Vida y obras de Santa Margarita Mª de Alacoque(LIV)

Jesús en la custodia

DESAFÍOS E INSTRUCCIONES

LIII

Desafío para nuestras queridas Hermanas novicias

(Para prepararnos a la fiesta del Sagrado Corazón de Nuestro Señor, en el año 1685)

Cómo uniremos todas nuestras obras cotidianas con las del Divino Corazón.—Qué hacer en los padecimientos, en varias tentaciones, al recibir los Sacramentos, al adorar a Jesucristo Sacramentado.

¡Viva Jesús!

Primeramente, en despertando, entraréis en el Sagrado Corazón y le consagraréis vuestro cuerpo, alma, corazón y todo lo que sois, para no serviros de todo, ello más que para su amor y para su gloria.

Cuando vayáis a la oración, la uniréis a la que hace por nosotros en el Santísimo Sacramento.

Cuando recéis el Oficio, os uniréis a las alabanzas que le da a Dios, su Padre, en este divino Sacramento.

Al oír la santa Misa, os uniréis a las intenciones de este amable Corazón, rogándole os aplique el mérito de ella, según los designios adorables que tiene sobre vos.

Al ir al refectorio, volveréis a entrar en ese Corazón adorable, si por desgracia hubierais salido de Él. En Él tomaréis vuestra refección espiritual, rogándole que incorpore su gracia a vuestra alma y su puro amor a vuestro corazón. Y que cuantos bocados toméis, sean otras tantas comuniones espirituales.

AI ir a la recreación, uniréis todas vuestras palabras al Verbo divino, que es la palabra eterna de su Padre, para no hablar más que para su gloria. Tened cuidado de que la lengua, que le sirve tan a menudo de puente para llevarlo a vuestro corazón, no se manche con ninguna palabra de burla, murmuración y falta de caridad.

Para honrar los anonadamientos de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, recreando a su Sagrado Corazón, aceptaréis de buena gana todas las mortificaciones, humillaciones y contradicciones que encontraréis allí, o en cualquier otra parte, sin quejaros o excusaros, diciendo: Jesus autem tacebat: Pero Jesús callaba (Mt 26, 63).

Uniréis vuestro silencio al que Él guarda en el Santísimo Sacramento, suprimiendo toda palabra inútil, toda conversación en provecho vuestro o que pudiera disgustar al prójimo, anonadando toda reflexión de amor propio y de vanidad.

Jesús es pobre en el Santísimo Sacramento, a fin de enriquecernos, con tal de que nos despojemos del amor de nosotros mismos y del de las criaturas y de toda vana complacencia o propia estima.

Jesús obedece al Sacerdote, bueno o malo, sin demostrar la repugnancia que tiene al verse introducido en corazones manchados de pecados. Del mismo modo obedeceréis vos, sin hacer ninguna demostración, renunciando a vuestro propio juicio, y llevaréis los ojos bajos, levantando los del alma a Jesús en el Santísimo Sacramento.

Y cuando hayáis cometido alguna falta, iréis a buscar en ese Divino Corazón la virtud contraria a vuestro defecto, para ofrecérsela al Eterno Padre, rogándole que os restituya a su gracia. Lo mismo haréis cuando veáis cometer alguna falta a las demás.

Vuestra presencia de Dios, será ocuparos en considerar lo que Jesús hace en el Santísimo Sacramento, para asemejaros a Él, manteniéndoos en su Sagrado Corazón del modo que lo requiera la diferencia de cada uno de vuestros ejercicios. Ofreceréis a Dios sus santas disposiciones para suplir las que os faltan, a fin de poder satisfacer bien y reparar todas las faltas que hayáis cometido al hacerlas.

Cuando sufráis por alguna cosa, alegraos y unidlo a lo que este Sagrado Corazón ha sufrido y sufre aún en el Santísimo Sacramento. Vuestras sequedades y desamparo interior, sean para honrar las que recibe de sus criaturas; el calor, para honrar al ardiente amor en que se consume; el hambre y la sed, para honrar la que tiene de nuestra salvación y de ser amado en este adorable Sacramento.

No conservéis nunca ninguna frialdad contra el prójimo; porque el Sagrado Corazón tendrá otra tanta contra vos. Y cuando traéis a vuestra memoria, con resentimiento, los pequeños disgustos que creéis haber recibido en otro tiempo, hacéis que el Señor recuerde vuestros pecados pasados, que su misericordia le había hecho olvidar.

Cuando os sintáis asaltadas de algún impulso contrario al puro amor, de orgullo, por ejemplo, llevadlo a ese Divino Corazón a fin de que allí se consuma y que os dé en cambio la humildad. Y lo mismo con todas las otras pasiones o defectos.

Cuando os sintáis impotentes para formar ningún buen discurso en la oración, por sequedad o disipación, ofreced al Eterno Padre todo lo que el Sagrado Corazón hace en el Santísimo Sacramento, para suplir por lo que quisierais y debierais hacer. Del mismo modo, para la confesión y comunión ofreced las disposiciones de este Sagrado Corazón para suplir las que os faltan.

Y cuando hagáis la genuflexión ante el Santísimo Sacramento, diréis: Que todo se doblegue ante Vos, ¡oh grandeza infinita! Que todos los corazones os amen; que todo espíritu os adore y que toda voluntad se os someta para siempre.

Al besar el suelo, diréis: Es para rendir homenaje a vuestra grandeza, confesando que Vos sois todo y yo no soy nada. Y lo besaréis seis veces. Por mediación de vuestro ángel custodio enviaréis vuestro corazón para adorar al de Jesucristo en los corazones que le han recibido.

LIV

Método para mantenerse en la presencia de Dios,

que puede servir a las personas atormentadas de distracciones

Meditar cada día de la semana una de las llagas de Nuestro Redentor, practicando alguna virtud con ella relacionada.—Que el Sagrado Corazón de Jesús sea nuestro divino y universal suplemento.—El puro amor «reina en el sufrimiento, y triunfa en la humildad, para gozar en la unidad».—Miremos a Dios dentro de nosotros mismos.

¡Viva Jesús!

El lunes se puede tomar la llaga de la mano derecha de Nuestro Señor Jesucristo, para que sirva de espejo a nuestra alma y a nuestro corazón. Mirémonos en él, de tiempo en tiempo, para descubrir nuestros movimientos desordenados y todo lo que se opone a nuestra, unión con Él.

Y poniéndonos en la actitud de una criminal ante el Juez, le pediremos que sea Él mismo nuestra justificación, diciéndole con frecuencia: ¡Oh Juez lleno de clemencia y misericordia!, por el mérito de ese juicio injusto y esa rigurosa sentencia que fue pronunciada contra Vos, apartad de mí la que mis pecados han merecido. Y otras veces: ¡Ah Señor, salvad por vuestra bondad a la que podéis condenar por vuestra justicia!

Se puede conversar así durante el día con este Juez soberano, para negociar nuestra eterna salvación, manifestándole el dolor que sentimos de haberle ofendido, por medio de frecuentes actos de contrición; y, después, sufrir y hacer todas nuestras acciones en espíritu de penitencia.

El martes hagamos nuestra morada en la sagrada llaga de la mano izquierda de Nuestro Señor, sintiéndonos como el hijo pródigo ante su padre, pidiéndole perdón por haber abusado tanto tiempo de sus gracias por nuestros extravíos, resistiendo a su santísima voluntad. Y con confianza filial arrojémonos en sus brazos, que su amor le hizo extender en la Cruz para redimirnos.

Digámosle a menudo: Dios mío, Vos sois mi Padre, tened compasión de mí, según la grandeza de vuestra misericordia. Yo me abandono en Vos; no me rechacéis, pues sé que el hijo no puede perecer en los brazos de un Padre todopoderoso.

Y otras veces, mirando su bondad y amor, decidle: ¡Oh mi buen Padre, hacedme digna de cumplir, en todo, vuestra santa voluntad, pues soy toda vuestra!

Ejercitad en ese día las virtudes de la mansedumbre y la paciencia.

El miércoles debemos retirarnos allí como la pobre oveja que vuelve de sus extravíos, por temor del lobo infernal, que es nuestro orgulloso amor propio que nos hace caminar tan a menudo por el camino de la iniquidad.

Y pensando en los muchos pasos que dio este soberano Pastor para buscarnos, se lo agradeceremos y uniremos todos nuestros pasos a los suyos, pidiéndole la gracia de caminar por el camino de su amor, diciéndole con frecuencia: ¡Ay mi amable Pastor, desprendedme de todas las cosas terrenas y de mí misma, a fin de que me una a Vos! Haceos oír de mi corazón y traedlo de tal modo a que os ame, que no pueda ya resistiros.

Y otras veces, descubriéndole las heridas que el pecado ha causado en vuestra alma, le diréis: ¡Oh Señor mío!, curadme aplicándome vuestras sagradas llagas; Vos lo podéis si queréis.

No perdáis en este día ninguna ocasión de humillaros.

El jueves debemos retirarnos a la llaga del pie izquierdo, y allí, como un soldado destinado a combatir constantemente, prepararnos a resistir valerosamente los asaltos de nuestros enemigos, en presencia de nuestro Soberano. Él será nuestro escudo y fortaleza, que puede acabar con ellos cuando le plazca. Pero su gloria está en exponernos al combate, a fin de que, dándonos el triunfo, se vea su fortaleza en nuestra debilidad y nos saque victoriosas para tener ocasión de premiarnos.

Y puesto que hace consistir todo su placer en vernos combatir, complazcámonos en manifestarnos fieles, no deteniéndonos nunca voluntariamente en ningún mal pensamiento. ¡Ah Señor, mi corazón os pertenece! No permitáis que se ocupe en otra cosa más que en Vos, que sois el premio de todas mis victorias y el sostén inquebrantable de mi fragilidad. Y otras veces: ¡Dios mío!, sufro violencia; apresuraos a socorrerme.

Práctica para este día: la pureza de intención.

El viernes debemos retirarnos a la llaga de su Sagrado costado, como un pobre viajero que busca el puerto seguro para ponerse al abrigo de los escollos y borrascas del tempestuoso mar de este mundo, en donde estamos expuestos a continuos naufragios, sin el socorro de nuestro diestro Piloto: Debemos dejarnos en absoluto a su cuidado, sin querernos ocupar más que en amarle y complacerle. Debemos buscar ocasiones de darle contento por el ejercicio de la santa caridad, pensando y hablando siempre bien de nuestro prójimo, asistiendo a los pobres según nuestros medios, espiritual y corporalmente, mirando a Jesucristo en su persona y no haciéndoles nada más que lo que quisiéramos se nos hiciera a nosotros mismos. Digamos a menudo a Nuestro Señor: ¡Dios mío, Vos sois mi todo, mi vida y mi amor! Salvadme y no me dejéis perecer en el diluvio de mis iniquidades.

El sábado hay que honrar la sagrada llaga del hombro, mirando a Nuestro Señor como a un verdadero y perfecto amigo, que se ha cargado con nuestros pecados, haciéndose nuestro fiador con su Eterno Padre. Éste, mirándole bajo este aspecto de pecador, le ha inmolado a todos los rigores de su divina justicia, aunque fuera inocente.

Ha querido morir para merecernos por un exceso de su amor una vida inmortal y bienaventurada, sacándonos de una muerte inmortalmente desgraciada. Bendigámosle y démosle gracias por tan ardiente caridad. Por ella deberíamos deshacernos en reconocimiento, ofreciéndole un continuo sacrificio de todo nuestro ser, con homenaje de amor y de adoración a su soberana grandeza, que se agrada en nuestra pequeñez.

Y otras veces, considerándole en esta calidad de amigo, podemos confiarle todos los secretos de nuestro corazón y descubrirle todas nuestras miserias y necesidades, como a Aquél que únicamente puede remediarlas, diciéndole: ¡Oh Amigo de mi corazón, la que amáis está enferma! Visitadme y curadme, pues ya sé que no podéis amarme y al mismo tiempo abandonarme a mis miserias.

Practicad en este día la mortificación de los sentidos, privándoos de algunos gustos para honrar las privaciones del Sagrado Corazón de Jesucristo.

El domingo, rendiréis homenaje a la Santísima Trinidad, por mediación del Sagrado Corazón de Jesucristo, a quien debemos mirar como a nuestro Libertador, que nos librará del cautiverio de Satanás, y como a nuestro Buen Maestro, que nos enseñará a conocerle y amarle con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas y potencias, puesto que en este amor consiste toda nuestra dicha y felicidad.

Adoremos y amemos a Dios por medio de este Corazón adorable; hagamos todas nuestras acciones en Él; roguémosle que todo lo haga Él en nosotros y por nosotros y nos restituya la vida de la gracia, uniéndonos con Dios cuando el pecado nos hubiese separado. Que repare todos nuestros defectos y supla por todo lo que nos falta para serle agradables. Unámonos a menudo a lo que hace en nosotros y por nosotros, diciéndole: Sagrado Corazón de Jesús, confundid a mis enemigos.

Dirijámonos a Él en todas nuestras necesidades, pidámosle que fortalezca nuestra debilidad, que enriquezca nuestra pobreza, que ablande la dureza de nuestros corazones para hacerlos susceptibles de su puro amor, que no acepta los corazones divididos. Por eso, cuando queremos que su amor sea nuestro huésped, tenemos que vaciar y desprender nuestro corazón del afecto de todas las criaturas y de nosotros mismos. Todo lo que nos atrae hacia sí nos lo arrebata y nos quita a Dios y su puro amor, que reina en el sufrimiento y triunfa en la humildad, para gozar en la unidad.

[La cruz es mi gloria, el amor a ella me conduce, el amor me posee, el amor me basta. Nada hay manchado en la inocencia; nada se pierde en la penitencia, nada pasa en esta hermosa mansión; todo en ella se consuma en el amor. Pureza en vuestras intenciones, humildad en todas vuestras operaciones, unidad sin mezcla de propio interés en vuestras pretensiones. Por la pureza vendréis a ser objeto de sus amorosas complacencias; por la humildad le haréis reinar en vuestros corazones y conservaréis su amistad; y por la caridad reinaréis vos en ese adorable Corazón.]

He aquí con qué se pueden ocupar las almas que tienen dificultad para estar en la presencia de Dios, a quien debemos mirar siempre en nosotras mismas, en cualquier condición que le consideremos, para acostumbrarnos más fácilmente a su divina presencia. Porque mirándole en nosotras, es preciso que todas nuestras potencias y facultades, e incluso nuestros sentidos, se recojan dentro de nosotras mismas. Mirándole fuera de nosotras, los objetos exteriores nos distraen con facilidad.

LV

Moradas en el Sagrado Corazón para todos los días de la semana

El Divino Corazón, horno de amor, prisión de amor, escuela del puro amor, navío seguro, festín de amor, Padre amorosísimo, divino Sacrificador.

¡Viva Jesús!

El domingo entraréis en este Sagrado Corazón como en un horno de amor, para purificaros de todas las manchas y faltas que hayáis contraído durante la semana,

para allí consumir esta vida de pecado, a fin de revivir a la de la gracia y del puro amor, que os transformará toda en Él. Ese día será para rendir homenaje a la Santísima Trinidad, haciendo todas vuestras acciones en espíritu de adoración.

El lunes permaneceréis en ese Sagrado Corazón como una criminal que por el pesar y dolor de sus faltas, con las cuales ha irritado a su Juez, desea aplacarle. Encerraos en esta prisión de amor para abrasaros en ella sin refrigerio alguno, y para estar encadenada y atada tan estrechamente que no os quede ya libertad más que para amarle, ni más luces ni miras que las de su puro amor, que le retiene cautivo en el Santísimo Sacramento. Y por el mérito de este cautiverio le pediréis la libertad para sus pobres prisioneras del Purgatorio, haciendo para esto todas vuestras acciones en espíritu de penitencia.

El martes entraréis en ese Sagrado Corazón, como una discípula en la escuela del puro amor, dejando y olvidando todas las ciencias mundanas y de amor propio y vanidad, para no ser ya instruida más que en la de su puro amor, corriendo generosamente a su voz que dice:

Venid a Mí todos los que pretendéis amarme y Yo os colocaré en el manantial mismo del puro amor, en donde llegaréis a ser dulces y humildes de corazón. Esto es lo que os hará encontrar la paz y el descanso en este mismo amor, con el cual haréis todas vuestras acciones en espíritu de sumisión.

El miércoles entraréis en este amable Corazón como un viajero en un navío seguro, cuyo piloto es el puro amor, que os conducirá con toda felicidad por el mar borrascoso de este mundo. Así os preservaréis de sus escollos y tempestades, que son las sugestiones de nuestros enemigos, nuestras pasiones, nuestro amor propio y vanidad, y el apego que tenemos a nuestro propio juicio y voluntad.

Este divino Gruía nos defenderá de todos esos peligros, anonadando a nuestros enemigos para hacernos bogar en calma y llegar felizmente, sin turbaciones ni inquietudes, al puerto de salvación. Haced en este día todas vuestras acciones en espíritu de abandono a la divina Providencia de este Sagrado Corazón de Jesús.

El jueves entraréis en Él como una amiga, invitada al festín de amor de vuestro único y perfecto Amigo, que os quiere regalar y embriagar con el vino delicioso de su puro amor. Éste es el único poderoso para endulzar todas vuestras amarguras, dándoos hastío de todas las falsas delicias de la tierra, para no encontrar más placer que en el Corazón de este querido Amigo, que os dice amorosamente:

Todo lo mío es tuyo: mis llagas, mi sangre y mis dolores son tuyos; mi amor hace que nuestros bienes sean comunes. Déjame, pues, poseer todo tu corazón y yo recalentaré tus frialdades y animaré tus languideces, que te hacen ser tan floja en

mi servicio y tan tibia para amarme. Pedidle perdón, y en satisfacción haréis en este día todas vuestras acciones en espíritu de amor.

El viernes entraréis en este Sagrado Corazón como un hijo del amor, puesto que os ha dado a luz en la Cruz con tantos dolores que está todo cubierto de llagas y de sangre para curar las que habéis causado a vuestra alma con vuestras desobediencias, vanidades e ingratitudes hacia un Padre tan bueno. Tanto, que lo que más desea es poneros en posesión de su reino y haceros descansar en su seno, como un niño amoroso que se abandona a los cuidados de su adorable Providencia. Ésta le toma a su cuidado y no permitirá que carezca de nada, ni le dejará perecer, puesto que es todopoderoso.

Abandonaos, pues, toda sin reserva a su amoroso cuidado y dadle todo vuestro corazón. Esto es lo que pide de vos, para conformar vuestra vida a la suya crucificada. Tomadle por modelo de todas vuestras acciones. Unid todos vuestros pasos a los suyos, a fin de que no caminéis más que por la senda de su santo amor. Haréis todas vuestras acciones en espíritu de obediencia.

El sábado entraréis en este Sagrado Corazón como una víctima que se presenta a su sacrificador para ser degollada e inmolada sobre el altar de su puro amor, que debe consumirla como un holocausto en sus divinas llamas, a fin de que no le quede nada de sí misma y que pueda decir con San Pablo: No, ya no soy yo la que vivo, sino Jesucristo y su puro amor es quien vive en mí. En Él y por Él obro y padezco, y su Sagrado Corazón es quien vive y obra en mí, quien ama por mí y repara todas mis faltas.

Haced en este día todas vuestras acciones con espíritu de humildad.

Como merecerlas

LVI

Las predilecciones del Corazón de Jesús

¡Viva Jesús!

La que sea más humilde y despreciada, será la que entre más adentro de su Corazón adorable.

La más despreciada y despojada de todo será la que más le posea. La más mortificada será la más acariciada.

La más obediente le hará triunfar. La más caritativa será la más amada.

La más silenciosa será de Él la mejor enseñada.