mi espíritu sobre tu linaje,
mi bendición sobre cuánto de ti nazca».
Igualmente Is 32,15:
Al fin será derramado desde arriba
sobre nosotros espíritu.
Será la estepa un vergel, y el vergel
será considerado como selva.
El motivo de las aguas purificadoras reaparece en Zacarías, por cierto a renglón seguido de la enigmática mención del Traspasado (Zac 12,10), sobre el cual se hace una gran lamentación (12,11-14).
Aquel día habrá una fuente abierta
para la casa de David
y para los habitantes de Jerusalén,
para(lavar) el pecado y la impureza(Zac 13,1)
Finalmente, es indudable el carácter mesiánico atribuido por Zaca-rías 14 a estas aguas, que son llamadas vivas (mayim bayyim)en un contexto expresamente relacionado con la Realeza de Yahvé y con la fiesta de las Tiendas.
Se habla allí de «un día único-conocido sólo por Yahvé-; no habrá día y luego noche, sino que a la hora de la tarde habrá luz» (Zac 14,7;cf. Ap 21,25). Ese día brotarán en Jerusalén «aguas vivas»; «Sucederá aquel día que saldrán de Jerusalén aguas vivas: mitad hacia el Mar Oriental, mitad hacia el Mar Occidental; las habrá tanto en verano corno en invierno» (Zac 14,8).
Esas corrientes de agua viva coinciden con el reconocimiento de Yahvé como Rey de toda la tierra: «Y será Yahvé Rey sobre toda la tierra: ¡el día aquel será único Yahvé y único su nombre!» (Zac 14,9).
Y este reconocimiento sé hará en la fiesta de las Tiendas: «Y todos los supervivientes de todas las naciones que hayan venido contra Jerusalén
subirán de año en año a postrarse ante el Rey Yahvé Sebaot y a celebrar la fiesta de las Tiendas. Y para aquella familia de la tierra que no suba a Jerusalén a postrarse ante el Rey Yahvé Sebaot no habrá lluvia. Sí la familia de Egipto no sube ni viene, caerá sobre ella la plaga con que Yahvé herirá a las naciones que no suban a celebrar la fiesta de las Tiendas.Tal será el castigo de Egipto y el castigo de todas las naciones que no suban a celebrar La fiesta de las Tiendas》 (Zac 14,16-19).
α. La Roca-Fuente y la fiesta de las Tiendas
El pasaje que acabamos de citar de Zacarías nos lleva de la mano a examinar lo que se sabe acerca de la liturgia de la fiesta de las Tiendas, con ocasión de la cual Jesús se aplicó prácticamente la imagen mesiánica de la Roca-Fuente según Jn 7,37s:
El último día de la Fiesta [de las Tiendas según 7,2],
el más solemne, Jesús puesto en pie gritó:
-Si alguno tiene sed, venga a mí,
y beba el que crea en mí;
como dice la Escritura:
De su seno correrán ríos de agua viva.
El alcance de esta afirmación de Jesús enlaza así con el anuncio de Zacarías, mediante la liturgia de la fiesta de las Tiendas, en la que recurren elementos esclarecedores del pasaje profético: proclamación de la realeza de Yahvé (y de su Mesías); procesión con agua desde la piscina de Siloé; oraciones para pedir lluvia; recuerdo del milagro del agua que brotó de la roca en el desierto; lectura de los pasajes proféticos que anuncian las aguas purificadoras de Sión.
β. Historia de la fiesta de las Tiendas
En los diversos «códigos legislativos del Pentateuco» abundan las noticias sobre el origen, finalidad, celebración y ceremonias de esta fiesta.
En el Código de la Alianza se la llama «fiesta de la Recolección, al término del año, al recoger del campo los frutos de tu trabajo» (Éx 13,16b; cf.34,22).
En la Ley de Santidad se habla someramente de los sacrificios que en ella se han de ofrecer (Lev 23,33-36); se prescribe tomar «frutos de los mejores árboles, ramos de palmeras, ramas de árboles frondosos y sauces del río» y alegrarse en la presencia de Yahvé (Lev 23,39-41); «durante siete días habitarás en cabañas… para que sepan vuestros descendientes que yo hice habitar en cabañas a los israelitas cuando los saqué de tierra de Egipto》 (Lev 23,42s.).
La tradición sacerdotal de Núm 29,12-39 describe minuciosamente los sacrificios que han de ofrecerse en los ocho días de fiesta.
El Código deuteronomista insiste en el regocijo: «Celebrarás la fiesta de las Tiendas durante siete días, cuando hayas recogido la cosecha de tu era y de tu lagar. Durante tu fiesta te regocijarás, tú, tu hijo y tu hija, tú siervo y tu sierva, el levita, el forastero, el huérfano y la viuda que viven en tus ciudades» (Dt 16,13-14).
Dt 31,10-13 atribuye a Moisés la orden de que cada año sabático, con ocasión de esta Fiesta, sea leído el Deuteronomio «a oídos de todo Israel》.
En la famosa Torá de Ezequiel, la de las Tiendas es la única fiesta que se menciona (Ez 45,25) aparte de la Pascua (Éx 45,18-24).
Los libros históricos, a su vez, aluden frecuentemente a esta Fiesta, en relación sobre todo con las sucesivas dedicaciones del Templo:
Todo parece indicar que era la festividad de las Tiendas la que congregaba en Silo todos los años a los padres de Samuel (1 Sam 1,1-4).
En la fiesta de las Tiendas tuvo lugar el traslado del Arca y la Dedicación del primer Templo por Salomón (1 Re 8; cf. 2 Crón 5,8).
Lo mismo hizo Jeroboam con el templo de Betel (1 Re 12,32-37).
Y en la fiesta de las Tiendas se inauguró asimismo el segundo Templo de Zorobabel (Esd 3,4).
Nehemías 8,14-17 refiere:
Y encontraron escrito en la Ley que Yahvé había mandado por medio de Moisés que los hijos de Israel habitaran en cabañas durante la fiesta del séptimo mes. En cuanto lo oyeron, hicieron pregonar en todas las ciudades y en Jerusalén:
-Salid al monte y traed ramas de olivo, de pino, de mirto, de palmera y de otros árboles frondosos, para hacer cabañas conforme a lo escrito.
Salió el pueblo y trajeron ramas y se hicieron cabañas, cada uno en su terrado, en sus patios, en los atrios de la Casa de Dios, en la plaza de la Puerta del Agua y en la plaza de la Puerta de Efraín.
El segundo libro de los Macabeos llama fiesta de las Tiendas (2 Mac 1,9)a la Hanukkah o Dedicación del Templo purificado por Judas Macabeo tras la profanación de Antíoco IV Epífanes (2 Mac 10,1-8),fiesta que se introdujo el año 124 a.C. y que se celebraba el 25 de kisléu (diciembre).Se la llama de las Tiendas porque debe celebrarse como se celebraba esta (2 Mac 1,18), ya que con ese mismo ritual la celebraron los Macabeos: «..el mismo día en que el Templo había sidoprofanado por los extranjeros, es decir, el 25 del mismo mes que es kisléu, tuvo lugar la purificación del Templo. Lo celebraron con alegría durante ocho días, como en la fiesta de las Tiendas, recordando cómo, poco tiempo antes, por la fiesta de las Tiendas, estaban cobijados en montañas y cavernas. Por ello, llevando tirsos, ramas hermosas y palmas, entonaban himnos hacia aquel que había llevado a buen término la purificación de su lugar» (2 Mac 10,5-7).
ϒ. La Liturgia de la fiesta de las Tiendas
Nos informa sobre ella el tratado Sukkah de la Mishná, que cierta-mente es muy posterior a Cristo, pero refleja sin duda en buena parte una tradición del primer siglo cristiano, antes de la destrucción del segundo Templo el año 70de nuestra era,
Consta de cinco capítulos.
Los dos primeros ilustran sobre la reglamentación de la Fiesta: obligación de peregrinar; dimensiones, materiales y manera de construir las cabañas o sukkoth, etc.
Los capítulos 3 y 4 tratan de los elementos esenciales del ritual, ampliando Lev 23,40. Aparte de las cabañas, cuyo carácter conmemorativo se asocia a un marcado simbolismo mesiánico, la ceremonia específica de esta fiesta consistía en la procesión y libación del agua (Sukkah,4,9-10).
Cada mañana, los sacerdotes, en un ánfora de oro, sacaban de la pis-cina de Siloé agua, que era conducida procesionalmente hasta el Altar de los Holocaustos y derramada allí en libación por un conducto que, situado a la izquierda del que servía para la libación del vino, la llevaba a un sumidero para ser absorbida por la tierra.
Acompañaban la procesión los fieles, portando en la mano derecha un ramillete o lula compuesto de ramos de palma, mirto y sauce (Lev 23,40), y en la izquierda un limón o etrog.
Cuando la procesión llegaba a la Puerta de las Aguas, situada en el ángulo sudeste de la explanada del Templo (cf. Neh 8,1.16), un grupo de sacerdotes hacía sonar tres acordes de trompeta (corto-largo-corto) para cumplir lo que en Is 12,3; «Sacaréis agua con gozo de la fuente de la salvación». En Sukkah 48b se pregunta: «¿ A qué viene esta ordenanza?(la del triple sonido de trompeta). Rabí Ena (hacia el año 300) respondía: Porque la Escritura dice en Is 12,3: Sacaréis aguas con gozo». Y en Sukkah 5, 55a (42): «Rabí Jehoschua ben Leví [hacia el 250], dijo: ¿Por qué se le da el nombre de “Casa de la extracción” (al lugar del atrio de las mujeres donde se encendían las luminarias)? Porque de allí se saca el Espíritu Santo, según lo escrito: Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación》 18.
Durante el trayecto se cantaba el Hallel (salmos 113-118). El más importante era este último, a cuyo comienzo («dad gracias al Señor») y a cuyo v.25 («Por favor, Yahvé, ayúdanos»; en hebreo: Hosiahna) se agitaban el lulab y el etrog inclinándolos hacia el Altar 19, al que aclamaban: «¡Honor a ti, Altar! ¡Honor a ti, Altar!» (Sukkah 4,5).
La ceremonia de la libación del agua, que algunos rechazaban como no litúrgica, y el acompañamiento con ramos se relacionaban con la petición de lluvia para las próximas cosechas. «Rabí Eliezer decía: Como cada una de estas cuatro clases de ramos no pueden existir sin agua, así tampoco el mundo puede existir sin agua». Y en Núm 29,31: «<Y se derramará un jarro de agua en el día de la fiesta de las Tiendas (el 6.°)como buen recordatorio para la caída de las lluvias».
Esta relación entre las rogativas por la lluvia y la libación del agua fue lo que movió a justificar bíblicamente con el texto de Zac 14,17 la ceremonia que rechazaban los bothusianos. Así, en 3,18 (197):
Rabí Aqiba [hacia el 135] dijo: «La Escritura dice: “Ofrece la primera gavilla de cebada en la fiesta de la Pascua (Lev 23,10ss),porque es el tiempo en que madura la cebada… Ofrece el pan de trigo como primicias en la fiesta de Pentecostés (Lev 23,16ss), porque es el tiempo de la recolección del trigo. Derrama agua en la fiesta de las Tiendas, porque es el tiempo de la caída de las lluvias; con ello serán benditas para ti las lluvias, como está escrito en Zac 14,17: Y sucederá que quienes de las familias de la tierra no suban a Jerusalén para prosternarse ante el Rey Yahvé Sebaot no obtendrán sobre si la lluvia»»:
Conviene notar que ninguno de los dos Talmudes relaciona las ceremonias de la fiesta de las Tiendas ni con la Roca-Fuente del desierto ni con la Fuente del Templo escatológico de Ezequiel. En cambio, la Tosefta de Sukkah 3,3-18 hace referencia a ambos acontecimientos. Así, en 3,4-9menciona a Ez 47,1-10); en 3,10 a 47,11-12; en 3,8 a Zac 14,8; en 3,9 a Zac 13,1; y en 3,11-13 a la Roca del desierto que subía con los israelitas a las montañas y bajaba con ellos a los valles 21.
Completaba el regocijo que los textos legales prescribían para la fiesta de las Tiendas y el gozo de que hablaba el pasaje de Is 12,3 tan frecuente-mente citado a propósito de su liturgia, otra ceremonia característica de esta celebración: La iluminación del atrio de las mujeres todas esas noches con cuatro grandes pebeteros de aceite, a cuya luz, portando antorchas en las manos, bailaba el pueblo, mientras cantaba las alabanzas del Señor acompañado por la música alegre de los instrumentos que hacían sonar los levitas.
Tal vez con esta ocasión pronunció Jesús las palabras que recoge san Juan en este mismo contexto, como dice en otro momento, pero, sin duda, también en la fiesta de las Tiendas:
Yo soy la luz del mundo;
el que me sigue no caminará en la oscuridad,
sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8,12).
- Significado y alcance de las aguas mesiánicas
El evangelista san Juan, tras referir las palabras que Jesús pronunció en la fiesta de los Tabernáculos sobre su relación personal con los «ríos de agua viva”, comenta:
«Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en El. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado» (Jn 7,39).
¿Es ese realmente el alcance que los textos proféticos asignan al agua de los tiempos mesiánicos? ¿Qué piensa sobre el particular la reflexión judía y rabínica intertestamentaria?
- Agua=Torá, doctrina, sabiduría
Los autores inspirados, por regla general, no alegorizan cuando hablan del agua histórica que en el desierto sació la sed de los israelitas. Lo hacen, en cambio, los rabinos.
Hay en la literatura rabínica una serie de pasajes donde las aguas de la Roca-Fuente (=Pozo de Mirjam) se identifican con las palabras de la Ley:
El Pseudo-Jonatán, en Núm 21,20, asegura que el Pozo de Mirjam se ocultó en las fronteras de Moab «porque habían olvidado las palabras de la Ley».
El Targum de Cant 4,15 («Fuente de los huertos, un manantial de aguas vivas y corrientes que del Líbano fluyen») comenta: «Las aguas de Siloé que corren sosegadamente (Is 8,6) con el resto de las aguas que vie-nen del Líbano para regar la tierra de Israel, (se dice) porque ellos ocupan en las palabras de la Ley comparables a un pozo de aguas vivas, y a causa de la libación de agua derramada sobre el altar en el Templo levantado en Jerusalén, llamado Líbano».
En la misma línea se sitúan determinados pasajes de Mekilta Éxodo. A propósito de Éx 15,22, donde se cuenta que los israelitas caminaron tres días sin encontrar agua, se dice: «No encontraron las palabras de la Torá que es comparada con el agua». Más adelante (Éx 15,25), el madero que «Moisés lanzó al agua, y las aguas se tornaron dulces», se dice equivalente a las palabras de la Torá que es parecida al árbol de la vida 24. Y en Éx 15,27, el acampar junto al agua en Elim, donde había doce fuentes y setenta palmeras, significa que «estaban ocupados en las palabras de la Torá, que les habían sido dadas en Marah»).
Todavía Mekilta Ex 13,17, comentando el hecho de que Dios, al sacar a tu pueblo de Egipto, no lo llevó por el camino del país de los filisteos, que era el más corto, dice que la finalidad de los cuarenta años en el desierto fue «hacerles comer el maná y hacerles beber el agua del Pozo, para que de esa manera asimilaran la Torá en sus cuerpos».
Sifré Dt 11,22 descubre numerosas semejanzas entre el agua y la Ley:
Como el agua es vida, para el mundo, lo mismo las palabras de la Torá son vida para el mundo, según Prov 4,22: Porque para el que las encuentra son vida y salud. Como el agua purifica al impuro de sus impurezas, lo mismo las palabras de la Torá vuelven al hombre de su mal camino y le ponen sobre la buena senda, según el salmo 19,8: El mandamiento de Yahvé es límpido, luz para los ojos. Como el agua se da al mundo gratuitamente, igual las palabras de la Torá se dan al mundo gratuitamente, según Is 55,1: Los que tenéis sed, venid a las aguas, aun-que no tengáis plata… Como el agua es un bien inapreciable, la Torá no tiene precio, según Prov 3,15: Es más preciosa que las perlas; ninguno de los objetos que puedas desear la iguala.
A las mismas semejanzas entre la Doctrina o Sabiduría y el agua aluden frecuentemente los libros sapienciales: Prov 13,14;14,27; Eclo 13,3;24,10.25-34;51,23s… En la base está la metáfora, natural y espontánea, de la sed de saber.
- Agua=Espíritu
La mayoría de los pasajes bíblicos y rabínicos aducidos en el apartado anterior apenas pasan de ser una interpretación alegórica del agua que históricamente brotó de la Peña del desierto, o metáforas más o menos afortunadas para cantar las excelencias de la Ley y de su equivalente la Sabiduría.
En cambio, los pasajes proféticos que trasponen a los tiempos mesiánicos la imagen del agua que brotó de la Roca dan a estas aguas futuras otras significaciones.
Así Ez 36,25-27, en su descripción de la Nueva Alianza futura, habla del valor purificador de las aguas mesiánicas, que relaciona paralelamente con la efusión del Espíritu:
Os rociaré con agua pura
y quedaréis purificados;
de todas vuestras impurezas
y de todas vuestras basuras os purificaré.
Y os daré un corazón nuevo:
infundiré en vosotros un espíritu nuevo;
quitaré de vuestra carne el corazón de piedra
y os daré un corazón de carne.
Infundiré mi Espíritu en vosotros,
y haré que os conduzcáis según mis preceptos
y observéis y practiquéis mis normas.
Estricto paralelismo entre agua y espíritu encierra el anuncio de Is 44,3:
Derramaré agua sobre el sediento suelo,
raudales sobre la tierra seca.
Derramaré mi espíritu sobre tu linaje,
mi bendición sobre cuánto de ti nazca.
Paralelismo que resulta mucho más claro en el Targum a este pasaje, según vimos más arriba en la nota 11.
Lo mismo en Is 32,15;
Al fin será derramado desde arriba
sobre nosotros espíritu.
Se hará la estepa un vergel,
y el vergel será considerado como selva.
Hemos citado el pasaje de Sukka 5,55a donde expresamente se relaciona el agua con el Espíritu:
Rabi Jehoshua ben Levi [hacia el 250] dijo: «: Por qué se le da ese nombre [al lugar del atrio de las mujeres donde se encendían las luminarias]? Porque de allí se saca el Espíritu Santo, según lo escrito: Sacareis aguas con gozo de las fuentes de la salvación… ».
Y añade:
Rabí Jona [hacia el 350] dijo: «(El profeta) Jonás, el hijo de Amittai, fue peregrino en esta fiesta, y acudió para el regocijo al lugar de la extracción, y allí reposó el Espíritu Santo sobre él. Esto nos enseña que el Espíritu Santo sólo sobre un corazón alegre reposa».
Concuerda 70,8 (45a), que, a propósito de Gén 29,2ss, dice que Rabí Hama ben Hanina (hacia el 260) interpretaba el pasaje de seis maneras, La segunda era esta:
He aquí que había un pozo en el campo; con ello se indica Sión. Y be aquí tres batos de ovejas; esto va por las tres fiestas. Pues de aquel pozo solían abrevarse; pues dé allí bebían el Divino Espíritu. Y la piedra era grande; esto va por la alegría en el lugar de la extracción del agua. Rabí Hosahaya dijo: ¿Por qué la llaman lugar de la extracción? Porqué de allí bebían el Divino Espíritu. Se reunían allí todos los rebaños: venían de la entrada de Hamat hasta el torrente de Egipto. Ellos hacían rodar la piedra y abrevaban el rebaño: pues de allí bebían el Santo Espíritu, Y ponían nuevamente la piedra sobre la boca del pozo: quedaba puesta hasta la Fiesta próxima.
Las dos interpretaciones de las aguas mesiánicas, como identificadas con la Ley o con el Espíritu Santo, no se excluyen necesariamente.
En los textos mesiánicos de los profetas la efusión del Espíritu se relaciona frecuentemente con la enseñanza y observancia de la voluntad de Dios manifestada en la Ley.
Así, para Joel 3,1,la efusión del Espíritu coincidirá con el hecho de que
vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán,
vuestros ancianos soñarán sueños
y vuestros jóvenes verán visiones.
En Ezequiel, la infusión del Espíritu provocará un más exacto cumplimiento de la Ley:
«Haré que os conduzcáis según mis preceptos,
y observéis y practiquéis mis normas》 (Ez 36,27).
«Pondré en ellos un espíritu nuevo
[] para que caminen según mis preceptos,
observen mis normas y las pongan en práctica» (Ez 11,19s).
- Agua=Purificación de los pecados
Finalmente, los profetas relacionan la efusión del Espíritu con el perdón de los pecados y destacan el valor purificativo de las aguas mesiánicas futuras.
Recuérdese en Ez 47 la famosa visión de la Fuente del Templo, cuyas aguas producen a lo largo de su recorrido vegetación inmarcesible, al paso que purifican y sanean el agua hedionda del Mar Muerto haciendo posible en ella la vida de los peces.
En la misma línea abunda el texto ya tantas veces aducido de Ez 36,25-27.
Y las aguas mesiánicas, que para el Deutero-Zacarías constituyen una nota característica de aquellos tiempos futuros (Zac 14,8), son funda-mentalmente el perdón de los pecados:
Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para (lavar) el pecado y la impureza (Zac 13,1).
Cuando el evangelista interpreta que el agua de que hablaba Jesús en Jn 7,37-38 era el Espíritu Santo que habían de recibir los creyentes en El, no lo hace de manera exclusiva.
Piensa Raymond E, Brown que el agua viva equivale simultánea-mente a la Sabiduría y al Espíritu. Acabamos de ver que esta opinión está bien fundamentada en el Antiguo Testamento y en la literatura intertestamentaria.
Pero creemos que se debe añadir, por las mismas autoridades, una ter-cera equivalencia: el perdón de los pecados.
En rigor, todo va incluido para Juan en el don del Espíritu. Porque el Espíritu es el que enseña a la Iglesia toda la verdad: «El Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn 14,26). «El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad completa» (Jn 16,13).
Y el Espíritu Santo que Jesús Resucitado insufla a los apóstoles es el que les concede el poder de perdonar los pecados: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,22s).
- Conclusiones
He pretendido seguir-a la luz del Antiguo Testamento y de la literatura rabínica intertestamentaria-los pasos de la reflexión teológica sobre el tema de las aguas salvíficas, desde el recuerdo histórico de la Fuente que Moisés hizo brotar de la roca para evitar que murieran de sed los israelitas en el desierto, hasta su proyección profética a los tiempos mesiánicos como nota característica de la Nueva Alianza.
1.El recuerdo agradecido del beneficio salvador del éxodo terminó muy pronto por concretar en Yahvé aquella acción salvífica, invocándole con el apelativo de Roca como sinónimo de Fuente de Salvación.
2.Al describir luego los profetas la era mesiánica como repetición de los prodigios del éxodo, el Mesías se convirtió en la Fuente de aguas vivas en la que todos beberán la salvación, como expresamente afirma Is 12,3.
3.Juan presenta a Jesús apropiándose expresamente esta condición de Fuente de aguas salvadoras que al Mesías asigna a literatura profética (Jn 4,10-14;7,37-39). Lo hace particularmente en conexión con la fiesta de las Tiendas, en la que las referencias proféticas a las aguas salvíficas adquirían resonancias mesiánicas.
4.La identificación de esas aguas salvíficas con la efusión del Espíritu que seguirá a la glorificación de Jesús, según el comentario de Jn 7,39, está plenamente justificada en la expectación mesiánica de los profetas y en la literatura rabínica intertestamentaria.
5.Las otras identificaciones veterotestamentarias y rabínicas de las aguas mesiánicas con las enseñanzas de la Sabiduría y con la purificación o el perdón de los pecados aparecen también en Juan y vinculadas a la efusión del Espíritu (Jn 14,26; 16,13; 20,22s).
6.Las leyendas rabínicas sobre la Roca-Fuente del desierto justifican la peregrina noticia recogida en 1 Cor 10,4 de que los israelitas «bebían de la Roca espiritual que los seguía», y sugieren, sobre todo, un sorprendente paralelismo entre esta y el costado abierto de Cristo, de donde el Evangelista asegura con extraño énfasis que salió también y (Jn 19,34).
